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Las señales actuales apuntan a un fenómeno de El Niño (FEN) Costero capaz de causar daños significativos durante el verano de 2026-2027.
El país llega mejor preparado que en 2017, pero aún no está listo para enfrentar un evento extremo. Las obras ejecutadas han elevado la protección en algunas regiones, aunque los avances son desiguales y la preparación operativa de la respuesta de los gobiernos regionales y locales sigue siendo limitada.
La principal debilidad está en una gobernanza fragmentada. La rectoría, la evaluación técnica de prevención y reducción del riesgo, y la respuesta recaen en entidades distintas, mientras la ejecución de las obras se distribuye entre más de 2 000 entidades de los tres niveles de gobierno. No existe una instancia que conduzca el sistema de gestión del riesgo de desastres de punta a punta y asegure una cultura de prevención.
Además, la doble transición política reduce aún más el margen de acción. El nuevo Gobierno asumirá en julio y el cambio de autoridades regionales y locales en enero puede retrasar decisiones y obras justo cuando quedará menos tiempo para cerrar brechas.
Con poco tiempo por delante, la prioridad debe definirse según el margen de acción en cada territorio. Desde Apoyo Consultoría proponemos cuatro acciones inmediatas para orientar las decisiones del nuevo gobierno.

1. Implementar un Comando de Acción Rápida FEN para liderar la preparación y respuesta del Ejecutivo desde el 28 de julio hasta pasado el pico del evento.
La preparación frente al FEN exige un comando nacional con autoridad para priorizar acciones, coordinar entidades y destrabar la ejecución. Este comando debe operar bajo la dirección del presidente del Consejo de Ministros y contar con un mecanismo ágil de decisión y seguimiento.
Su primera tarea debe ser articular un paquete normativo de emergencia FEN que incluya, entre otras medidas, modificaciones presupuestarias excepcionales, cambios de alcance en contratos ANIN y compras centralizadas para acelerar la ejecución, y asegure mediante decreto supremo la vigencia de la declaratoria de emergencia.

2. Financiar primero lo que puede terminarse y priorizar intervenciones en tramos críticos.
Las obras con mayor avance, que protegen a población vulnerable y pueden culminarse antes del pico del FEN 2026-2027, deben encabezar la asignación de recursos. San Idelfonso (Trujillo) es un caso claro y su brecha de financiamiento fue incorporada solo parcialmente en el dictamen del crédito suplementario, por lo que aún se requieren recursos para completar la obra. No es el único caso: las defensas ribereñas de los ríos Lacramarca, Casma y Huarmey, en Áncash, también podrían quedar bastante avanzadas antes del pico del evento.

Donde la solución integral no llegará a tiempo, la prioridad debe ser intervenir los puntos críticos. Estos pueden identificarse con apoyo del socio de implementación británico en el marco del acuerdo G2G con la ANIN. El mecanismo dependerá de la situación contractual. En Tumbes, donde ya existe un contratista, corresponde evaluar un cambio de alcance o la activación de cláusulas de eventos compensables de emergencia. En Piura, donde no hay un contratista instalado, se requiere una contratación acelerada para realizar una limpieza estratégica del río.
Para viabilizar estas intervenciones, se requiere un Decreto de Urgencia FEN que habilite modificaciones presupuestarias y cambios de alcance contractual.
3. Ubicar anticipadamente bienes de ayuda humanitaria (BAH) y maquinaria.
La maquinaria y los bienes de ayuda deben estar disponibles antes de las lluvias en todas las zonas de mayor riesgo. En Piura, deben complementar la limpieza y protección de los puntos críticos del río. En Chiclayo, donde no hay avance en las obras de drenaje, la respuesta dependerá en mayor medida de contar con motobombas, excavadoras, cisternas y bienes de ayuda.
Para lograrlo, el Comando FEN debe reunir en un solo registro los BAH y la maquinaria disponibles en los almacenes nacionales, regionales y locales. Con esa información podrá identificar qué recursos tiene cada territorio y qué brechas deben cubrirse, incluidos los cerca de 18 500 kits adicionales estimados por el Indeci.
El Decreto de Urgencia FEN debe encargar a una unidad ejecutora la compra, el alquiler de los bienes y equipos faltantes, y la distribución anticipada con soporte operativo del Indeci. Esta distribución es especialmente urgente para los alimentos, pues las reservas disponibles se concentran en Lima, mientras que Tumbes, Piura, La Libertad e Ica no reportan stocks almacenados en sus respectivos territorios. Ubicarlos antes de las lluvias reducirá el riesgo de que una interrupción de la Panamericana Norte retrase la atención.

4. Preparar a las nuevas autoridades subnacionales para responder desde el primer día.
Las nuevas autoridades regionales y locales asumirán cerca del periodo de mayor riesgo. La PCM debe aprobar y ejecutar antes de enero un programa de transición operativa para estas autoridades. La inducción debe cubrir los protocolos básicos del Sinagerd, incluida la activación de los centros de operaciones de emergencia y el llenado del formato de Evaluación de Daños y Análisis de Necesidades (EDAN). En paralelo, deben identificarse y acondicionarse rutas de evacuación, zonas seguras y albergues temporales, y realizarse simulacros en las ciudades de mayor riesgo.
Esta nota se concentra en los efectos del Niño Costero, pero un FEN global fuerte también podría reducir las precipitaciones en zonas del centro y sur andino. Allí, la respuesta debe prever transferencias para los hogares afectados, con un padrón y un mecanismo de entrega definidos antes de la emergencia.
Las medidas propuestas son temporales y buscan reducir daños en el corto plazo. No sustituyen las soluciones integrales en ríos, quebradas y drenajes ni la reforma de fondo sobre la gobernanza de la gestión del riesgo de desastres. La urgencia es proteger ahora.
Fuente: elcomercio.pe