La la presión por las notas: Cómo la competencia académica afecta la salud mental de los estudiantes de secundaria

La etapa de educación secundaria representa uno de los periodos más importantes en la vida de muchos adolescentes. En especial para los estudiantes de tercero, cuarto y quinto de secundaria, estos años suelen estar acompañados de mayores exigencias académicas y decisiones relacionadas con el futuro personal y profesional.

Actualmente, muchos estudiantes enfrentan una fuerte presión por obtener buenas calificaciones, destacar académicamente y prepararse para estudios posteriores. Dentro del entorno educativo deben responder a tareas, exámenes, trabajos grupales, exposiciones y proyectos. Además, algunos asisten a academias o clases de reforzamiento fuera del horario escolar para prepararse para futuras evaluaciones o mejorar su rendimiento académico. Como consecuencia, gran parte de su tiempo se dedica al estudio, reduciendo espacios necesarios para el descanso, la recreación y la convivencia con sus seres queridos.

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Sin embargo, la presión académica no proviene únicamente del colegio. También está influenciada por el entorno familiar y social. En muchos casos, los estudiantes perciben altas expectativas sobre su rendimiento y sienten que deben alcanzar determinados resultados para responder a lo que esperan sus padres o para asegurar oportunidades futuras. Aunque estas expectativas suelen surgir desde el interés y el acompañamiento familiar, algunos adolescentes experimentan temor al error o preocupación constante por no cumplir con esas metas.

A ello se suma la influencia del entorno digital. Las comparaciones con compañeros respecto a notas, logros académicos o planes universitarios pueden generar inseguridad y una sensación constante de competencia. Del mismo modo, las redes sociales exponen diariamente imágenes de éxito y metas alcanzadas por otros jóvenes, lo que puede aumentar la percepción de que siempre se debe rendir más o avanzar más rápido. Como consecuencia, algunos estudiantes manifiestan cansancio constante, dificultad para dormir, preocupación excesiva, agotamiento emocional y problemas para concentrarse. En algunos casos, estas situaciones afectan su autoestima y su manera de enfrentar los desafíos diarios.

La presión por obtener buenas calificaciones y afrontar constantes evaluaciones puede generar ansiedad, estrés y otras afectaciones emocionales en estudiantes de secundaria, según especialistas consultadas para este reportaje.

El cuerpo también habla

Para algunos estudiantes, la presión académica no solo se refleja en emociones como preocupación o nerviosismo, sino también en reacciones físicas durante las evaluaciones. Un estudiante de quinto año de secundaria comparte que antes y durante los exámenes experimenta síntomas que afectan la manera en que vive esos momentos académicos:

“Me duele el estómago a veces cuando estoy en exámenes y prácticas y se me ponen frías las manos. Cuando llega la hora del examen, mi cuerpo reacciona temblando y siento ardor en el estómago; también sudo y me pongo muy nerviosa”.

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Su experiencia muestra cómo la presión por el rendimiento académico puede generar respuestas físicas y emocionales que acompañan el proceso de evaluación y afectan el bienestar de algunos estudiantes.

Esta preocupación también aparece reflejada en cifras oficiales. De acuerdo con el Ministerio de Salud (MINSA), 3 de cada 10 niñas, niños y adolescentes se encuentran en riesgo de presentar problemas emocionales, de comportamiento o atención. Frente a esta situación, el Estado impulsa el plan “Salud mental en tu cole” (2025–2026), con el objetivo de fortalecer acciones de acompañamiento emocional y promoción del bienestar dentro de las instituciones educativas. Estas cifras reflejan que la salud mental adolescente constituye un tema que requiere atención desde la escuela, la familia y la comunidad.

Las señales del estrés

Las especialistas señalan que el bienestar emocional influye directamente en el aprendizaje y en la forma en que los estudiantes enfrentan las exigencias escolares. La psicóloga Camila Valeria Manríquez Albán explicó que sí ha identificado señales de estrés académico en los estudiantes.

“Sí, algunos estudiantes se muestran más cansados de lo habitual, preocupados por las calificaciones, con dificultad para concentrarse en clase o manifiestan sentirse abrumados cuando tienen varias tareas o evaluaciones al mismo tiempo. En algunos casos también he observado desmotivación o ansiedad antes de alguna evaluación”.

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Respecto al impacto emocional, señaló: “Puede presentarse si este estrés se mantiene en el tiempo. Los estudiantes pueden sentirse frustrados, inseguros de sus capacidades, desanimados e incluso perder el interés por aprender. Además, el estrés constante puede afectar su autoestima, sus relaciones con los demás y su bienestar general”.

Como recomendación, Manríquez sostiene: “Es importante fomentar una comunicación abierta para que los estudiantes se sientan escuchados y puedan expresar cómo se sienten. También ayuda promover una buena organización del tiempo, enseñar técnicas para manejar el nerviosismo antes de las evaluaciones y equilibrar las responsabilidades académicas con el descanso y actividades que disfruten”.

Desde su experiencia dentro del entorno escolar, la psicóloga Adriana Cipiran Miranda señaló que las señales de estrés académico suelen hacerse más evidentes en determinados momentos del año.“Sí se observan, sobre todo en época de exámenes o cuando se acumulan varias tareas. Lo que más se visualiza es dolor de cabeza, sudoración, insomnio, irritabilidad, bloqueos y olvidos”.

Sobre las consecuencias emocionales, explicó: “El estrés les quita las ganas de aprender. Se ponen ansiosos, le tienen miedo a equivocarse y muchos empiezan con frases negativas sobre sí mismos. También se cansan emocionalmente; al final terminan estudiando por miedo a desaprobar y no porque les guste”.

Finalmente, planteó algunas acciones que podrían aplicarse desde la comunidad educativa: “En el colegio se debería disminuir un poco la presión generada por los exámenes sorpresa, dar espacios entre clases y hablar más del tema en tutoría. También es importante valorar el proceso antes que solo el resultado y que las familias acompañen con rutinas y hábitos de estudio”.

El Ministerio de Salud señala que 3 de cada 10 niñas, niños y adolescentes se encuentran en riesgo de presentar problemas emocionales, de comportamiento o atención, una realidad que también alcanza a la población escolar.

Más allá de las notas

Este tema se relaciona especialmente con el derecho a la salud física y mental establecido en el Decálogo de los niños, niñas y adolescentes del Perú de la campaña ¡Vota por mí!, donde se plantea que la salud emocional debe recibir la misma importancia que la salud física. Asimismo, se resalta la necesidad de contar con mejores condiciones educativas y mayor acompañamiento dentro de las escuelas para que los estudiantes puedan desarrollarse en entornos que favorezcan tanto el aprendizaje como su bienestar emocional.

La presión académica forma parte de la experiencia educativa de muchos adolescentes; sin embargo, cuando las exigencias superan los espacios de descanso, acompañamiento y bienestar emocional, pueden aparecer consecuencias que afectan tanto el aprendizaje como la vida cotidiana.

El testimonio de G.Y.A.T., junto con las observaciones de las especialistas y los datos del MINSA, muestran que el rendimiento académico y la salud mental no deben entenderse como temas separados. Escuchar las experiencias de los estudiantes, fortalecer el acompañamiento psicológico y promover entornos educativos más equilibrados puede contribuir al bienestar integral de los adolescentes.

Fuente: elcomercio.pe

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