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La llegada de cerca de 60.000 migrantes desde Marruecos a la ciudad autónoma española de en apenas 24 horas ha desencadenado una de las mayores crisis fronterizas que ha vivido España en los últimos años. El ingreso masivo, equivalente a casi el 70% de la población del enclave, dejó al menos 57 muertos, causó un colapso humanitario y obligó al gobierno de Pedro Sánchez al desplegar al ejército para recuperar el control.
Aunque las autoridades españolas informaron el viernes que unos 53.000 migrantes regresaron voluntariamente a Marruecos, las imágenes de miles de personas durmiendo en calles y parques evidenciaron la magnitud de una emergencia que rápidamente trascendió las fronteras españolas y encendió las alarmas en la Unión Europea.
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Para el internacionalista Enrique Banús, la situación no debe interpretarse como una agresión deliberada contra España, pese a que el gobierno de Sánchez calificó el episodio como una vulneración de su integridad territorial.
“Es una fórmula retórica para expresar que se trata de un asunto muy grave”, sostiene a El Comercio. “No estamos ante un ataque de una potencia extranjera, sino ante personas que intentan escapar de una situación de pobreza”, añade.
El director del Instituto de Estudios Europeos de la Universidad de Piura recuerda que Ceuta ha experimentado episodios similares durante años, aunque nunca con una dimensión comparable a la actual. La diferencia, explica, no radica en la existencia del fenómeno migratorio, sino en el carácter extraordinariamente masivo que adquirió en esta ocasión.
Ceuta, una ciudad de poco más de 80.000 habitantes ubicada en el norte de África, carece de infraestructura para absorber una llegada de semejante magnitud. Enrique Banús compara el enclave con un distrito limeño de tamaño medio como el de Miraflores y señala que ningún sistema de acogida podría responder a una presión de ese nivel, razón por la que muchos migrantes optaron por regresar al comprobar que no existían condiciones para permanecer allí.
Entre los factores que pudieron incentivar la avalancha figura una reciente decisión judicial que impide las devoluciones inmediatas de quienes llegan por vía marítima. Según Banús, la rápida difusión de ese fallo a través de redes sociales pudo generar la percepción de que ingresar a España era más sencillo.

A ello se suman los mensajes del Gobierno Español sobre la regularización de migrantes que ya residen en el país. Aunque ambas medidas responden a contextos distintos, el experto advierte que muchas veces estos anuncios terminan simplificándose y alimentan la idea de que Europa ofrece mayores facilidades para establecerse.
Otro elemento aún por esclarecer es el origen de quienes protagonizaron el cruce. Banús señala que una parte importante de los migrantes que llegan a España suele proceder del África subsahariana y permanece durante meses en Marruecos esperando una oportunidad para cruzar hacia Europa.
Si se confirma esa composición, añade, la crisis reflejaría un problema mucho más amplio que la relación entre España y Marruecos, al poner otra vez sobre la mesa las profundas desigualdades económicas y la inestabilidad política que persisten en los países africanos.
El impacto político también ha sido inmediato. Francia anunció el viernes un refuerzo de sus controles fronterizos e Italia suspendió el acuerdo Schengen de libre circulación de la Unión Europea (UE) con España, evidenciando la preocupación de otros socios europeos por el efecto que una crisis de este tipo puede tener sobre este espacio.
Banús considera que estas decisiones representan un mensaje político hacia Madrid. “Se piensa que un Estado es incapaz de controlar y garantizar la seguridad de las fronteras exteriores”, explica, aunque recuerda que los migrantes permanecen todavía en un enclave situado en territorio africano y no han accedido al continente europeo.

Para el internacionalista, el episodio llega además en un momento particularmente delicado para Sánchez dentro de la Unión Europea. Recuerda que el jefe del Gobierno español ya mantiene diferencias con varios socios comunitarios en asuntos como el incremento del gasto en defensa, impulsado por la OTAN y respaldado por la mayoría de países europeos tras la invasión rusa de Ucrania. En ese contexto, una crisis fronteriza de esta magnitud termina debilitando aún más su posición política.
El académico añade que el episodio también erosiona la imagen internacional de Sánchez, quien atraviesa un período marcado por cuestionamientos internos y tensiones con varios socios europeos. “La impresión que da en Europa es la de un Estado no fallido, pero que está fallando. Que ha permitido una crisis de unas dimensiones impresionantes”, afirma.
A su juicio, esa imagen puede dificultar que el Gobierno Español encuentre mayor respaldo entre sus socios europeos en un momento en que la gestión de las fronteras exteriores vuelve a situarse entre las principales prioridades del bloque.
Fuente: elcomercio.pe