La P’tite France y Balkanica: la ambiciosa alianza que une diseño y gastronomía en una casona de San Isidro

Tras un periodo de reestructuración y un cierre temporal de seis meses en su local de San Isidro, La P’tite France reabre sus puertas. Pero no lo hace sola: regresa con un concepto de lifestyle que une la técnica francesa y el insumo peruano con el diseño de vanguardia de Balkanica, la marca que se hizo presente en la película “El diablo viste a la moda 2″.

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Detrás de esta evolución está Simon Vacher, quien explica que la decisión responde a una necesidad de replantear el negocio tras años de prueba y error. “Después de tres años desarrollando el concepto y tras mi paso por el mundo corporativo, entendí que necesitábamos un cambio más profundo”, señala. Vacher reconoce que su relación con la gastronomía no es estrictamente profesional, pero sí personal y familiar, marcada por un entorno donde la cocina siempre estuvo presente.

El empresario recuerda que el proyecto inicial atravesó dificultades propias del modelo de franquicia y de la falta de experiencia operativa en el sector. “No era eficiente para nosotros ni para los anfitriones”, admite. Esa experiencia lo llevó a replantear el rumbo y apostar por una propuesta más flexible, que hoy se materializa en el nuevo espacio de San Isidro.

La apuesta actual combina café, gastronomía francesa con guiños peruanos, diseño interior y una programación cultural rotativa. La casa, sin puertas convencionales entre niveles, permite que el visitante recorra distintos ambientes: desde la tienda de Balkanica hasta espacios de exhibición artística y consumo gastronómico. La idea, según Simon, es clara: “que cada visita sea distinta, que el lugar esté siempre vivo”.

Simon, creador de La P'tite France, busca convertir a la marca en un espacio vivo, donde siempre se pueda encontrar algo nuevo.

Uno de los pilares del relanzamiento es la colaboración con Balkanica, marca que aporta elementos textiles y de diseño al espacio. Cojines, pañuelos y piezas intervenidas forman parte de una estética común que conecta ambas propuestas. “Queríamos conectar marcas y crear un lenguaje compartido entre la gastronomía y el diseño”, explica Vacher.

Balkanica es la dueña de los detalles: los cojines y los pañuelos tiene ese toque de glamour necesario para este concepto.

La propuesta también se extiende a la carta, que apuesta por una cocina franco-peruana en constante renovación. Platos clásicos reinterpretados, productos de temporada y una oferta que cambiará periódicamente buscan evitar la rigidez de un menú fijo. Además, el proyecto contempla eventos gastronómicos de alta cocina en formato reducido, con aforo limitado y experiencias por reserva.

Una nueva propuesta: el brunch

En la cocina, Matilde Vacher, encargada de la propuesta gastronómica, detalla algunos de los platos que forman parte de esta nueva etapa. Entre ellos, destaca una línea de desayunos y brunch con el tostón benedictino, sándwiches reinterpretados como el pollo de la casa o la butifarra y preparaciones frescas como la ensalada Cesar. La lógica es mantener la base tradicional pero elevarla con técnicas y presentaciones francesas.

El tostón pollo palteado es su nueva propuesta para San Isidro.

Desde Balkanica, la alianza también se entiende como una “extensión natural de su universo creativo”. Milagros Egúsquiza, directora comercial de la marca, cuenta que la integración entre ambos proyectos responde a una tendencia global donde la cafetería, el retail y el arte conviven en un mismo espacio. “La idea es que puedas tomar un café, subir a ver la tienda, probar ropa y vivir una experiencia completa”, afirma.

Egúsquiza añade que la exposición internacional reciente de Balkanica ha reforzado la visibilidad de la marca, lo que contribuye a potenciar la alianza. En ese sentido, el espacio compartido en San Isidro no solo funciona como punto de venta, sino como vitrina cultural y de experimentación.

En el segundo piso está Balkanica, la marca peruana que ha ganado visibilidad las últimas semanas.

El proyecto aún está en construcción, pero sus impulsores coinciden en que la clave será la evolución constante. Cambios de carta por temporada, intervenciones artísticas periódicas y eventos mensuales buscan evitar la estática y consolidar una experiencia en transformación permanente.

En una ciudad donde la oferta gastronómica compite por diferenciarse, el relanzamiento de La P’tite France junto a Balkanica apuesta por un modelo poco convencional en Lima, un espacio abierto y en diálogo, la intención es “que cada vez que alguien vuelva, encuentre algo nuevo”, asegura Simon.

La butifarra de La P'tite France responde a la premisa de reinterpretar platos peruanos con ténica francesa.

Fuente: elcomercio.pe

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