Bienvenida la inversión, necesaria la planificación

Hace unas semanas recibimos con agrado el anuncio del Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC) sobre el acondicionamiento de los aeropuertos de Juliaca, Arequipa, Tacna, Puerto Maldonado y Ayacucho para recibir vuelos internacionales. Una medida que merece reconocimiento porque promueve nuevas oportunidades de conexión. Pero, también invita a una reflexión necesaria: entender qué implica hacerla realidad en toda su dimensión.

Internacionalizar un aeropuerto no significa únicamente ampliar pistas de aterrizaje o renovar salas de embarque. Todo eso suma, pero la infraestructura por sí sola no basta. Para que un aeropuerto pueda recibir vuelos internacionales de manera segura, eficiente y sostenible, se necesita construir un ecosistema operativo completo: presencia de Migraciones y Sunat, seguridad aeroportuaria, controles de seguridad, separación adecuada de flujos de pasajeros, controladores certificados y procedimientos debidamente publicados. Y, sobre todo, se requiere que estos componentes funcionen al mismo tiempo, de manera coordinada y sin espacio para la improvisación.

Hoy el Perú cuenta con once aeropuertos con categoría internacional. Sin embargo, solo cuatro reciben vuelos del extranjero con cierta regularidad y, en algunos casos, únicamente de manera estacional. Los demás operan casi exclusivamente rutas domésticas. Esa realidad nos muestra que tener la categoría es un punto de partida, pero no garantiza por sí misma el dinamismo, la demanda, ni la activación efectiva de nuevas rutas.

Con ello, surge una pregunta inevitable: ¿no deberíamos resolver primero los problemas que afectan actualmente a quienes vuelan dentro del país? Todavía existen provincias donde las operaciones se realizan solo en horas luz, aeropuertos con limitaciones de vuelos simultáneos y brechas operativas que impactan directamente en miles de pasajeros.

No se trata de descartar la propuesta, sino de ponerla en perspectiva. El reto es priorizar aquello que genera mayor valor para el país y para los pasajeros. Las aerolíneas abrimos rutas o incrementamos vuelos cuando existe demanda real, condiciones operativas adecuadas y un entorno que permita planificar. Así es la lógica del negocio que puede alinearse a los objetivos del Estado, siempre que se trabaje en conjunto desde el inicio. La conectividad también requiere de condiciones que permitan desarrollar mercados y economías regionales.

Por eso el anuncio del MTC debe ser el inicio de un proceso técnico. Cada terminal necesita una hoja de ruta propia con metas de demanda, fases de implementación y participación temprana de aerolíneas, concesionarios, gobiernos regionales, gremios turísticos y operadores logísticos.

Conocemos las fortalezas del Perú para consolidarse como hub de conexiones, sin embargo, estos no se decretan, se construyen con planificación, confianza y trabajo conjunto entre los mundos público y privado.

La Dirección General de Aeronáutica Civil ha abierto espacios de diálogo que van en la dirección correcta. Hay que aprovecharlos. Bienvenida la inversión, sí; pero cuidemos que cada dólar invertido produzca más vuelos, más acceso, más competitividad y una mejor propuesta para los viajeros. Hagamos de este anuncio el inicio de una conversación con todos los actores a bordo.

Fuente: elcomercio.pe

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