Tel Aviv ha roto con la ONU al declarar persona non grata a su secretario general, Antonio Guterres, y prohibirle el ingreso al país. El motivo es haber incluido a Israel en la lista negra de usuarios de la violencia sexual con propósitos militares. Es una infame relación en la que Moscú acompaña a Tel Aviv.
Hay mucho de irónico y triste en esta decisión de Benjamin Netanyahu, acusado él mismo de crímenes de guerra por la Corte Penal Internacional. Israel se venía distanciando de la ONU desde que esta empezó a limitar la presencia de los organismos de asistencia a las víctimas en Gaza.
Pero ahora se ha alargado la distancia entre Israel y la organización mundial que hizo nacer a este país en Nueva York, en 1948, con el voto a favor del Perú. Puede decirse, entonces, que estamos ante otro país, distinto de aquel creado para acoger a los perseguidos del nazismo. Esto ha ocurrido en muy poco tiempo y no sabemos si es reversible.
El infame ataque del grupo terrorista Hamás contra Israel causó comprensible ira entre los israelíes; pero, al mismo tiempo, le dio a Netanyahu la oportunidad de empezar a desmontar la naturaleza de Israel como país democrático y razonablemente respetuoso de la justicia internacional.
El país que fue ejemplo de tantas cosas positivas para el mundo está quedando atrás. Lo muestra el trato despiadado a la población civil de Gaza, que algunos llegan a llamar genocidio y que ha producido incluso la protesta de parte de la ciudadanía de Israel y de muchos judíos en el mundo.
La ONU está al filo de elegir a un nuevo secretario general. Es una oportunidad para que Tel Aviv empiece el camino de retorno a su condición de país digno entre las naciones. Una negociación que podría incluso empezar desde ahora, si la nefasta alianza Netanyahu-Donald Trump lo permite.
La lista de reclamos de Guterres a partir de Gaza es contundente. Incluye el desprecio por las vidas de civiles, el bloqueo de la ayuda humanitaria, la resistencia a la solución de dos Estados y, por último, el mencionado uso de la violencia sexual en la guerra. Guterres no es antisemita ni intemperante, y sus puntos de vista son compartidos por numerosas naciones.
No es exagerado afirmar, pensamos, que Netanyahu está conduciendo a Israel hacia un abismo internacional.
Fuente: larepublica.pe