Los expertos coinciden: tomar una siesta no solo sirve para relajarse, sino también para “resetear” el cerebro y mejorar la capacidad de aprendizaje

Dormir una siesta podría ser mucho más que una pausa para recuperar energías: es una herramienta para potenciar el aprendizaje y la memoria. Un estudio publicado en la revista NeuroImage encontró que un descanso breve durante el día puede restaurar la capacidad del cerebro para aprender al favorecer procesos relacionados con la plasticidad sináptica, el cual viene a ser el mecanismo que permite a las neuronas fortalecer sus conexiones y almacenar nueva información. El trabajo fue realizado por investigadores de la Universidad de Friburgo, en Alemania, y aporta nuevas evidencias sobre el papel del sueño en la salud cerebral.

Para llegar a esta conclusión, los investigadores evaluaron a 20 adultos sanos, quienes participaron en dos sesiones distintas: una en la que tomaron una siesta de aproximadamente una hora y otra en la que permanecieron despiertos durante el mismo periodo. Posteriormente, el equipo utilizó técnicas como la estimulación magnética transcraneal (TMS) y electroencefalografía (EEG) para medir cambios en la actividad cerebral.

Los resultados del estudio mostraron que, tras dormir, los participantes presentaban una reducción de la fuerza sináptica acumulada durante la vigilia y una mayor capacidad para inducir procesos de plasticidad cerebral, dos indicadores que favorecen el aprendizaje y la adaptación del cerebro. Los autores destacaron que “incluso una siesta breve es suficiente para restaurar la plasticidad sináptica”.

Durante la investigación, los científicos observaron que el cerebro recuperó parte de su capacidad para fortalecer nuevas conexiones neuronales después del descanso. (Foto referencial: Freepik)

¿Por qué el sueño beneficia al cerebro?

Los científicos explican que, mientras permanecemos despiertos, las conexiones entre las neuronas se fortalecen constantemente debido al aprendizaje y a la experiencia diaria; sin embargo, ese proceso tiene un límite. Dormir permite “recalibrar” esas conexiones para que el cerebro vuelva a estar preparado para incorporar nueva información al día siguiente.

Esta idea coincide con la Hipótesis de la Homeostasis Sináptica, propuesta por los neurocientíficos Giulio Tononi y Chiara Cirelli, quienes sostienen que el sueño reduce la intensidad de las conexiones neuronales acumuladas durante el día para mantener un funcionamiento eficiente del cerebro.

Los resultados respaldan teorías anteriores sobre la importancia del sueño en el funcionamiento del cerebro. (Foto referencial: Freepik)

Los beneficios de una siesta ya habían sido observados

Los hallazgos coinciden con las conclusiones de investigaciones previas que muestran que las siestas pueden mejorar la memoria y el rendimiento cognitivo.

Un estudio publicado en Nature Reviews Neuroscience señala que el sueño desempeña un papel clave en la consolidación de la memoria, permitiendo que los recuerdos recientes se estabilicen y se integren con conocimientos previamente adquiridos.

Por su parte, la Sleep Foundation indica que las siestas cortas, de entre 20 y 30 minutos, pueden mejorar el estado de alerta, el aprendizaje y el desempeño mental, especialmente cuando una persona acumula cansancio o no ha dormido lo suficiente durante la noche.

Los expertos recuerdan que las siestas son un complemento y no sustituyen un descanso nocturno adecuado. (Foto referencial: Freepik)

Ojo: una siesta no reemplaza el sueño nocturno

Aunque los resultados son prometedores, los investigadores destacan que una siesta no reemplaza una buena noche de descanso.

Dormir entre siete y nueve horas continúa siendo la principal recomendación para mantener un cerebro saludable, mientras que las siestas pueden convertirse en un complemento útil para favorecer la recuperación cerebral y el rendimiento cognitivo cuando se realizan de forma adecuada.

Una siesta debe durar entre 20 y 30 minutos como máximo. (Foto referencial: Freepik)

Cómo aprovechar al máximo la siesta

La siesta es una herramienta excelente para mejorar el estado de ánimo, la atención y la capacidad de memoria; sin embargo, no es para todos: siestas demasiado largas o tardías pueden provocar inercia del sueño (aturdimiento al despertar), afectar la calidad del descanso nocturno y, en casos de exceso, vincularse con mayores riesgos de salud.

Mayo clinic señala que, para aprovechar sus ventajas, la siesta debe durar entre 20 y 30 minutos y de preferencia ocurrir antes de las 15:00 horas en un entorno tranquilo.

Si sientes una necesidad inusual de dormir durante el día o sigues cansado al despertar por la mañana, es recomendable consultar con un médico para descartar trastornos del sueño u otras condiciones.

Fuente: elcomercio.pe

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