Hay quienes piensan que el proceso electoral no debería demorar tanto. El Jurado Nacional de Elecciones dijo que la proclamación podría darse en la segunda quincena de julio.
El conteo de votos debe demorar lo que tenga que demorar. Las audiencias de los 60 jurados electorales especiales son públicas. Podemos ver, en directo, el reconteo voto por voto.
Esta elección es muy ajustada. Mucho está en juego: para los candidatos, para los partidos, pero, sobre todo, para la población.
La población siempre quiere saber quién va ganando. Se hace expectativas, desahoga sus pasiones y su estrés. Como en los estadios, la gente hace “olas” de uno y otro lado.
La espera del conteo oficial es una fiesta ferial. Los matemáticos, los calculistas, los estadísticos hacen sus cálculos y recálculos. Investigan el origen de las actas, contrastan con las encuestas regionales y proyectan un número.
El conteo oficial es aburrido, lento, nada festivo. Por momentos aparece un candidato primero; en otros, el otro. El conteo no lleva un orden muestral: sale según cómo llegan las actas.
Adelantar resultados, poner encuestas al medio o dar resultados preliminares, en el Perú, puede provocar un caos.
Imaginemos que damos un resultado preliminar y al final, por pocos votos, sale el otro candidato. Inmediatamente se reforzarían las teorías fraudistas. Mucha gente pensaría que ha sido engañada, que están alterando su voluntad política.
Eso, por supuesto, agravia y resiente. Tal situación podría provocar no solo protestas, sino verdaderas rebeliones, heridas y odios.
Ese riesgo es muy grande. La alternativa es esperar. Se debe fiscalizar mientras se realiza el proceso, no antes. Esperar es menos festivo, pero es más civil y más disciplinado.
Hay un problema con un anuncio a mediados de julio: da menos de una quincena para el cambio de mando. El cambio de mando, en realidad, debería hacerse por lo menos un mes antes de la asunción formal de la presidencia.
Los equipos de transferencia deberían trabajar antes de que el nuevo presidente se ponga la banda presidencial. La formalidad de la banda y el discurso deberían coronar un proceso de transferencia técnico, no al revés.
Ante la posibilidad de segundas vueltas ajustadas, tendría que correrse la fecha de la elección. ¿Le malogramos a alguien un fin de semana de su verano? ¡Bueno, pues!
El proceso actual deja muchas lecciones. Una sobre la que debemos discutir se refiere al conteo oficial: ¿lo protegemos o lo saboteamos?
Fuente: elcomercio.pe