El nombramiento de Flavio Cruz como ministro de Trabajo y Promoción del Empleo no responde a una trayectoria técnica reconocible en política laboral, sino a un cálculo de cuotas dentro de un gobierno de transición que ya agota sus últimos días. Cruz llega al sector no por su experiencia en formalización o seguridad social, sino por ser el vocero de Perú Libre en el Congreso, el partido fundado por Vladimir Cerrón, quien lleva más de dos años prófugo. Ese es, en esencia, su mérito principal: haber sido un cerronista disciplinado que permaneció en su bancada cuando otros la abandonaron.
La preocupación no es menor. En entrevista con RPP este viernes, el propio Cruz dejó entrever que podría reabrirle la puerta a la Fenatep, el sindicato paralelo al Sutep que fue reconocido de manera apresurada al inicio del gobierno de Pedro Castillo y que ha sido señalado reiteradamente por su cercanía con el Movadef, el brazo político de Sendero Luminoso. Consultado sobre si otorgaría el reconocimiento oficial a esa organización, el ministro respondió: “Habría que ver, si se cumplen todos los requisitos, tiene que reconocérsele”. Una respuesta que, bajo el ropaje de la legalidad, abre una ventana peligrosa para una agrupación que el propio Estado ha cuestionado por sus vínculos con el extremismo.
Que el ministro invoque el “Estado de derecho” para justificar una eventual reincorporación de la Fenatep no lo exime de responsabilidad política. La ley se aplica, pero también se interpreta, y la voluntad de un ministro de Trabajo importa tanto como el marco normativo que invoca. Cruz sabe, mejor que nadie, que el Sutep histórico y la Fenatep representan proyectos irreconciliables dentro del magisterio, y que reabrir esa puerta no es un simple trámite administrativo, sino una decisión con consecuencias políticas evidentes. Que elija dejarla entreabierta, en lugar de cerrarla con firmeza, dice mucho sobre sus prioridades reales en el cargo.
Todo esto ocurre, además, en un clima de descrédito que el propio ministro ha contribuido a alimentar. Hace pocas semanas, Cruz reclamó públicamente al presidente Balcázar porque no lo llevó al Vaticano a conocer al Papa, pese a que fue él quien impulsó la negociación que llevó a Balcázar a la presidencia. “Yo lo puse ahí, yo lo propuse y se olvidó de mí”, dijo entre risas, en una frase que reveló, sin querer, la lógica transaccional con la que Perú Libre entiende el poder: los cargos como favores pendientes de cobro. Ahora, con este ministerio de 19 días, parece que finalmente se acordaron de él.
Fuente: elcomercio.pe