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Empieza respondiendo un poco menos. Luego cancela un par de salidas y, casi sin que nadie lo note, desaparece. El grupo de WhatsApp queda en visto, las reuniones dejan de interesarle y su tiempo pasa a girar casi por completo alrededor de su nueva pareja. Lo curiosos es que, cuando la relación termina, suele volver como si nada hubiera pasado.
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Quizá te haya ocurrido con un amigo, con una amiga o incluso tú hayas sido ese “amigo fantasma”. Y aunque es normal reorganizar la priorizadas cuando uno se enamora, el problema aparece cuando la pareja termina ocupando todo nuestro tiempo y las amistades quedan en un segundo plano. Lo que a simple vista parece una etapa típica del enamoramiento también puede tener consecuencias para el bienestar emocional y la salud mental.
Después de todo, enamorarse implica reorganizar la vida, no borrar todo lo que existía previamente.
¿Por qué algunas personas desaparecen cuando empiezan una relación?
Alejarse de los amigos al comenzar una relación no siempre significa que hayan dejado de importar. De hecho, hasta cierto punto, es una respuesta esperable, ya que, durante los primeros meses, la pareja suele convertirse en la prioridad: aparecen las ganas de compartir más tiempo juntos, conocer al otro y construir una nueva rutina.
Según explicó la psicóloga Aída Arakaki, de Clínica Internacional a Somos, en el enamoramiento el cerebro atraviesa por una intensa conexión emocional, la cual está impulsada por la liberación de sustancias como la dopamina y la oxitocina. Esta combinación hace que la pareja se convierta, de manera natural, en el centro de atención.
Además, como señaló Carmen Valenzuela, docente de la carrera de Psicología de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM), en un inicio se genera una alta inversión emocional y psicológica, por lo que la novedad, el entusiasmo y el deseo llevan a replantear el tiempo disponible.
Sin embargo, ese reordenamiento tiene un límite. Cuando la relación empieza a desplazar sistemáticamente a las amistades, la familia e incluso los propios intereses, deja de ser una simple adaptación y puede convertirse en una señal de desequilibrio.
“Muchas veces responde a las necesidades emocionales que la relación empieza a cubrir. Hay quienes convierten a su pareja en su principal fuente de regulación emocional. Es decir, buscan en ese vínculo la seguridad, la calma o la validación que antes encontraban en distintos espacios de su vida. También puede influir el miedo a la soledad, el temor al abandono o una necesidad constante de aprobación, transformando así el vínculo en una dinámica dependiente”, destacó la psicóloga Amandy Díaz, de Mapfre.

Aunque no todas las personas viven este proceso de la misma manera, estos “amigos fantasmas” tienen algunas características en común. Por ejemplo, quienes tienen un apego ansioso pueden concentrar gran parte de su energía en la relación por miedo a perderla. Mientras que, las personas con rasgos más evitativos pueden tener mayores dificultades para comunicar los cambios en sus prioridades o mantener conversaciones con su entorno.
Sin embargo, algo que no debemos perder de vista es que las relaciones más saludables no obligan a elegir entre la pareja y los amigos. Como mencionó Díaz, enamorarse supone integrar a ese vínculo a la vida que ya existía, no reemplazarla por completo.
El precio de convertir a tu pareja en tu único apoyo emocional
Nadie decide de un día para otro dejar de tener amigos, simplemente las conversaciones empiezan a girar en torno a una sola persona, los fines de semana se organizan en función de la relación y las salidas con los amigos se postergan una y otra vez. Sin darnos cuenta, el círculo social empieza a encogerse.
Aunque ese cambio puede parecer una evolución natural del amor, las especialistas advirtieron que su impacto suele hacerse evidente recién cuando la red de apoyo comienza a desaparecer.
Según Tanith Cubas, directora de la carrera de psicología de la Universidad Autónoma del Perú, alejarse progresivamente de las amistades debilita la salud mental porque priva a la persona de un sostén emocional que ninguna relación puede reemplazar por completo.
“Si bien la pareja es un vínculo importante, no sustituye la diversidad de relaciones que aportan equilibrio, identidad y resiliencia. Al final, cada amistad ocupa un lugar distinto en la vida: algunas escuchan sin juzgar, otras ofrecen perspectivas diferentes y otras, simplemente, recuerdan quiénes éramos antes de que la relación comenzara”, destacó la experta.
Ese respaldo, además, no es un detalle menor para el bienestar. Como precisó la psicóloga Coda Derrig, de Cleveland Clinic, contar con una red sólida de apoyo social ayuda a prevenir la depresión, disminuye la sensación de soledad y crea espacios donde las personas pueden expresar distintas partes de su personalidad con libertad.

Por eso, cuando esa red desaparece, la vulnerabilidad emocional aumenta. La soledad deja de ser solo una sensación incómoda y puede convertirse en un factor de riesgo para la salud física y mental, al asociarse con problemas como la depresión, la hipertensión y las enfermedades cardiovasculares.
De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce las relaciones sociales de calidad como un factor protector de la salud mental y un componente esencial del bienestar, agregó Arakaki.
El mayor problema aparece cuando todas esas funciones terminan concentrándose en una sola persona. Básicamente, la pareja pasa a ser quien escucha, aconseja, acompaña, valida, celebra los logros y sostiene en los momentos difíciles. Aunque esa cercanía puede parecer una muestra de confianza absoluta, también aumenta la dependencia emocional y hace que cualquier dificultad dentro de la relación tenga un impacto mucho mayor.
“Ninguna relación amorosa, por más sólida que sea, puede reemplazar la riqueza que aporta una red de apoyo diversa. Al depender exclusivamente de la pareja, se pierde el contacto con otras perspectivas, la contención colectiva y la experiencia comunitaria”, sostuvo Rossmery Arce, psicóloga de la Universidad Católica San Pablo.
Sin embargo, muchas personas recién toman conciencia de esa pérdida cuando la relación termina. Y es que, en ocasiones, no solo desaparece el vínculo amoroso, sino también el principal sostén emocional que había quedado en pie. En otras palabras, se vive un doble duelo: el de la ruptura amorosa y el de algunas amistades que, con el paso del tiempo, se fueron debilitando o desaparecieron.
Este vacío puede ir acompañado de una intensa sensación de soledad e incluso de una crisis de identidad. Después de todo, no solo toca reconstruir la vida afectiva, sino también recuperar espacios, intereses y vínculos que durante años quedaron relegados.
“No debemos olvidar que la salud mental depende de múltiples factores y, las amistades son uno de los pilares que la sostienen. Estos vínculos permiten conservar aspectos de la identidad que existían antes de la relación, ofrecen sentido de continuidad en la personalidad y nos recuerdan que somos mucho más que nuestro rol dentro de una pareja”, subrayó Carmen Valenzuela.
¿Cómo enamorarte sin desaparecer de la vida de tus amigos?
Aunque enamorarse suele cambiar las priorizades, eso no debería traducirse en una vida centrada exclusivamente en la relación.

En este sentido, la psicóloga Aída Arakaki recomendó prestar atención a ciertas señales de alerta que pueden indicar que el equilibrio se está perdiendo, como abandonar proyectos personales, dejar de lado actividades que antes generaban bienestar o sentir culpa por hacer planes sin la pareja.
“Una relación saludable no debería reducir el mundo de una persona, sino ampliarlo. Si para sostener el vínculo romántico es necesario renunciar a las amistades, los pasatiempos o las propias necesidades, el equilibrio ya se perdió. Tampoco es una buena señal sentir ansiedad o un vacío emocional cuando no se está en contacto permanente con la pareja o cuando se toman decisiones importantes únicamente en función de la relación”, añadió Valenzuela.
Por eso, más que una fórmula exacta de tiempo, lo que protege las amistades es la constancia. No se trata de dividir la agenda de manera perfecta, sino de evitar que el vínculo desaparezca por completo.
Un café al mes, una llamada ocasional o incluso un mensaje enviado con interés genuino pueden ser suficientes para recordarle al otro que sigue ocupando un lugar importante en nuestra vida. Las amistades, de hecho, suelen desgastarse más por la indiferencia que por la falta de tiempo.
Y si eres quien siente que un amigo se ha ido alejando desde que empezó una relación, la comunicación también es sumamente importante. En estos casos, el enfoque es clave, pues en lugar de convertir la conversación en reclamo o en una crítica hacia la pareja, es más útil hablar desde la propia experiencia emocional.
Por ejemplo, decir que extrañas compartir tiempo con esa persona y que te gustaría volver a verla suele abrir mucho más el diálogo que señalar culpables.
Al final, enamorarse no debería implicar convertirse en un “amigo fantasma”. El amor puede ocupar un lugar muy importante dentro de nuestra vida sin tener que desplazar todo los demás. Las relaciones más sólidas no crecen aisladas del mundo, sino integradas en él: conviven con las amistades, la familia, el trabajo, los proyectos personales y todo aquello que también forma parte de quiénes somos.
Fuente: elcomercio.pe