Para nadie es un secreto que el fútbol enciende pasiones y que estas, a su vez, en muchos casos acarrean violencia. Aunque no existe un registro mundial consolidado, vemos con frecuencia a hinchas fanáticos causando cientos de muertes. Lamentablemente, América Latina tiene el score más alto de estas tragedias, y el pentacampeón, la indiscutible corona, según un estudio realizado por la Universidad Federal de Río de Janeiro.
Sin embargo, la violencia asociada al fútbol no se limita a los enfrentamientos entre hinchas. Diversos estudios realizados en el Reino Unido también han documentado un incremento de la violencia contra las mujeres durante los partidos de mayor convocatoria. Sobre la base de esa evidencia surgió la campaña No More Years of Hurt, orientada a reforzar la prevención de la violencia doméstica en el contexto de estos encuentros.
La iniciativa fue impulsada por la organización Women’s Aid y encuentra sustento en investigaciones desarrolladas por la Universidad de Lancaster, que señalan que las denuncias por violencia doméstica aumentan alrededor de un treinta y ocho por ciento cuando la selección inglesa pierde, y un veintiséis por ciento cuando gana o empata. Se trata de una correlación lo bastante consistente como para haber motivado una estrategia preventiva de alcance nacional. Más aún, el caso británico constituye un ejemplo de cómo la evidencia empírica puede incorporarse al diseño de políticas públicas orientadas a reducir riesgos contra sectores vulnerables.
Estos hallazgos no autorizan a concluir que el fútbol sea la causa de la violencia. La literatura especializada coincide en que los partidos operan, en todo caso, como un factor desencadenante en sujetos con comportamientos violentos preexistentes. Investigadores en Brasil han encontrado patrones semejantes durante encuentros de alta intensidad competitiva y han señalado que la interacción entre frustración, consumo de alcohol y determinadas concepciones de la masculinidad explica el incremento de las agresiones. La relación observada es, por tanto, de contexto y no de causalidad.
Un artículo publicado en “The Lancet” sostiene que la prevención de la violencia contra las mujeres depende, ante todo, de la transformación de las normas sociales que legitiman relaciones desiguales de poder y modelos de masculinidad asociados al control y la dominación. Desde esta perspectiva, los grandes eventos deportivos no crean un problema, sino que hacen visible una realidad latente en determinados hogares que, bajo ciertas circunstancias, encuentra las condiciones para manifestarse.
Llama la atención que, pese a la importancia social del fenómeno, América Latina cuente con escasas investigaciones. En países donde los torneos futbolísticos suscitan el interés de millones de personas, la relación entre acontecimientos deportivos y violencia intrafamiliar es un campo poco explorado. Esta limitación impide diseñar intervenciones preventivas sustentadas en evidencia.
El Mundial acaba de concluir y, como ocurre después de cada edición, las estadísticas deportivas pasarán a formar parte de los archivos históricos. Quizás la cifra más relevante no sea el registro de goles, la posesión del balón o el rendimiento competitivo, sino aquella que motivó el desarrollo de una campaña como No More Years of Hurt. En una época en la que las políticas públicas aspiran a basarse cada vez más en evidencia científica, el caso británico recuerda que las investigaciones sociales no solo sirven para comprender la realidad, sino que también permiten identificar riesgos invisibles para el sentido común y, sobre esa base, prevenir que una celebración colectiva termine convirtiéndose, para muchas mujeres, en un episodio de violencia.
Fuente: elcomercio.pe