El problema del Perú no es solamente quién tiene el poder. El problema es cómo se ejerce, desde dónde se ejerce y para quién se ejerce.
Nuestro país vive este miércoles una profunda fractura social, territorial y emocional. Algunos la presentan como una disputa entre quienes históricamente han detentado el poder y quienes buscan acceder a él. Pero esa tensión no es nueva: forma parte de una larga historia de centralismo, exclusión y desigualdad que aún no hemos sido capaces de resolver.
Existe un Perú que se mira desde Lima, donde se concentran las principales decisiones políticas, económicas y mediáticas. Y existe otro Perú que reclama ser reconocido desde sus territorios, regiones, lenguas, economías, memorias y formas de vida. Un Perú diverso que durante décadas ha sido convocado solo para votar, pero no siempre para decidir.
El poder concentrado en pocos ha debilitado la democracia. Cuando las decisiones se toman lejos de la vida cotidiana, la ciudadanía siente que la política le es ajena, que no la escucha. Y cuando no se escucha, la tentación autoritaria cobra vida y empieza a inundar todos los espacios.
Superar esta fractura política requerirá, entre otras decisiones, ejercer sin miedo un poder ciudadano. Y para ejercerlo debemos reconocer un poder existente que nos desafía a tejerlo, en lugar de 'tomarlo'. Tejer poder de forma descentralista, descentralizada y descentralizadora debe superar la mirada dicotómica de 'las regiones' y 'Lima', de la 'normalidad' y la diversidad.
Atrevernos a construir juntos proyectos comunes demanda valorar liderazgos territoriales diversos, reconocer que las decisiones en los espacios locales y comunales parten de distintas miradas sobre el país, y que una niña de Huancavelica, un joven de Loreto, una agricultora de Cajamarca, una maestra de Puno o un pescador artesanal de Pisco tengan igual derecho a reconocer los problemas, proponer soluciones y decidir sobre el Perú que queremos.
El Perú no superará esta fractura si el poder sigue capturado por pocos. Nos toca tejer poder democrático valorando, en igualdad de condiciones, a todos los peruanos y peruanas, más allá del territorio donde nos tocó nacer.
Este es el tiempo de la ciudadanía, una ciudadanía política que debe defender el desarrollo para todos desde una mirada plural, donde nos tocará no solo resistir, sino construir sin miedo y con convicción. Es el tiempo de tejer poder en comunidad.
Hoy teje: Patricia Correa Arangoitia, educadora y exministra de Educación.
Fuente: larepublica.pe