Un aniversario al estilo Trump, por Gisella López

Estados Unidos debía llegar a la celebración de sus 250 años sacando a relucir su condición de primera potencia mundial, haciendo gala de su poder económico, político y militar y como estandarte del llamado ‘soft-power’. Sin embargo, el aniversario de su independencia lo encuentra aún empantanado en una guerra, alejado de sus históricos aliados, menos influyente y con una sociedad completamente dividida en torno a una persona: Donald Trump.

Las celebraciones de estos 250 años han mostrado el conocido personalismo del mandatario, con su rostro proliferando en inmensas pancartas en Washington D.C., en las entradas de los parques nacionales, y en una serie de actividades que tienen el reconocido sello MAGA, su base electoral que aún le es fiel. En los meses previos incluso hubo propuestas de congresistas republicanos para que el rostro de Trump apareciera en billetes y monedas conmemorativas, algo que finalmente no se aprobó, pues iba contra la ley.

Sin embargo, esto no ha sido impedimento para que el presidente deje acuñada su marca en una conmemoración patriótica que debía estar por encima de la política partidista. Hoy, por ejemplo, estará en el National Mall de Washington D.C. para dar “el mitin más espectacular”, como él mismo lo ha definido, donde seguramente casi no hablará de los hitos de la historia estadounidense en los dos últimos siglos o de los padres fundadores, sino que el discurso girará en torno a él.

Las críticas sobre cómo se ha manejado la celebración de esta fecha histórica también han sido muy agudas. Hace diez años, el Congreso creó una organización bipartidista llamada América 250, que debía planear y ejecutar las celebraciones en todo el país. Pero al regresar Trump a la Casa Blanca, el mandatario formó una entidad paralela con fondos públicos y privados llamada Freedom 250, ajustada más a sus gustos y deseos y cuyos eventos han sido priorizados. Uno fue nada menos que la celebración de su cumpleaños en los jardines de la Casa Blanca, donde se organizaron peleas de artes marciales mixtas.

Pero más allá de los fuegos artificiales y los discursos, es significativo cómo esta fecha encuentra a los propios estadounidenses. Según una reciente encuesta de Gallup, el patriotismo ha caído a su punto más bajo en 25 años. Por ejemplo, solo el 33% de los adultos se siente “extremadamente orgulloso” de ser estadounidense, una cifra que llegó al 70% tras los atentados del 11 de setiembre del 2001. Entre los jóvenes, la estadística es aún más preocupante: solo el 14% entre 18 y 34 años se siente muy patriota, una caída de 10 puntos respecto al año pasado. Una crisis de confianza que contradice el objetivo de “hacer Estados Unidos grande de nuevo”.

Fuente: elcomercio.pe

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