Hace unos días fui invitado por Marco Loret de Mola a su programa “Perú Potencia”, un espacio que nació con un propósito muy claro: demostrar, a través de historias reales, que el Perú tiene un potencial inmenso cuando decide creer en sí mismo.
Durante la conversación, Marco me hizo una pregunta que parecía sencilla, pero que escondía una reflexión mucho más profunda.
—Alberto, ¿podemos decir que el Perú se está convirtiendo en una potencia creativa?
Mi respuesta fue inmediata.
—No, Marco. El Perú no se está convirtiendo. El Perú ya es una potencia creativa desde hace más de una década.
Y no es una afirmación basada en el entusiasmo. Es un hecho. En el último Festival Internacional de Creatividad de Cannes, el más importante del mundo, nuestro país terminó entre los diez más premiados del planeta. Si pensamos que el festival existe desde 1954 y que tuvieron que pasar cuarenta y cinco años para que el Perú obtuviera su primer León, en 1998, entendemos que este no ha sido un golpe de suerte. Ha sido una construcción paciente, colectiva y perseverante.
Aquel primer León abrió una puerta que nunca volvió a cerrarse. Hoy esa puerta se ha convertido en un gran portón por el que la creatividad peruana entra todos los años con naturalidad. Ya somos, como decimos coloquialmente, “caseritos” en Cannes.
Pero la verdadera historia ocurrió una noche, frente al tradicional Hotel Martínez.
La delegación peruana era una de las más numerosas de los últimos años. Había agencias grandes y pequeñas, jóvenes y veteranas; agencias de medios, anunciantes como BCP y Alicorp, productoras, empresas de investigación como Ipsos y decenas de profesionales celebrando como un solo equipo.
Entre abrazos, saludos y felicitaciones, una pareja de esposos, dueños de una agencia en Chile, se acercó a conversar conmigo.
—“Queremos entender el fenómeno Perú” —me dijeron—. Admiramos cómo se ha convertido en una potencia creativa mundial. Pero, sobre todo, nos sorprende algo más: la energía de la delegación peruana. Se les ve unidos, alegres, orgullosos unos de otros. ¿Cuál es la fórmula?
Confieso que la pregunta me agarró frío. Me generó primero sorpresa, pero luego sentí orgullo.
Les dije: Creo que el gran cambio se dio en el momento que como industria, clientes y agencias nos pusimos un objetivo en común. Cuando dejamos de mirar únicamente nuestros propios logros y empezamos a celebrar y aplaudir el éxito del resto. Cuando entendimos que la conquista de una agencia elevaba el prestigio de toda la industria. Cuando clientes y agencias dejaron de verse como dos partes de una negociación para convertirse en un solo equipo, dispuesto a asumir riesgos y confiar mutuamente.
Los Leones de Cannes son la consecuencia de este viaje que empezamos juntos como industria. Una industria que decidió colaborar más, compartir más y competir mejor.
A pocos días de celebrar nuestras Fiestas Patrias y de iniciar un nuevo gobierno, esta historia deja una reflexión que va mucho más allá de la publicidad. Cuando un país empieza a trabajar por un objetivo compartido, ocurren cosas extraordinarias. Así ocurrió con la creatividad peruana. No fue producto de la casualidad, sino de una decisión colectiva: confiar más, colaborar más, celebrar el éxito ajeno y entender que el triunfo de uno nos inspira y fortalece a todos.
Quizá esa sea también la gran tarea que como peruanos enfrentamos hoy. Cambiar la lógica del enfrentamiento por la de la construcción; dejar atrás el “ellos” para volver a hablar de “nosotros”. Porque las elecciones terminan el día que se cuentan los votos, pero el futuro empieza al día siguiente.
Como suele decirse en el deporte, en la empresa y en la vida: solos podemos avanzar más rápido; juntos siempre llegaremos mucho más lejos. Y si una industria tan competitiva como la publicidad peruana pudo demostrarlo al mundo, no hay razón para que un país entero no pueda hacerlo también.
Fuente: elcomercio.pe