Es un error pensar que la renuncia de Luz Pacheco está relacionada únicamente con asuntos administrativos: desde mediados del año pasado, la presidenta del TC ha tenido que afrontar cada vez más y más graves irregularidades dentro y fuera del Tribunal Constitucional (TC).
El lunes 25 de mayo, la magistrada Luz Pacheco renunció a la presidencia del TC antes de cumplir los dos años que correspondían a su mandato. La razón inmediata de su renuncia fue la falta de apoyo de sus colegas en el despido de un alto funcionario administrativo: Rodolfo Albán Guevara, el director general de Administración del TC, en quien Pacheco había perdido la confianza. Sus colegas no apoyaron su solicitud; y la presidenta, cansada de remar en contracorriente, renunció.
Esta, sin embargo, fue solo la gota que derramó el vaso: desde el 2025, la presidenta ya venía presenciando serias irregularidades tanto políticas como administrativas a la cabeza del TC. Propongo que fue la acumulación de estas irregularidades las que llevaron a la presidenta a renunciar. Exploremos tres en particular.
En setiembre del 2025, se publicaron audios en los que el ahora exministro de Dina Boluarte, Juan José Santiváñez, confesaba tener “dos magistrados del TC que nos están apoyando”, y haber solicitado un pago de US$20.000 para obtener un fallo favorable para el ‘Diablo’, un expolicía encarcelado por crimen organizado. Luz Pacheco tuvo que dar la cara por el alto colegiado ante la prensa, y negó que aquel presunto tráfico de influencias haya sucedido. Desde ahí las cosas solo empeoraron.
En marzo de este año, Pacheco le retiró la confianza a la jefa de recursos humanos del TC, Susana Távara Espinoza, por supuestamente “mochar los sueldos” de sus subordinados. Aparte de separarla del cargo, la presidenta del TC denunció penalmente a la funcionaria.
El episodio más grave ocurrió el 17 de marzo del presente año. Pacheco misma denunció ante la prensa que el hábeas corpus de Vladimir Cerrón, entonces candidato a la presidencia de Perú Libre, había avanzado con inusual celeridad y había llegado al pleno del TC sin el visto bueno de un coordinador, trámite que era obligatorio. En abril, sin embargo, magistrados del TC respondieron con un comunicado en el que negaban que hubiera acontecido irregularidad alguna. La investigación impulsada por Pacheco quedó archivada.
Es curiosa, entonces, la renuncia de Luz Pacheco. Tanto ella como los colegas de quienes ahora se distancia fueron escogidos por el Congreso en el 2022 mediante un proceso cuestionado por su falta de transparencia. Desde entonces, la ahora expresidenta venía emitiendo fallos funcionales al Parlamento: votó a favor de la excarcelación de Alberto Fujimori en el 2023; a favor de cerrar las investigaciones en contra de Keiko Fujimori y de Dina Boluarte; y también votó a favor en la liberación de Daniel Urresti. Pero parece que algo ha cambiado en Pacheco.
Desde las insinuaciones de Santiváñez de tener a dos amigos suyos dentro del TC, pasando por el aparente beneficio irregular a Vladimir Cerrón por sus colegas, y ahora llegando a presuntos administrativos ‘mochasueldos’ en la corte de justicia más importante del país, parece que los magistrados del TC han cruzado una línea que Luz Pacheco ya no está dispuesta a tolerar. Pacheco ha decidido que ya no desea ser la capitana de un barco que se hunde o que, por lo menos, empieza a navegar hacia aguas oscuras hacia las que ella ya no está dispuesta a remar.
Fuente: elcomercio.pe