Respeten el resultado

La segunda vuelta del 7 de junio se realizó de manera notablemente más ordenada que la primera. Los propios representantes de Juntos por el Perú (JP) y de Fuerza Popular lo reconocieron: las mesas se instalaron con puntualidad, se corrigieron los problemas logísticos que habían generado alarma el 12 de abril y el proceso transcurrió sin los incidentes que tanto daño le hicieron a la credibilidad electoral. Ambos partidos llamaron públicamente a respetar los resultados.

Eso duró poco. Conforme el conteo oficial de la ONPE fue reduciendo la ventaja inicial de Roberto Sánchez y se empezó a voltear el resultado, surgieron las conductas contradictorias. Quienes el domingo prometían acatar cualquier resultado, hoy salen a desacreditar el proceso y a convocar movilizaciones que, disfrazadas de “defensa del voto”, apuntan en realidad a presionar a los organismos electorales antes de que el JNE proclame al ganador.

Entre los más llamativos está Lucio Ccallo Ccallata, dirigente sindical de Puno, que ha alentado a las comunidades a movilizarse bajo el argumento de que no reconocerán a Keiko Fujimori como presidenta si gana. Esta, sin duda, no es una postura democrática: es una amenaza. Si hay irregularidades, hay mecanismos para denunciarlas. Si no las hay, hay que callar y acatar.

Igual de cuestionable es la actitud de Raúl Noblecilla, excandidato a la vicepresidencia por Podemos Perú. Noblecilla –quien durante la campaña predicó el valor de la voluntad popular– ahora cuestiona el conteo oficial y acusa un “fraude”.

En la misma cuestionable línea se encuentra el excandidato presidencial Ricardo Belmont, que en una entrevista ayer con “La República” denunció “un robo sucio” contra Sánchez. También consideró que “desde el primer día se construyó una elección fraudulenta”, pero pese a ello participó de los comicios en primera vuelta y logró colocar una nada despreciable cantidad de senadores y diputados.

Sin embargo, quizás lo más preocupante es la actitud del propio candidato Roberto Sánchez quien escribió el pasado miércoles en X: “Solo el pueblo salva al pueblo, con esperanza y democracia defenderemos la victoria popular”. La afirmación parece indicar que solo es una victoria popular si es que es la de su candidatura, pese a que en el país todos los votos valen exactamente lo mismo.

El Perú ya pagó un precio altísimo por la inestabilidad política. No necesita más gasolina sobre el fuego. Lo que necesita es que sus líderes políticos honren la promesa que hicieron al país: esperar, con paciencia y con madurez, a que el JNE proclame el resultado oficial y respeten el resultado.

Fuente: elcomercio.pe

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