Restricciones, protestas y geopolítica marcan el debut de Irán en el Mundial 2026 de Estados Unidos, México y Canadá

La Copa del Mundo, el evento deportivo más importante del planeta, ya vive su vigésima tercera edición con un formato renovado que amplió de 32 a 48 el número de selecciones participantes. Sin embargo, más allá de la competencia en las canchas, el Mundial 2026 también está marcado por un complejo contexto geopolítico. La cita organizada por Estados Unidos, México y Canadá coincide con la guerra en Oriente Medio, las redadas migratorias impulsadas por el Gobierno Estadounidense, las restricciones de ingreso que afectan a integrantes de algunas delegaciones y las diferencias políticas entre los tres países anfitriones.

El ejemplo más evidente de esa tensión es la República Islámica de Irán. La selección persa debutará este lunes frente a Nueva Zelanda en Los Ángeles, pero lo hará en medio de un conflicto bélico frente a Estados Unidos e Israel. Este contexto inédito también se ha trasladado al torneo. Desde el 28 de febrero, cuando iniciaron los ataques entre estos tres países, se generó una incertidumbre sobre la participación de los iraníes en la Copa del Mundo, la cual fue solucionada semanas antes del arranque del evento futbolístico.

LEE TAMBIÉN: Restricciones y estrategias de seguridad: así se blinda el Mundial 2026El mediocampista iraní Mehdi Ghayedi desciende del autobús a su llegada al aeropuerto de Antalya, en Turquía, antes de viajar a México para disputar el Mundial 2026. (Crédito: Oner San / AFP)

No obstante, Washington negó el acceso a una quincena de integrantes de la delegación iraní —entre directivos y otros responsables—, generando que el cuadro asiático ya no utilice a Tucson, Arizona, como base de entrenamiento durante el torneo y optando por Tijuana, México.

Para el internacionalista Francisco Belaúnde Matossian, estas restricciones no pueden analizarse al margen del escenario político. “Estados Unidos ha estado poniendo restricciones que pueden entenderse como una extensión del conflicto”, explica a El Comercio. A su juicio, las limitaciones impuestas a la delegación iraní forman parte de una política más amplia del gobierno estadounidense hacia determinados países y terminan impactando también en un evento deportivo de alcance mundial.

La situación se vuelve aún más compleja por el lugar donde se jugará el primer encuentro de Irán. Los Ángeles alberga una de las comunidades iraníes más numerosas fuera de su país y diversos grupos opositores al régimen han convocado manifestaciones para el día del partido. Entre los símbolos previstos figura la bandera iraní previa a la Revolución Islámica, la enseña verde, blanca y roja que cuenta además con un león y un sol, rechazada por el régimen actual de Teherán.

Fotografía difundida por la Oficina de Prensa de la Federación Iraní de Fútbol el 6 de junio de 2026 que muestra a los jugadores de la selección de Irán posando en Antalya, Turquía, antes de partir rumbo a México. En Tijuana tiene su campamento base del Mundial. (Foto: Federación Iraní de Fútbol / AFP)

“Habrá que ver si algunos opositores que compraron entradas intentan desplegar esas banderas”, señala Belaúnde. El analista considera que la atención no solo estará puesta en el juego, sino también en la reacción de la delegación iraní y de la FIFA si se producen expresiones políticas dentro del estadio.

Cabe destacar que el SoFi Stadium de la ciudad más poblada de California será también el escenario para el segundo encuentro del conjunto persa en la Copa del Mundo, programado para el domingo. En la última fecha del Grupo G la delegación iraní deberá recorrar más kilómetros, pues jugará en Seattle frente a Egipto.

La tensión no es menor. Autoridades deportivas iraníes ya han advertido que vigilarán de cerca las banderas y los cánticos en las tribunas, mientras que el ente rector del fútbol internacional mantiene una normativa que prohíbe manifestaciones de naturaleza política en los escenarios mundialistas. Sin embargo, queda claro que su aplicación ha sido desigual en distintas competiciones.

Para Francisco Belaunde Mattosian, lo que ocurre con Irán no constituye una excepción, sino un ejemplo más de una larga historia de interferencias entre política y deporte, y no solo en la Copa del Mundo. “El tema geopolítico siempre se cruza con lo deportivo”, afirma.

Como antecedentes, recuerda los boicots a los Juegos Olímpicos de Moscú 1980, impulsados por países occidentales tras la invasión soviética de Afganistán, y la respuesta del bloque comunista con la ausencia en Los Ángeles 1984. También menciona la exclusión de Rusia de diversas competiciones internacionales tras el inicio de la guerra en Ucrania.

“No conozco antecedentes exactos de una situación igual a la actual, pero sí hemos visto cómo conflictos internacionales terminan condicionando grandes eventos deportivos”, comenta. En ese sentido, considera que el enfrentamiento entre Irán y Estados Unidos ha colocado a la FIFA en una posición especialmente delicada.

Gianni Infantino visitó por primera vez el Despacho Oval en 2018, durante el primer mandato del presidente Trump, y el año pasado le otorgó el "Premio de la Paz de la FIFA"

El especialista también pone el foco en el papel del máximo organismo del fútbol mundial y de su presidente, Gianni Infantino. “Habría que ver si algunas de sus decisiones obedecen a convicciones propias o a la necesidad de asegurar que el Mundial se desarrolle sin contratiempos”, sostiene. Incluso considera que la relación con el gobierno estadounidense proyecta una imagen de cercanía que ha despertado críticas, sobre todo con la entrega a Donald Trump del ‘Premio de la Paz de la FIFA’ en diciembre pasado.

“Habría que ver si esa postura de Infantino es genuina o si obedece a la necesidad de asegurar que el mundial se lleve a cabo sin ningún problema, ya que Trump es imprevisible y podría haber dicho que ya no se organizara el Mundial en su país. Aun así, Infantino muestra una postura casi servil con el gobiern o de Estados Unidos”, añade el internacionalista.

En paralelo, la posibilidad de que las protestas lleguen a las gradas añade un elemento imprevisible. Belaúnde recuerda que durante Qatar 2022 ya se produjeron manifestaciones de rechazo al régimen iraní —hinchas abuchearon su propio himno y se observaban carteles en las gradas en apoyo al movimiento “Mujer, Vida. Libertad” tras las brutales represiones del gobierno teocrático— y no descarta que escenas similares vuelvan a repetirse. “Estamos en medio de una guerra y eso hace todo mucho más complicado”, sostiene.

Así, el debut de Irán trasciende lo estrictamente futbolístico. Más que un simple partido de fase de grupos, se presenta como un nuevo episodio en el que las disputas internacionales, las políticas migratorias y las tensiones diplomáticas amenazan con ocupar el centro de la escena en el torneo más importante del planeta.

Fuente: elcomercio.pe

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