El desayuno en el mundo romano constituía un breve receso previo a las obligaciones públicas o laborales, lejos de ser una comida abundante. Esta primera ingesta matutina incluía pan, queso, aceitunas y otros alimentos ideales para aportar energía rápida en una sociedad ligada al foro y la agricultura. En ese escenario, una fruta mediterránea específica destacó por su regularidad y aporte nutricional, hasta transformarse en un emblema cotidiano de la alimentación antigua, según National Geographic.
Los análisis sobre la subsistencia en la Antigüedad demuestran que ciertos productos vegetales poseían un profundo valor cultural y económico dentro del Imperio. Diversos registros literarios, hallazgos arqueológicos y especialistas confirman que dicho alimento era un recurso habitual en la mesa matinal. Su consumo unificó a las distintas clases sociales y la producción se expandió por toda la región, hasta consolidarse como un pilar de la dieta clásica.
¿Qué fruta consumían los romanos en el desayuno que hoy produce el Perú?
El higo constituía un elemento esencial en el ientaculum —el desayuno de la Antigua Roma— gracias a su facilidad para conservarse deshidratado. La revista National Geographic explica que los ciudadanos de la época lo consumían junto a pan y queso para obtener energía de forma sencilla. Su cultivo temprano en el Mediterráneo oriental facilitó que se convirtiera en un pilar de la dieta diaria en el imperio.
Más allá de su valor nutricional, esta fruta poseía una fuerte carga simbólica vinculada a la abundancia, la fertilidad y los mitos fundacionales de Rómulo y Remo. Diversos textos agrícolas y gastronómicos de autores clásicos documentan su relevancia social y cultural. Se trata de una de las primeras especies botánicas que el ser humano logró domesticar en la historia.
En nuestros días, los huertos de higueras prosperan fuera de su entorno originario y encuentran un hogar ideal en los valles y zonas costeras peruanas. El agro nacional aprovecha el clima seco y templado para cosechar el fruto tanto para el mercado fresco como para la industria de derivados. Esa exitosa adaptación en el territorio sudamericano evidencia la continuidad de un insumo que alimentó a grandes civilizaciones agrícolas.
¿Cómo influyó el higo en el origen de palabras que aún usamos hoy?
El impacto de este fruto en la evolución del latín hacia las lenguas romances transformó el lenguaje actual. En la Antigua Roma, la palabra ficatum designaba las vísceras de animales alimentados con dicha fruta, una costumbre culinaria registrada en textos clásicos. Con el tiempo, ese vocablo reemplazó al término original iecur y derivó en el italiano fegato y en el vocablo español hígado, según estudios de lingüística histórica.
Más allá de su herencia lingüística, el alimento poseía un rol fundamental en la medicina tradicional antigua y medieval. Los médicos de la época le adjudicaban virtudes digestivas y energéticas, motivo por el cual formaba parte de dietas diarias y remedios terapéuticos. En la gastronomía romana, autores como Apicio lo incluyeron en recetas que mezclaban sabores dulces con salados, un reflejo de su versatilidad en las cocinas de aquel período.
Asimismo, su riqueza simbólica traspasó las fronteras de Roma y alcanzó a diversas civilizaciones del Mediterráneo y Oriente Próximo. En Egipto representó un emblema de prosperidad, mientras que distintos credos religiosos lo adoptaron como un producto repleto de misticismo espiritual. National Geographic destaca que esta carga mística, junto a la enorme resistencia de su cultivo, facilitó que la higuera preservara su vigencia en la nutrición y el imaginario cultural contemporáneo.
Fuente: larepublica.pe