Turismo: la apuesta estratégica que el próximo gobierno no puede postergar

El turismo en el Perú no tiene un problema de oferta, sino de gestión. Contamos con historia milenaria, naturaleza en abundancia, un servicio de altísima calidad y una gastronomía reconocida en el mundo. Sin embargo, como industria seguimos rezagados cerca de un 30% respecto a nuestros niveles prepandemia, mientras países como Chile, Brasil o Colombia ya los superaron. Es decir, otros mercados de la región crecen de forma sostenida y ya superaron registros históricos.

¿Qué están haciendo mejor nuestros vecinos? Primero, predictibilidad para el operador y para el viajero. Los destinos mejor gestionados operan con reglas claras y estables, de tal modo que el operador privado puede planificar inversiones y el turista puede reservar con anticipación y con certeza. Esa previsibilidad es la base sobre la que se construye la reputación de un destino.

Segundo, diversificación estratégica. Los países que lideran la recuperación no dependen de un solo ícono. Han desarrollado circuitos complementarios, han invertido en infraestructura descentralizada y han promovido destinos emergentes con visión de largo plazo. El Perú tiene esa riqueza (destinos con enorme potencial que hoy no reciben la atención ni la inversión que merecen), pero no la está aprovechando con decisión y estrategia.

El turismo es el cuarto generador de divisas del país. Genera más empleo directo e indirecto que otras industrias extractivas, convive de manera armoniosa con las culturas originarias y el medio ambiente, y puede ser un motor real de desarrollo social para las regiones. El Perú se encuentra en la parte media baja del ránking en recepción de turistas en Sudamérica, por debajo de Colombia y Chile. La brecha entre lo que somos y lo que podríamos ser es enorme, y está esperando ser cerrada.

El próximo gobierno recibirá un sector con demanda latente, con operadores privados que han demostrado resiliencia y con un destino que el mundo sigue queriendo conocer. Lo que debe traer es lo que hasta ahora ha faltado: una entidad con autoridad real sobre la gestión integral y de largo plazo de los destinos, una agenda de digitalización, transparencia y simplificación de procesos, y una apuesta sostenida por la diversificación de circuitos.

El caso de Machu Picchu es un ejemplo de lo que ocurre cuando se toman decisiones sin visión de conjunto. En el 2022 se definió que el 20% de tickets se venda exclusivamente de manera presencial para una visita para el día siguiente, creando un falso sentido de equidad. Hoy, en lugar de mantener un solo inventario y digitalizar el 100% de dicha venta para fortalecer la claridad, se ha ampliado hasta tres días, creando confusión en los pasajeros. Estos pequeños retrocesos acumulan un mensaje más grande: el Perú aún no termina de decidir que el turismo es prioridad. Más orden no significa menos turismo, sino mejor turismo, y el momento de ordenar es ahora.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

Fuente: elcomercio.pe

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