Desde que el pasado domingo se conocieron los resultados presidenciales en Colombia, el foco se ha puesto, como era de esperarse, en Abelardo de la Espriella, el abogado ganador de la primera vuelta y quien se medirá en el balotaje con el representante del petrismo, el izquierdista Iván Cepeda.
El populismo de De la Espriella calza con el auge de los discursos de derecha que dicen apartarse de la vieja manera de hacer política. Así como Javier Milei llegó al poder en Argentina denunciando a “la casta”, De la Espriella –que también busca ser el símil ideológico y físico de Bukele en El Salvador– habló de los “nunca”, de esos que nunca han vivido del Estado y que no han formado parte del establishment y de la clase política que siempre ha gobernado Colombia.
Pero para la segunda vuelta va a ser muy difícil que el abogado pueda sacudirse de los políticos. Sobre todo porque hay alguien que no está dispuesto a ceder protagonismo: el expresidente Álvaro Uribe Vélez, sin duda el personaje más importante de la política colombiana de los últimos 20 años.
Aunque la representante del uribismo en estas elecciones era Paloma Valencia, la senadora quedó en tercer lugar y con muchos menos votos de los esperados. De hecho, buena parte del voto duro del uribismo se fue para De la Espriella y en Colombia nadie duda de que por debajo de la mesa muchas cosas ya se hayan estado negociando incluso antes de la primera vuelta, cuando los números mostraban que el abogado le sacaría una buena ventaja a Valencia.
Tras los resultados, el exmandatario no dudó de inmediato en endosar a De la Espriella, que además durante su campaña acogió a muchos representantes del uribista Centro Democrático. No hay que olvidar que, cuando la campaña recién calentaba, el autodenominado ‘Tigre’ se acercó a Uribe, pero este lo hizo de lado y prefirió la estrategia de unas primarias de la derecha tradicional, que terminaron con la elección de Valencia en marzo pasado. Sin embargo, la candidatura que se suponía debía regresar al uribismo puro y duro al poder prefirió virar hacia el centro, una apuesta que terminó costándole las elecciones del pasado domingo. Un error que el exmandatario no está dispuesto a cometer de nuevo.
Aunque algunos señalan que la derrota del Centro Democrático significa la estocada final del uribismo, creo que es una lectura parcial. Es cierto que De la Espriella no querrá ser opacado por el ego inmenso que ya ha manifestado, pero, de ganar, está muy lejos de controlar el Congreso y sabe que necesita de alguien que sepa contener al petrismo y manejar, en serio, los hilos del poder. Y para eso está Uribe.
Fuente: elcomercio.pe