Durante mucho tiempo se creyó que el balcón abierto más largo del Perú era el que forma parte de la Casona Calvetti, ubicada en el distrito de La Victoria, con una medida de 99,22 metros de extensión. Sin embargo, un reciente hallazgo difundido por el Instituto de Estudios Históricos de Lima (IEHL) revela que existe una infraestructura, hasta ahora desconocida oficialmente, que supera por varios metros a la del inmueble victoriano.
Se trata de un balcón ubicado en el Callejón de Quintana, entre las cuadras 1 y 2 del jirón Cangallo, en Barrios Altos. La estructura mide 110 metros, tiene algunas divisiones y hasta un segundo nivel, según el registro en campo hecho por David Pinto del IEHL. La difusión de este novedoso hallazgo ha generado diversas reacciones entre los usuarios de las redes sociales, quienes destacaron el valor histórico del espacio y opinaron sobre las condiciones actuales en las que se encuentra.
El balcón más largo del Perú se ubica en el Callejón de Quintana, en Barrios Altos
La construcción forma parte de un inmueble levantado a finales del siglo XIX. Para llegar al balcón, se debe subir por escaleras de madera y pasar por un pequeño salón que conecta con la extensa galería frente a la calle. Durante su recorrido, Pinto precisó que el material con el que fue construida esta infraestructura sería madera de pino.
Si bien este balcón aún se mantiene en pie, el difusor señaló que hay una parte a la que no se puede acceder debido a que ha sido declarada zona inhabitable. “Son espacios que están deshabitados, colindan con lo que fue una antigua casa de un piso y, a su vez, con lo que fue el edificio El Buque”, refirió. Asimismo, a lo largo de la construcción se observa una pequeña escuela que permite continuar el recorrido en un segundo nivel.
¿Cuál es la historia del Callejón de Quintana, donde se ubica el balcón más largo del Perú?
Según el Instituto de Estudios Históricos de Lima, el Callejón de Quintana reúne una historia de 300 años en la capital. Todo inició cuando don Mateo de la Quintana Carvajal, un acaudalado vecino de Gran Canaria, compró tres solares en las calles de las Cruces y del Suspiro, creando así una única finca que se convertiría en viviendas y comercios.
Al fallecer en 1737, el hombre dejó su propiedad al Monasterio de Santa Clara con el compromiso de que mantuviera las lámparas sagradas, celebrara misas y cuidara el inmueble. Tras años de deterioro, Federico Dinegro invirtió más de S/30.000 en restaurar la finca, con lo que obtuvo una estructura dividida en 25 tiendas, 57 cuartos y departamentos que funcionaban como un pequeño pueblo dentro de la ciudad.
“La propiedad cambió de manos varias veces, generando disputas legales. Finalmente, el Convento de la Buenamuerte ganó un juicio histórico en 1944, recuperando el control total del Callejón después de más de 200 años. El Callejón de Quintana con su balcón abierto de 110 metros de largo es testigo silencioso de tres siglos de transformación urbana en el Perú”, señaló el IEHL en una publicación.
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Fuente: larepublica.pe