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Durante décadas, el camino del café ha seguido una ruta conocida: cosechar el fruto, despulparlo con abundante agua, lavarlo y secarlo antes de llegar a la taza. Pero en Oxapampa, una de las principales zonas cafetaleras del país, cientos de productores están demostrando que existe otra forma de hacerlo.
En la Reserva de Biósfera Oxapampa-Asháninka-Yánesha, un proyecto impulsado por Descocentro y respaldado por AL-INVEST Verde, programa de la Unión Europea, viene promoviendo procesos alternativos de producción conocidos como Honey y Natural. Ambos buscan reducir uno de los principales impactos ambientales asociados a la caficultura: el elevado consumo de agua durante el procesamiento del grano.
Según explica Luis Felipe García Calderón Sánchez, jefe de la Unidad Operativa Territorial Selva Central de Descocentro, el método tradicional puede requerir entre 40 y 60 litros de agua para procesar un solo kilo de café. Cuando se traslada esa cifra a una hectárea de cultivo, el volumen utilizado puede superar los 30 mil litros por cosecha.

“El café lavado sigue siendo el más consumido, pero existen alternativas que permiten reducir significativamente el uso de agua e incluso eliminarlo por completo”, señala. Una de ellas es el proceso Honey. En este método, el fruto es despulpado, pero el grano conserva el mucílago —una capa rica en azúcares naturales— durante el secado. Esto reduce considerablemente el uso de agua y produce perfiles de sabor distintos, apreciados por algunos consumidores de cafés especiales.
La otra alternativa es el proceso Natural. Aquí el fruto completo se seca sin ser despulpado previamente. El resultado es un café cuyo procesamiento no requiere una sola gota de agua.

El problema de las aguas mieles
Además del consumo hídrico, el proyecto busca enfrentar otro desafío menos visible para los consumidores: las llamadas aguas mieles. Se trata del líquido residual que se genera durante el lavado del café. Aunque proviene de materia orgánica, su alta concentración puede alterar ecosistemas acuáticos cuando es vertido directamente en quebradas o ríos.
Para enfrentar este problema, los productores participantes han comenzado a implementar filtros vivos de pasto vetiver, una planta capaz de depurar aguas residuales a través de sus raíces. El sistema permite tratar estos efluentes de manera natural antes de devolverlos al ambiente, reduciendo significativamente su impacto.
Cuando los residuos se convierten en oportunidades
La iniciativa también promueve prácticas de economía circular para aprovechar mejor los recursos disponibles en las fincas. Aquello que tradicionalmente se consideraba un desperdicio hoy está encontrando nuevos usos. La cáscara y la pulpa del café pueden transformarse en infusiones, bebidas energizantes, harina, compost, briquetas para combustible e incluso biochar, un producto utilizado para mejorar la calidad de los suelos.

Durante las capacitaciones realizadas en las comunidades, algunas familias experimentaron con la elaboración de panes y panetones utilizando harina obtenida a partir de la pulpa del café. Otras descubrieron el potencial de las infusiones elaboradas con la cáscara, una bebida de sabor suave que conserva parte de los aromas característicos del fruto.
Para García Calderón, el reto ya no es tecnológico. “La tecnología existe. Lo que falta es desarrollar mercados que permitan comercializar estos productos y generar ingresos adicionales para las familias cafetaleras”, explica.
Más de 500 productores involucrados
El proyecto se desarrolló en los distritos de Villa Rica, Oxapampa y Chontabamba. Aunque inicialmente se planteó trabajar con 300 agricultores, la iniciativa logró involucrar a más de 500 productores durante su ejecución.
Más de la mitad de los participantes fueron mujeres. Además de las capacitaciones técnicas relacionadas con la producción de café, las jornadas incluyeron espacios dedicados a la equidad de género, el fortalecimiento del liderazgo femenino y la gestión de finanzas familiares.

La experiencia también encontró terreno fértil en una provincia donde la conciencia ambiental forma parte de la vida cotidiana. Oxapampa, reconocida como Reserva de Biósfera por la UNESCO, cuenta con una larga tradición de iniciativas orientadas a la conservación y el manejo sostenible de los recursos naturales.
Aunque el desafío de ampliar el mercado para los cafés Honey y Natural continúa, los resultados obtenidos muestran que es posible producir café reduciendo el consumo de agua, disminuyendo la contaminación y generando nuevas oportunidades económicas para las comunidades que dependen de este cultivo.

En una época marcada por el cambio climático y la creciente presión sobre los recursos hídricos, la experiencia de Oxapampa plantea una pregunta cada vez más relevante: ¿podría el futuro del café requerir menos agua para llegar a nuestra taza?
Fuente: elcomercio.pe