¿Somos un país de dinastías políticas? La flamante elección de Keiko Fujimori como presidenta podría llevarnos a pensarlo. Un examen histórico de nuestra galería de mandatarios muestra que, en dos siglos de vida republicana, contamos con dos antecedentes de padre e hijo presidentes: el de Manuel Pardo y su hijo José, y el de Mariano Ignacio Prado y su hijo Manuel.
Manuel Pardo fue elegido presidente para el período 1872-1876, convirtiéndose en el primer mandatario civil de nuestra historia. Murió asesinado dos años después del final de su gobierno, cuando ejercía la presidencia del Senado. En 1904, su hijo José Pardo, de solo 14 años cuando murió su padre, fue elegido presidente, en una época en la que el derecho al voto estaba muy restringido. Volvió a serlo más adelante, para el período 1915-1919. Padre e hijo militaron en el Partido Civil, que dominó la política peruana entre las décadas finales del siglo XIX y las primeras del XX.
Los Pardo pertenecieron a un linaje con un rico historial político. El abuelo de Manuel se desempeñó como oidor de la Audiencia de Lima, un alto cargo en el tiempo de los virreyes. Estuvo también al comando de la Audiencia del Cusco, donde le cupo enfrentar a la rebelión independentista de Mateo Pumacahua y de los hermanos Angulo. El padre de Manuel fue Felipe Pardo y Aliaga, ministro en las carteras de Gobierno y Relaciones Exteriores unas décadas después de la independencia. En las postrimerías del siglo pasado, un sobrino de José Pardo, Francisco Pardo Mesones, llegó a tener figuración política, primero como opositor a la estatización de la banca durante el primer gobierno de Alan García y después como parlamentario.
El otro caso es el de Mariano Ignacio Prado, elegido presidente para el período 1876-1880 (había ejercido antes la dictadura de 1865-1868, denunciando un concesivo arreglo con España), pero al finalizar el año 1879 salió del país para dirigir personalmente la compra de armamento y barcos de guerra, después de la tragedia de Angamos. Este viaje fue considerado por muchos una irresponsable huida en medio del conflicto. Varios de sus hijos tuvieron, sin embargo, una destacada actuación política y empresarial. En 1939, uno de ellos, Manuel Prado Ugarteche, fue elegido presidente de la República. En 1956, volvió a ganar un mandato presidencial, completando así los Prado 18 años al comando de este triciclo llamado Perú.
Un caso próximo sería el de los Morales Bermúdez, pero saltándose una generación (además de la legalidad). En 1890, el general Remigio Morales Bermúdez fue elegido presidente; casi un siglo después, su nieto Francisco Morales Bermúdez ejerció la presidencia entre 1975 y 1980, tras el derrocamiento del general Juan Velasco Alvarado. Un hijo de Francisco Morales Bermúdez luego fue ministro y parlamentario en las décadas finales del siglo pasado.
Ha habido intentos por hacer esta lista más larga: tanto el hijo como el nieto de Fernando Belaunde Terry procuraron la presidencia en elecciones pasadas, fracasando en el intento.
¿Resultan estos antecedentes una magra cosecha como para afirmar que somos un país de dinastías políticas? Si nos ponemos a sumar los años gobernados por los Pardo, Prado, Morales Bermúdez y ahora los Fujimori, la cuenta pasará del medio siglo. Con lo que el tema se presta para el debate.
La figura de padres e hijos presidentes ha ocurrido en diversos países americanos, como Chile, Bolivia o Estados Unidos. De un lado, parecería expresar cierta nostalgia por la monarquía, puesto que la reedición se ha dado a partir de presidentes que, para bien o para mal, dejaron una fuerte impronta en la memoria nacional. La reelección lograda por los hijos unos ciclos después demostraría que realizaron buenos gobiernos o, al menos, que forjaron redes de apoyo político persistentes. De otro lado, atestiguaría la presencia de clanes familiares con vocación política, cuyos miembros aprovechan el capital legado por sus ancestros.
Fuente: elcomercio.pe