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El politólogo Gonzalo Banda consideró que un eventual gobierno de Roberto Sánchez (Juntos por el Perú) será “débil”, porque depende de sus alianzas con Obras y Ahora Nación, mientras que uno de Keiko Fujimori (Fuerza Popular) generará una reacción “muy contestataria” desde el sur del país, que “repudia” su candidatura.
En entrevista con El Comercio, el también investigador refirió “si el peor pecado de Alberto Fujimori fue el autoritarismo, Keiko haría bien en rodearse de figuras democráticas”.
— La distancia entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez es mínima. Quien termine ganando la elección lo hará con un margen muy corto. ¿Esto puede generar una debilidad en el nuevo gobierno?
Generalmente, lo que hemos visto en las últimas tres elecciones ha sido que, efectivamente, los mandatos débiles producen presidentes débiles. Por ejemplo, Pedro Pablo Kuczynski y Pedro Castillo fueron mandatos bastante débiles. Entonces, evidentemente, este también va a ser un mandato débil, en el sentido, de que al ganar con poco tienes a una gran oposición.
Pero si la ganadora resulta ser Keiko Fujimori me parece que por la organización política que tiene, por la cantidad de contrapesos que tiene tanto en el Senado como en la cámara de diputados [frente a su eventual oposición], ese mandato débil de muchos presidentes anteriores, no sería el caso de Keiko Fujimori. Ella puede bloquear cualquier intento de vacancia con los senadores que tiene, controla una buena parte del Parlamento y tiene un partido sólido. Es decir, su estabilidad en el sentido de la política funcional de partidos del Congreso está casi asegurada.
— ¿Y en la situación de Sánchez?
En el caso de Sánchez no me parece que ese sea el escenario. Ahí sí hay un mandato un poquito más débil, porque depende básicamente de las dos alianzas que tiene con Belmont y López Chau, que, aunque ahora parezcan sólidas son en realidad bastante frágiles, especialmente con el partido Obras, que es un movimiento con poca organización y poca unidad. Dicho esto, Keiko Fujimori también enfrentaría un mandato complicado, porque evidentemente territorialmente hay una parte [del país] que es muy contestataria, reivindicativa, especialmente, en el sur peruano que repudia su candidatura.
— En el escenario en que Keiko Fujimori alcance la Presidencia, ¿cómo crees que será el proceso de aceptación de este eventual resultado en el sur, sierra central y norte andino, que no la apoyaron?
Me parece que eso es algo que vamos a tener que presenciar. Keiko Fujimori, evidentemente, es una figura polarizadora en el sur peruano, es repudiada en muchas de las zonas más rurales del país. Por ejemplo, en Puno también lo es en las zonas urbanas. Me parece que, si no hay una aproximación de Keiko Fujimori rápidamente a esos bolsones electorales con un mensaje de autocrítica, yo dudo mucho [que logre algún respaldo]. Evidentemente, este resultado va a ser procesado no solamente con dolor, sino también con un gran descontento que va a emerger apenas ella asuma la Presidencia.
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— ¿Qué tipo de gestos políticos debe tener Fujimori Higuchi en el inicio de su eventual gobierno?
Mira, hay varios. El primero tiene que ser este proceso de justicia y de reparación para las víctimas de las protestas de 2022 y 2023, que nunca pasó, que nunca lo discutieron. Eso, se omitió totalmente y básicamente se pasó la página como si esto no existiera y ella misma no consiguió ningún diálogo. En segundo lugar, tiene que estar dispuesta a abrir el tema de cómo mejorar la presencia del Estado en esas zonas en términos de servicios públicos, de programas sociales y cómo acerca al sur en sus demandas de mayor participación en la gobernanza de los recursos naturales y de mayor redistribución de las ganancias de muchas empresas mineras.
Y, además, buscar mejorar el diálogo con las autoridades locales y regionales del sur. Y hacer un ejercicio de real reconciliación. De lo contrario, si Keiko Fujimori cree que va a gobernar como hizo campaña, va a ser un gobierno muy pendiente de la navaja en cuanto a la movilización en el sur peruano. Cabe recordar que durante su campaña casi no fue al sur, salvo visitas muy esporádicas y controladas.
— En el sur, Sánchez ha obtenido votaciones superiores al 70% en casi todas las regiones. ¿Por qué esta zona del país votó así?
Básicamente, porque es una zona que en los últimos años ha desafiado el programa político, el modelo no solo económico, sino de relacionamiento político con el establishment. Entonces, hay una agenda de reivindicación, de incorporación ciudadana que no ha sido asumida. Hay una descentralización que ha sido fallida y una postergación de grandes proyectos para el desarrollo. Y también ha habido un proceso de persecución, si quieres verlo, ha habido muchas personas que han muerto en las protestas y que han sido ninguneadas y despreciadas por parte de la derecha peruana. Si se suman todas esas causas, te acercas un poco a esos porcentajes muy altos que ha obtenido Sánchez.

— En el norte el apoyo a Fujimori Huguchi fue mayoritario. ¿Por qué crees que se dio así?
Bueno, porque económicamente, la costa norte, hay que matizar, porque la sierra norte es otro cantar, la costa norte peruana es una zona que depende mucho de la agroindustria. Entonces, es una zona mucho más incorporada y que ha crecido con mano de obra intensiva. Básicamente, proyectos agrícolas. Tienen un desarrollo económico más pujante. Y también tienen una memoria política, especialmente con el fenómeno de El Niño, que Alberto Fujimori atendió. Y cuando hay un candidato que supone que va a desafiar ese modelo económico, ellos responden de esa manera. Están defendiendo ese modelo que para ellos les ha producido cierto bienestar. Y no me extraña que esa sea una fractura que se refleja [en el país] continuamente.
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— Fuerza Popular en el Congreso respaldó las llamadas leyes procrimen, la ampliación del Reinfo y también tiene a personajes afines en otras instituciones del Estado. ¿Cuál crees que vaya a ser su comportamiento en el Ejecutivo?
Me parece que de eso no va a retroceder fácilmente. No, no veo a Fuerza Popular derogando las denominadas leyes procrimen. No la veo porque básicamente el fujimorismo es un movimiento que no ha hecho autocrítica de sus errores. Y en la campaña de segunda vuelta no intentó ni siquiera moderarse. No veo a Keiko Fujimori ya en el gobierno tratando de moderarse en el tema de las leyes procrimen, porque ellos las han defendido, han dicho que no son leyes procrimen y que ha sido una mala interpretación.
Sobre el tema del Reinfo, me parece que tanto Fuerza Popular como Juntos por el Perú, más o menos, han estado de acuerdo en eso. El equilibrio de poder no va a cambiar mucho sobre el Reinfo. El asunto es que las economías ilegales se hubieran sentido bastante tranquilas con uno como con otro escenario, porque básicamente ambos han promovido que el Reinfo continúe como está. El fujimorismo en este momento no tiene estímulos e incentivos para moderarse.
— ¿Cómo proyectas al eventual gobierno de Keiko Fujimori? ¿Puede ser similar al segundo mandato de Alan García?
A ver, hay que hacer varias diferencias. Alan García llegó al poder por temor a Ollanta Humala, pero con una base de votantes bastante contestataria. Alan hizo campaña en contra de las AFP, en contra las services (tercerización laboral), en contra de la candidata de los ricos, como él llamó a Lourdes Flores. En este caso, Keiko Fujimori no llega con ese mandato, sino más pro establishment. Sí se va a parecer en el manejo de la macroeconomía, del orden fiscal, y va a llevar consigo una agenda que permita un mayor comercio con otros países.
Por otro lado, sobre el gasto fiscal, hay que observar que el fujimorismo en el Congreso promovió varias leyes que han aumentado el déficit fiscal. No nos olvidemos que el fujimorismo es un populismo, finalmente. Entonces, responsable fiscal no ha sido. Hay que ver ahí, porque Luis Carranza [exministro de Economía y parte del equipo técnico de Fuerza Popular] ha sido muy crítico con eso. Hay que ver si un eventual gobierno de Fujimori va a hacer recortes. El fujimorismo ha hecho muchas promesas, como ampliar programas sociales, y eso se tiene que financiar de algún lado.
— ¿Por ejemplo, crees que un gobierno fujimorismo puede acentuar los conflictos sociales?
Sí, definitivamente, creo que sí. De nuevo volvamos a la primera o segunda pregunta que me hiciste. Las zonas donde hay mayores proyectos mineros han votado mayoritariamente por Sánchez. Básicamente, lo que estas zonas reclaman, si quieres verlo, es una gobernanza distinta sobre los recursos minerales, gasíferos y petrolíferos. Y eso básicamente enfrenta a Fuerza Popular con la idea que tiene de impulsar proyectos mineros. ¿Cómo va a convencer a esa ciudadana que reclama eso [un cambio]? Si no lo hace, va a tener conflictos y también va a tener movilización.
Es importante que el fujimorismo se anticipe a esos conflictos sociales. No basta simplemente con creer que puedes comprarlos con dinero, en la campaña de 2021, ellos propusieron un bono por el canon minero, pero con eso no resuelves el problema. El acercamiento tiene que ser político y con mensajes políticos sinceros. De lo contrario, va a tener muchos conflictos sociales.
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— En caso Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú, alcance la Presidencia, ¿qué tipo de medidas concretas debe adoptar de cara al rechazo que tuvo en Lima y la costa norteña?
El principal mensaje es que el caos y la improvisación de lo que fue el gobierno de Pedro Castillo no se va a permitir. Hay que recordar que hubo un cuoteo patrimonialista en los ministerios, y todo eso generó temor y se dio la fuga de capitales. Hubo un aumento del costo de vida y desprolijidad en el manejo económico. Y eso es algo que Sánchez no se puede permitir, tendría que ajustar la correa y transmitir confianza. Incluso, emitiendo mensajes positivos [al inicio], Castillo no pudo evitar la fuga masiva de capitales.
— Sánchez, inicialmente, exhortó a que se respeten los resultados, pero ahora ha evitado responder a esa pregunta. Y habla de una intención de “torcer” la voluntad popular sin presentar pruebas. ¿Se viene la versión fraudista de la izquierda?
En el Perú hay suficientes estudios que demuestran que más allá de izquierdas y derechas en términos de democracia, lo que hay son demócratas precarios, como lo diría un colega mío. Esa precariedad se manifiesta tanto en la derecha como en la izquierda y hay una ausencia de autocritica cuando pierden, que casi siempre los lleva a culpar a elementos externos.
Entonces, me parece que si es que ese va a ser el discurso que va a mantener [Sánchez], que estaría girando, porque en un primer momento, él dijo que iba a respetar los resultados, si es que él decide girar y comienza a instalar sospechas, porque primero hará eso y si luego esas sospechas escalan a narrativas fraudistas, pues se estaría comportando como aquello [que cuestionó].
— Como Fuerza Popular en el 2021…
Claro, un poco tratando de patear el tablero, aunque con algunos matices. El fujimorismo sí planteó otras medidas, como básicamente desaparecer el voto de las zonas rurales.
— Juntos por el Perú ha planteado la nulidad de actas en Lima…
Exacto, entonces, lo que un día aplica para uno, luego aplica para los otros, porque la precariedad no es de la izquierda y la derecha, la precariedad es de las convicciones democráticas de nuestras candidaturas.

— ¿Ve al antifujimorismo sumarse a una eventual corriente fraudista de Sánchez y sus aliados?
Al antifujimorismo más ideologizado, más de izquierda, sí lo veo moviéndose por ahí. Pero al antifujimorismo con más convicciones democráticas, que digamos fue el espíritu del nacimiento del antifujimorismo, no me lo imagino endosando eso. El antifujimorismo de centro izquierda, progresista, seguramente está triste por la noticia, pero finalmente tendrá que respetar los resultados. El antifujimorismo es muy diverso, entonces seguramente habrá una parte que se va a resistir y se va a plegar a esas narrativas [de fraude], pero otra parte un poco más sensata que va a decir que hay que replegarse, digerir la derrota y reorganizarse políticamente para luego planificar un contraataque político. Creo que ese es el mensaje que debería primar, el cómo se organizan políticamente para hacer frente a un gobierno de Keiko Fujimori, al cual se ha temido durante más de 15 años. Si el antifujimorismo se pliega a una narrativa fraudista va a debilitar el movimiento y van a perder adhesiones de cara a los próximos cinco años.
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— Sin ser Ejecutivo, ¿Juntos por el Perú podrá mantener su alianza con Ahora Nación y Obras en el nuevo Congreso bicameral?
Yo creo que, naturalmente, van a tener que votar a favor de proyectos en los que seguramente ideológicamente comulguen. Me parece que van a ser oposición, porque todo pinta para que varios partidos, incluyendo al Buen Gobierno, lo sean si Keiko Fujimori llega a ser presidente. A ella, naturalmente, solo la veo aliándose con Renovación Popular [en el Congreso bicameral]. Me parece que [Juntos por el Perú, Ahora Nación y Obras] van a ser aliados en la oposición, pero en términos programáticos ya es otra cosa.
— Es muy probable que Roberto Sánchez obtenga más votos en territorio nacional, pero que Keiko Fujimori termine ganando la elección con los votos de los peruanos en el extranjero. ¿Cómo se puede interpretar esta situación?
Es cierto y es verdad que, por primera vez pasa esto, pero eso no quita que no se haya dado en procesos anteriores y que no haya sido suficiente. Keiko Fujimori, en elecciones pasadas, salvo con Kuczynski [en el 2016], recibió muchos más votos [que su oponente] en el extranjero, pero no le bastaron, porque la diferencia en territorio nacional [a favor de su contrincante era más alta]. En esta elección, como esa diferencia ha sido muy escasa, esos 70 mil votos que le ha sacado a Sánchez en territorio extranjero pueden ser suficientes. En segundo lugar, el peruano es peruano sin importar dónde esté viviendo. Creo que esa una de las narrativas más peligrosas que se puede explorar.
— Desde la izquierda han surgido voces de críticas sobre el voto de los peruanos en el extranjero…
Sí, y esas narrativas desconocen el derecho al voto y que exista un distrito electoral de peruanos en el extranjero, precisamente, fue una reforma política impulsada por sectores progresistas, en su momento, para dar voz política a aquellos sectores que vivían en el extranjero. No fue impulsada por la derecha ni por los partidarios de Keiko Fujimori.
— ¿Por qué se da el respaldo mayoritario de los peruanos en el extranjero a Fuerza Popular?
[…] Muchos de esos peruanos, que se han ido del país, lo hicieron precisamente porque considerar que el Perú no les ofrece ofertas económicas de crecimiento y que, si votan más por la derecha, en este caso por Keiko Fujimori, es porque creen que la propuesta de izquierda no les supone una ventaja económica y tampoco les ánima a volver al país. Entonces, hay que hacer una reflexión, ¿por qué esta gente vota por la derecha? No están tan ideologizados, sino que es gente un poco más pragmática que dice: “Yo vuelvo al Perú si la cosa mejora y si llega la izquierda [al poder], yo creo que no va a mejorar”. Y creo que hay que ver el resultado con mucho cuidado, porque es un momento doloroso para muchos antifujimoristas.
— Al momento, al menos 7,4 millones de ciudadanos no fueron a votar. ¿Esto muestra a un país donde a una gran parte de la población no le importa la democracia? ¿O es falta de conciencia cívica?
Históricamente, el ausentismo ha aumentado entre la primera y segunda vuelta. Pero estamos frente a cifras de ausentismo muy grandes. Hay varias explicaciones, la primera, muchos peruanos han emigrado, muchos no pueden votar [por las distancias de los locales de votación en el extranjero] y otros porque no cambiaron su DNI a tiempo […] Y luego, no solo empeoró la participación política en los distritos muy acomodados, si ves los distritos donde Pedro Castillo ganó con más afán en el 2021 también ha empeorado su participación política. Una interpretación incorrecta, es decir: solo los miraflorinos, sanisidrinos son comodones y no van a votar. Pero la participación política también disminuyó en bolsones electorales muy castillistas. Y tiene mucho que ver con los candidatos que pasaron, entre los dos no llegan al 30% [en primera vuelta]. Hay que ver que, tal vez, la razón fue que había dos candidatos repudiados por mucha gente.
— El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no respaldó abiertamente a Keiko Fujimori, como sí lo hizo con otros candidatos de derecha en la región. Por ejemplo, en Argentina, Honduras y Colombia. ¿Por qué cree que se da esta situación?
Básicamente, no estamos en el radar político de Trump. Recuerda que Trump tiene un radar político peculiar y, tal vez, el Perú significa muy poquito en primer lugar. Y, en segundo lugar, porque, me parece que ahí Marco Rubio le puede haber dicho que muchas veces sus endosos podían terminar siendo perjudiciales. Mira lo que le pasó a [Viktor] Orbán en Hungría. Pero también hay que ponderar cuánto significamos para Estados Unidos. ¿Por qué el embajador de Estados Unidos en Lima es tan participativo y el presidente Trump no interviene? Porque yo creo que detrás hay alguien que le dice: “Oye, si nos metemos podemos viciar nuestros propios intereses”.
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— Existe mucha preocupación sobre la conducta que pueda tener Keiko Fujimori en un eventual gobierno de Fuerza Popular. Ella ha señalado que no repetirá un Grupo Colina ni tendrá a un Vladimiro Montesinos, como pasó en la administración de su padre. Además, que dejará el poder en cinco años. ¿Te genera alguna señal de preocupación su comportamiento democrático?
Sí, por supuesto, porque el fujimorismo no solamente va a tener un gran poder, sino que tiene una gran influencia en muchas de las instituciones del país. De hecho, gracias a sus votos, muchos miembros del Tribunal Constitucional están donde están, igual con los miembros de la Junta Nacional de Justicia. Tiene un poder político que excede el ámbito legislativo, y ahora va a tener el Ejecutivo. Es decir, pasamos a tener después de muchos años en el Perú una organización política con muchísimo poder.
Y una de las sospechas que recaen sobre el fujimorista es: ¿qué va a hacer cuando tenga mucho poder? Porque Keiko Fujimori por más que haya dicho que va a respetar todos los controles democráticos y los equilibrios de poderes, en su comportamiento- ojo, no Alberto Fujimori-Keiko Fujimori tendió a avasallar esos “checks and balances”, si quieres ver, esos equilibrios que existían en la política peruana. Entonces, es un temor fundado.
— ¿Y tiene Keiko Fujimori alguna ruta a seguir para disminuir estos temores?
Entregando parte del poder. Si va a querer presidir la cámara de senadores, si va a querer presidir la cámara de diputados, si va a querer concentrar más poder, pues la sombra de ese contubernio seguirá creciendo. Tiene que repartir el poder político y tiene que entender que su Gabinete Ministerial tiene que ser un Gabinete plural. Pero yo sospecho que no lo va a hacer, porque su estrategia política no se basó en moderarse. Y esa será una mala noticia si esto termina de pasar.
Algo que me sorprendería para bien es que el fujimorismo pueda ceder poder en el Ejecutivo. Por ejemplo, si pone de premier a una persona [que no sea de su partido], más o menos política, pero competente, pues estaría pintando la escena de otro fujimorismo, que es lo que básicamente hizo Alan García. Él, cuando comenzó, se rodeó de tecnócratas que eran complemente opuestos a la lógica de su primer gobierno. Y si el peor pecado de Alberto Fujimori fue el autoritarismo, ella haría bien en rodearse de figuras democráticas, aunque sean de derecha.
Fuente: elcomercio.pe