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Los ataques de Ucrania ya no solo se concentran en las líneas del frente de guerra ni en objetivos energéticos en territorio ruso. Cada vez con mayor frecuencia, los bombardeos apuntan detrás de las posiciones de combate: puentes, vías férreas, centros logísticos y depósitos de combustible que conectan a Crimea con Rusia están siendo atacados. Estas operaciones forman parte de una estrategia más amplia con la que Kiev intenta debilitar el control ruso sobre la península sin necesidad de lanzar una ofensiva directa. ¿Ucrania tiene realmente la capacidad de aislar Crimea y alterar el equilibrio de la guerra?
Rusia se anexionó Crimea en marzo del 2014, tras una operación militar que siguió a la crisis política en Ucrania y la caída del gobierno del entonces presidente Víktor Yanukóvich.
Desde entonces, Crimea se convirtió en uno de los principales bastiones militares y símbolos estratégicos del gobierno del presidente Vladimir Putin en el Mar Negro.
El presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, ha dicho de manera reiterada que su país nunca va a renunciar a recuperar Crimea.

Ahora, en el contexto de la guerra iniciada por Rusia en el 2022, en las últimas semanas el ejército de Ucrania intenta aislar Crimea, al bombardear de manera constante todas las carreteras que conducen a la península.
Además, los drones ucranianos han destruido desde mayo cientos de camiones cisterna y de mercancías, lo que ha convertido dichas carreteras en prácticamente intransitables, según un reporte de la agencia EFE.

Estos bombardeos se han intensificado en los últimos días. De acuerdo con el Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW), Ucrania ha potenciado su campaña de ataques de alcance intermedio contra infraestructura militar y logística rusa en Crimea, como un esfuerzo para dificultar el abastecimiento y las operaciones de Moscú en la península.
Según el comandante de las Fuerzas de Sistemas No Tripulados de Ucrania, Robert ‘Magyar’ Brovdi, en la noche del 22 al 23 de junio las fuerzas ucranianas atacaron más de 60 objetivos en Crimea. Entre ellos figuran tres drones de reconocimiento Orion y una estación de radar Nebo-U en Kerch; tanques de almacenamiento de combustible de la central termoeléctrica de esa ciudad; un sistema de defensa aérea Pantsir-S1 cerca de Baherove; un lanzador antiaéreo S-300 y un cañón ZU-23 en las inmediaciones de Kurortne; una subestación eléctrica cerca de Karierne; y una estación de distribución de gas próxima a Simferópol.
Imágenes geolocalizadas y reportes de medios locales citados por el ISW confirmaron daños en varios de estos objetivos. Las autoridades ucranianas aseguraron además que el ataque contra la central termoeléctrica de Kerch provocó incendios en depósitos de productos petrolíferos y dejó sin suministro eléctrico a distintas zonas de la península.

La campaña también apunta a las rutas de abastecimiento utilizadas por las fuerzas rusas. El 23 de junio, las Fuerzas de Operaciones Especiales de Ucrania informaron la destrucción de un puente ferroviario sobre el Canal de Crimea del Norte, cerca de Rozdolne, una infraestructura que, según Kiev, era empleada para transportar carga militar hacia Crimea y el sur de Ucrania. Las fuerzas ucranianas habrían atacado inicialmente el puente entre el 21 y el 22 de junio y, tras detectar trabajos de reparación rusos, volvieron a golpear tanto la estructura como el equipo desplegado en la zona.
El ISW citó al observador militar ucraniano Kostyantyn Mashovets, quien afirmó que Crimea enfrenta crecientes problemas de suministro eléctrico y de agua debido a los cortes de energía que afectan instalaciones críticas. Por su parte, el portavoz de la Armada ucraniana, Dmytro Pletenchuk, sostuvo que familiares de miembros de la Flota Rusa del Mar Negro intentan abandonar la península y que se han registrado congestiones vehiculares en ambos sentidos del puente de Kerch.

Los ataques continuaron durante la noche del 23 al 24 de junio. Según el Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU), las fuerzas ucranianas golpearon los aeródromos militares de Saky y Hvardiiske, dañando al menos cuatro hangares. Además, atacaron componentes de sistemas antiaéreos S-400 y dos sistemas Pantsir-S1 cerca de Kerch. También fue alcanzada la principal subestación eléctrica de Sebastopol.
Para el ISW, esta sucesión de ataques refleja una estrategia sostenida destinada a degradar la capacidad logística rusa, afectar la infraestructura crítica de la península y aumentar los costos de mantener la ocupación de Crimea.

El especialista en defensa e inteligencia Andrés Gómez de la Torre dijo a El Comercio que la importancia de Crimea va mucho más allá del plano militar. Se trata de un territorio con un profundo valor estratégico y simbólico para Moscú, cuya relevancia antecede incluso a la invasión a gran escala iniciada en 2022, anotó.
“Crimea es un punto clave bisagra ruso-ucraniano en el conjunto del Mar Negro y es una región políticamente emblemática para los objetivos estratégicos de Rusia”, explicó. Recordó que la anexión de la península se produjo en el 2014, ocho años antes del inicio de la llamada “operación militar especial” lanzada por Putin sobre Ucrania.
Según Gómez de la Torre, la actual campaña ucraniana refleja una adaptación de su estrategia militar ante las dificultades encontradas en otros frentes. “Lo que está haciendo Ucrania es cambiar tácticas y combinar tácticas”, señaló.
Dijo que si bien Kiev continúa recurriendo a formas de guerra convencional, en los últimos meses ha apostado con mayor intensidad por operaciones asimétricas, especialmente mediante el uso masivo de drones para golpear objetivos situados lejos de la línea de combate.
Gómez de la Torre sostuvo que los ataques no solo buscan afectar capacidades militares rusas, sino también generar presión sobre la infraestructura crítica de la península.
“Se están atacando muchas cadenas logísticas y de aprovisionamiento”, indicó. Entre los principales blancos mencionó instalaciones petroleras, centrales energéticas y sistemas de suministro eléctrico, cuya afectación puede provocar interrupciones de servicios y aumentar la presión sobre las autoridades de ocupación.

Para Gómez de la Torre, esta estrategia también persigue efectos psicológicos. “Crimea es un punto y un tema muy simbólico desde la perspectiva rusa del conflicto. Hay un impacto psicológico en la estrategia ucraniana de poner presión sobre Crimea y no sobre el Donbás, donde no le ha ido especialmente bien”, afirmó.
Explicó además que Ucrania busca debilitar las defensas aéreas rusas para facilitar futuras operaciones con drones. “La defensa antiaérea de corto alcance es fundamental para neutralizar estos ataques, por eso Ucrania está intentando golpearla”, señaló.
Respecto al objetivo de aislar la península del resto de Rusia, el analista consideró que Kiev ha logrado resultados parciales.“Efectivamente, Ucrania está intentando aislar a Crimea desde hace varias semanas y han tenido un impacto relativamente importante, que ha sido reconocido por Rusia”, afirmó.
Sin embargo, advirtió que aún es prematuro concluir que la estrategia haya alcanzado plenamente su objetivo. “Dependerá de que Ucrania pueda sostener esta capacidad en el tiempo. Los efectos son importantes, pero no necesariamente determinantes en esta coyuntura”, concluyó.
Fuente: elcomercio.pe