¿Por qué Lima tiene una obsesión con parecer ocupada? El ejemplo más claro es cuando voy a la universidad, donde, aunque no quiera, me encuentro hasta con la gente con la que compartía clases en el nido. En cada interacción que tengo, la persona está apurada, y no porque tenga que ir a alguna clase. “Estoy full”, frasecita típica. ¿Estar cansado está de moda? “He dormido tres horas ja, ja, ja”, te lo dicen esperando que se les dé el Nobel.
Aparte de eso, que ya es rutinario, hay otras cosas normalizadas que no entiendo, pero de las que también soy parte. Pongamos varios ejemplos. La amistad ahora es contenido: si no le hiciste una story a tu amiga por su santo, ¿realmente la quieres? También nos acostumbramos a cancelar planes, a coordinar algo que sabes que, ni aunque te pagaran por ir, irías. ¿Qué nos está pasando? Somos rarísimos.
Nos encanta hacer lo mínimo y sentir que hicimos demasiado. Estamos agotados sin saber muy bien de qué, ocupados sin tener a dónde correr y presentes en la vida de todos a través de una pantalla. Quizás el problema no sea que Lima esté demasiado ocupada, sino que nos aterra que alguien piense que no tenemos nada que hacer. Porque estar tranquilo es aburrido, llegar temprano da pena y demostrar interés, ni hablar.
Esta es la generación de ahora; la anterior tenía otros temas, y así cada una. Tenemos problemas inmensos en el país, como la corrupción o la pobreza, y con este tipo de personas la veo difícil de resolver. Lo único que me queda por decir ahorita, casi en Fiestas Patrias, es esto: a la presidenta y a los otros que estén pensando en candidatear para las siguientes elecciones, suerte; no es el país, es su gente.
Fuente: elcomercio.pe