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Spider-Man le enseñó a Chuy Mine que detrás de una máscara no siempre hay alguien escondiéndose. A veces hay una persona que quiere decirles a los demás que cualquiera puede ocupar su lugar.
Cuando era niño, el creador mexicano quedó fascinado con la idea de un héroe cuyo rostro permanecía oculto y cuya identidad podía pertenecerle a todos. Años después, cuando empezó a grabar videos sobre Minecraft y Roblox, eligió también el anonimato. No mostró su cara, pero dejó al descubierto su humor, su imaginación y una voz que hoy reconocen millones de seguidores.
“De pequeño me gustaba mucho Spider-Man. Lo bonito del personaje es que todos pueden ser él; solamente es cuestión de atreverse”, explica.
Chuy Mine tiene 24 años y lleva cerca de ocho creando contenido. Empezó en serio a los 16, aunque su relación con las cámaras y los videojuegos había comenzado mucho antes. Sus padres recuerdan que, cuando era niño, tomaba las antiguas cámaras fotográficas de la casa, enfocaba la pantalla mientras jugaba y narraba sus propias partidas.
Aquel niño probablemente no habría imaginado que algún día sus historias abandonarían la pantalla para llegar a las páginas de un libro.
“Si le preguntaras a ese Chuy pequeño, creo que no se creería el punto en el que estoy ahora. Siento que estoy soñando despierto”, confiesa.

Otra pantalla
“Multiverso Chuy Mine”, publicado por Penguin Random House, nació de una demanda cada vez más insistente de su comunidad. Sus seguidores disfrutaban los videos, pero querían conocer nuevas historias, escenarios y facetas del personaje.
“Primero tenía mis videítos y la gente se entretenía, pero poco a poco empezó a pedirme más cosas. Cuando llegó la posibilidad de hacer un libro, quise crear una historia vinculada con mis videos, pero al mismo tiempo diferente”, explica.
Universo íntimo
La novela contiene elementos de su infancia y comienza con un niño que, como él, encuentra en los videojuegos un espacio propio. También recoge la influencia del anime, el manga y las historias de ficción japonesas que Chuy consume desde que tiene memoria.
No se trata de una autobiografía. Sin embargo, detrás de los portales, criaturas y mundos fantásticos hay emociones que le pertenecen, como la sensación de ser distinto, el miedo, la soledad y la necesidad de encontrar personas que compartan los mismos intereses.
“Quería que pudieran entender un poco más al Chuy que está detrás de los videos. No como una biografía, sino mediante una historia ficticia que mostrara aquello que una pantalla no siempre te permite ver”, señala.
Su nombre artístico también guarda una parte de esa infancia. Chuy es el apelativo con el que se conoce a quienes se llaman Jesús, en México, y “Mine”, en tanto, nació de Minecraft, uno de los videojuegos que marcaron su camino digital.
Escribir despacio
Pasar del video al libro también significó cambiar de ritmo. Durante cerca de seis meses, Chuy se propuso terminar un capítulo cada dos semanas. Se sentaba a revisar los caminos posibles de la historia, elegía uno y volvía a empezar cuando aparecía una idea que le parecía mejor.
“Fue una gran aventura porque nunca había hecho algo así. No diría que fue difícil, pero sí completamente diferente. Nunca antes me había sentado a escribir tanto”, reconoce.
Lo más complejo fue ordenar su imaginación. Cada escena podía conducirlo hacia diez posibilidades distintas y su entusiasmo creativo, en lugar de facilitarle el trabajo, abría cada vez más puertas.
“Pensaba: ‘Aquí puede pasar esto’, pero luego aparecía otra opción y después una más. Terminaba con diez ideas diferentes sobre cómo podía continuar la historia”, recuerda.
En ese proceso encontró una calma ajena al mundo digital. Escribir le permitió quedarse a solas con sus pensamientos, lejos de las notificaciones y del ritmo incesante de las redes.
“Me di cuenta de la inmediatez en la que vivimos. Disfruté mucho estar tranquilo, pensando, sin tantos estímulos. Fue también una manera de conectarme conmigo mismo”, afirma.

Miedos reales
Aunque transcurre en universos fantásticos, el libro explora conflictos profundamente humanos y cercanos. Su protagonista enfrenta la soledad, el acoso escolar y el miedo a no encajar, experiencias que Chuy también conoció, en cierta medida, durante su infancia.
“El ‘bullying’, al menos en mi generación, era un tema que ni siquiera se tocaba. Se ignoraba. Había casos en los que hablabas con los profesores y se desentendían completamente. Me parecía importante darle la visibilidad que merece”, sostiene.
La historia tampoco propone un mundo donde todo se resuelve con facilidad. Chuy quiso alejarse de los finales perfectos y mostrar que la vida está hecha de matices, pérdidas y momentos que deben afrontarse, incluso cuando no existe una solución inmediata.
“No todo es blanco o negro. Hay grises y no todas las historias tienen finales bonitos. Existen momentos difíciles que tienes que enfrentar”, explica.
Primeros lectores
Chuy Mine confiaba en que su comunidad lo acompañaría en esta nueva aventura, pero no imaginó que el libro sería la puerta de entrada a la lectura para algunos niños. Varios padres le contaron que sus hijos, atraídos primero por el personaje de sus videos, habían elegido leer un libro por voluntad propia por primera vez.
“Muchos papás me han agradecido porque es el primer libro que sus niños agarran y, a partir de ahí, empiezan a interesarse por la lectura. Eso le da un valor todavía mayor”, reconoce.
También ha comenzado a ocurrir algo que todavía le cuesta procesar: lectores que no llegaron desde YouTube, Minecraft o Roblox, sino que lo descubrieron directamente en una librería.
“Ya me ha tocado conocer personas que me dicen: ‘Te conocí por el libro’. Para mí es muy loco, mi mente todavía no termina de concebirlo”, cuenta.
Ese encuentro con nuevos lectores refuerza su deseo de continuar la historia. La segunda parte ya está en desarrollo y Chuy no descarta que “Multiverso Chuy Mine” se convierta en una saga. Tiene nuevos mundos esperando su turno y suficientes ideas para imaginar, incluso, un tercer volumen.
Rostro oculto
Su incursión en los libros no significa que vaya a abandonar el misterio que lo acompaña desde sus inicios. Por ahora, Chuy Mine no piensa revelar su rostro.
En sus apariciones públicas lleva una sudadera y una máscara que reproduce la identidad visual de su personaje. Mantener el anonimato, asegura, no es tan difícil como parece, aunque una vez un niño intentó quitarle la máscara durante una firma en México.
“No lo logró porque está bien sujetada, bien amarrada”, recuerda entre risas.
También han surgido imitadores y personas que se disfrazan como él. Sin embargo, Chuy está convencido de que hay rasgos imposibles de copiar: su voz, sus movimientos y la forma particular en que se comunica con sus seguidores.
Pronto realizará su primera visita al Perú para presentar “Multiverso Chuy Mine” en la Feria Internacional de Libros de Lima, firmar ejemplares y encontrarse con quienes durante años solo lo han seguido a través de una pantalla.
“Estoy superemocionado. Me han contado cosas muy bonitas del país. Podremos conversar un poco, tomarnos fotos y compartir el libro”, finaliza con entusiasmo.
Fuente: elcomercio.pe