Las dagas, mazas, arcos y flechas en las tumbas de las princesas del Antiguo Egipto ya no son vistos como simples piezas rituales. Un análisis bioarqueológico sobre esqueletos de 4.000 años de antigüedad sugiere que estas integrantes de la realeza practicaron entrenamiento bélico activo. El hallazgo, difundido por National Geographic y publicado en la revista Frontiers in Environmental Archaeology, transforma las teorías sobre el rol femenino en el Reino Medio.
Zeinab Hashesh, arqueóloga de la Universidad de Beni Suef, encabeza la investigación que reescribe la historia de la élite dinástica. "Cuando nos dimos cuenta de que esas mujeres realmente usaban sus armas, sentimos una mezcla de entusiasmo científico y una profunda satisfacción por la justicia histórica", afirmó la experta sobre las evidencias que exigen reevaluar el pasado.

¿Qué revelan las armas encontradas junto a los huesos de las princesas egipcias?
En 1894, el arqueólogo francés Jacques de Morgan excavó la necrópolis de Dahshur, al sur de El Cairo, donde halló las cámaras funerarias del rey Hor y de las princesas Noub-Hotep, Ita, Khenmet e Itaweret. Tras un análisis preliminar a finales del siglo XIX, las piezas óseas quedaron almacenadas en el Museo Egipcio de El Cairo durante más de un siglo. No fue hasta 2020 cuando el equipo de Hashesh redescubrió las cajas originales, aún envueltas en periódicos de la época y con anotaciones manuscritas.

La evaluación mediante técnicas modernas detectó fracturas consolidadas en costillas, manos, pies y columna con señales de adecuada recuperación. Los autores concluyen que la realeza disponía de atención médica especializada para tratar heridas graves, un privilegio escaso en el Reino Medio. Zeinab Hashesh describió el reencuentro con los esqueletos como una "experiencia profundamente conmovedora", tras permanecer "prácticamente sin estudiar durante más de 130 años".

El indicio más sorprendente surgió en las zonas donde los músculos se conectan a la estructura ósea, las cuales presentaron un desarrollo extraordinario por movimientos repetitivos. Las evidencias descartan una existencia sedentaria en la corte y sugieren prácticas físicas continuas asociadas al manejo de armamento. De esa manera, los objetos bélicos del ajuar funerario pasan de ser simples adornos simbólicos a posibles instrumentos de combate reales.

¿Fueron verdaderas princesas guerreras las mujeres de la realeza del Antiguo Egipto?
Un reciente examen bioarqueológico sugiere que integrantes de la élite egipcia como Khenmet, Itaweret, Noub-Hotep e Ita practicaron el manejo de armamento pesado. Las marcas en sus esqueletos revelan hipertrofia en codos, antebrazos y manos, alteraciones óseas compatibles con la tensión constante del tiro con arco o la esgrima con puñales.

La pieza central del debate es una elaborada daga hallada en el sepulcro de Ita, la cual pasó años catalogada como simple adorno ceremonial. No obstante, las huellas de carga muscular en la base del meñique y en los brazos de la monarca respaldan la hipótesis de una instrucción militar efectiva. La convergencia entre los pertrechos y las modificaciones anatómicas indica que esas mujeres no limitaron su rol a funciones puramente pasivas dentro de la corte real.

Sin embargo, la comunidad científica mantiene cautela frente a estas conclusiones. Wolfram Grajetzki, egiptólogo del University College de Londres, califica el trabajo como "interesante", pero argumenta que otros oficios corporales explicarían tales marcas. En sintonía, Sébastien Villotte, bioarqueólogo del CNRS francés, tilda la conjetura de "plausible", aunque "especulativa", señalando la necesidad de contrastar los datos con restos óseos de la población general.
Fuente: larepublica.pe