El verdadero recurso de Noruega

Cuando se habla de Noruega, es común pensar en petróleo, gas, pesca o en el mayor fondo soberano del mundo. Sin embargo, su verdadera riqueza no está bajo el mar del Norte, sino en la fortaleza de sus instituciones.

Noruega descubrió importantes yacimientos de petróleo a finales de los sesenta. Muchos países han vivido situaciones similares y, lejos de prosperar, terminaron atrapados por corrupción, inestabilidad económica y el desperdicio de una oportunidad histórica. Pero Noruega tomó un camino diferente.

Desde el inicio comprendió que la explotación de esos recursos debía desarrollarse bajo reglas claras, instituciones técnicas independientes y una visión de largo plazo capaz de trascender los gobiernos de turno.Al mismo tiempo, decidió que una parte importante de la renta petrolera no se consumiría de inmediato, sino que sería reservada para las futuras generaciones.

Así nació el Fondo Global de Pensiones del Gobierno, hoy el mayor fondo soberano del mundo. Administrado con estrictos criterios técnicos y altos estándares de transparencia, recibe los ingresos netos provenientes del petróleo y el gas y los invierte en miles de empresas, bonos e inmuebles alrededor del mundo. El Estado solo puede utilizar un monto equivalente al rendimiento real esperado del fondo, preservando así el capital para las futuras generaciones. Pero el fondo es consecuencia, no causa, del éxito noruego.

La verdadera diferencia radica en la calidad institucional. La confianza en las instituciones, la estabilidad de las reglas de juego, la independencia técnica de las entidades públicas y la continuidad de las políticas permitieron transformar un recurso finito en bienestar sostenible.Este modelo no se limita al sector energético. La misma lógica puede observarse en la gestión de la pesca, la investigación científica marina, la infraestructura portuaria, el transporte marítimo, la innovación tecnológica y la protección ambiental. En todos estos ámbitos existe un mismo denominador común: instituciones sólidas, profesionales yorientadas al largo plazo.

El Perú posee enormes recursos naturales y un potencial extraordinario. La verdadera pregunta es si seremos capaces de construir las instituciones que permitan administrar esta riqueza con eficiencia, transparencia y visión de largo plazo. La experiencia de Noruega demuestra que el desarrollo sostenible no depende únicamente de la abundancia de recursos, sino de la calidad de las instituciones encargadas de administrarlos.

En un mundo cada vez más competitivo, el verdadero activo estratégico de un país no son sus recursos naturales, sino la fortaleza de sus instituciones para convertir esa riqueza en prosperidad sostenible.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

Fuente: elcomercio.pe

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