El inicio de un nuevo gobierno representa una oportunidad para enfrentar un desafío estructural del país: recuperar su competitividad. El Ránking Mundial de Competitividad 2026 del IMD muestra que el Perú se mantiene en el puesto 60 entre 70 economías evaluadas, aunque con un puntaje menor que el del año anterior. Más que un ránking, este resultado evidencia las dificultades para convertir la estabilidad macroeconómica en mayor productividad, inversión y crecimiento sostenible.
El Perú mantiene fortalezas importantes. La estabilidad de precios, el manejo monetario y la recuperación de la actividad económica explican su mejor desempeño en el pilar de desempeño económico. Sin embargo, estos avances no se traducen en mejoras estructurales debido a las debilidades en infraestructura, eficiencia del Estado y desarrollo del talento humano.
Los principales desafíos siguen concentrándose en la eficiencia del gobierno y la infraestructura. La inestabilidad política, la corrupción y las limitaciones en la gestión pública deterioran el clima de inversión, mientras que las brechas en infraestructura logística, tecnológica, educativa y sanitaria afectan la productividad y la competitividad.
Este reto no recae únicamente en el Estado. Las empresas también deben elevar su productividad, acelerar la adopción tecnológica e impulsar la innovación. En un entorno marcado por la inteligencia artificial y la transformación digital, competir exige talento, capacidades organizacionales y una apuesta permanente por el conocimiento.
El país no necesita nuevos diagnósticos. Los problemas están identificados desde hace años. La diferencia estará en la capacidad de ejecutar políticas públicas con continuidad y prioridades claras. Para el período 2026-2031, la agenda debería centrarse en fortalecer la institucionalidad, reducir la incertidumbre regulatoria, acelerar la ejecución de infraestructura, impulsar la transformación digital, desarrollar el talento humano y promover la innovación empresarial.
La experiencia internacional demuestra que la competitividad no se construye con medidas aisladas, sino con instituciones sólidas, consensos y políticas de largo plazo. El Perú cuenta con activos importantes, como estabilidad macroeconómica, recursos naturales y una ubicación estratégica. El desafío consiste en convertir esas fortalezas en productividad, inversión, empleo y bienestar. Solo así la competitividad dejará de medirse por la posición en un ránking y comenzará a reflejarse en una mejor calidad de vida para los peruanos.
Fuente: elcomercio.pe