Vargas Llosa y García Márquez en 1967

Todas las ferias del libro son importantes. En el marco estrictamente literario (partiendo de la obviedad de que en una feria no solo se presentan libros de temática literaria), no pocas novedades editoriales, y de todo tipo, quedan rápidamente en el olvido. Pero también es cierto que en este tipo de eventos es posible hallar libros a los que podemos catalogar de long sellers (así se califica a las publicaciones que mantienen ventas continuas sin necesidad de que sean arrolladores éxitos comerciales, como son los best sellers). Uno de estos libros es el que reúne el hoy mítico encuentro que sostuvieron Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez en la Universidad Nacional de Ingeniería entre el 5 y 7 de septiembre de 1967.

Este encuentro se dio por gestión del crítico literario José Miguel Oviedo (1934-2019). A Oviedo hay que mencionarlo todas las veces que sea posible, porque lo que dejó esa conversación entre este par de gigantes de la narrativa mundial del siglo XX aún tiene mucho que decir a las nuevas generaciones de lectores. Nos permite apreciar, principalmente, el grado de compromiso que ambos autores tenían con el oficio literario.

Por estas fechas me suelen preguntar qué libros comprar en la FIL. No me hago problemas y voy a lo seguro: hay dos ediciones todavía disponibles de este diálogo histórico. Veamos: La novela en América Latina. Diálogo entre M. Vargas Llosa y G. García Márquez de Petroperú y Dos soledades. Un diálogo sobre la novela en América Latina de Alfaguara. Este último cuenta con la curaduría de Luis Rodríguez Pastor más los textos de Juan Gabriel Vásquez, J. M. Oviedo, Abelardo Oquendo, Abelardo Sánchez León, Ricardo González Vigil y el propio Rodríguez Pastor. Ambas ediciones son válidas.

 

José Miguel Oviedo, García Márquez y Vargas Llosa. Foto: Difusión.

José Miguel Oviedo, García Márquez y Vargas Llosa. Foto: Difusión.

Reforzando impresiones

Nos transportamos, no en el tiempo, a los circuitos cerebrales y creativos de dos escritores latinoamericanos del siglo XX que han sobrevivido a las lecturas más críticas a las que pueda someterse una poética. Se supone que la estrella es el escritor visitante; no menos conocido y reconocido es quien pregunta. En apariencia son distintos, pero por más diferencias que podamos percibir en ellos, queda claro que ambos, a su manera, son escritores deudores del realismo, que se alimentan y retroalimentan a través de la memoria, el primero desde la fuerza sensorial y el segundo desde el férreo análisis.

En más de un tramo, el colombiano se resiste a explicar cómo escribe; no brinda muchas luces sobre su método de trabajo. Cree, pues, que esa función les compete a los críticos y estudiosos de su obra, lo cual lo lleva a explayarse en aquellos estímulos externos tan denostados, principalmente, por los celadores literarios, estímulos, por cierto, que son toda una delicia para el lector ducho y común. En contraste, Vargas Llosa esgrime ideas aún más redondas que las de su amigo y colega cada vez que este le brinda el pase. 

Cuatro años después, en 1971, Vargas Llosa publicó García Márquez: Historia de un deicidio. Un librazo. Nadie imaginaba, por aquel entonces, que las cosas entre ellos terminarían resquebrajándose a causa de un certero puñetazo en 1976. Hace medio siglo.

Fuente: larepublica.pe

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