En economía, aún no aprendemos

Aún no aprendemos que, sin una visión holística de nuestro país, será imposible que la buena macroeconomía alcance a crear bienestar para todos. Los problemas económicos de hoy no son ajenos a las asimetrías sociales, a la inmadurez y sobre empoderamiento de la clase política, a los intereses de ciertos segmentos gremiales, a nuestra incapacidad de disponer de una adecuada lectura de lo complicado de la geopolítica y a las lecciones que nuestra historia ha dejado, de las cuales no aprendemos.

Aún no aprendemos que nuestra política económica sin una perspectiva estructural nos mostrará únicamente resultados parciales, insuficientes y con alta probabilidad de que se reiteren a futuro. Nos hemos acostumbrado a convivir con resultados económicos limitados que se ajustan solo al corto plazo y que resultan destacables cuando los precios de los minerales nos ayudan. Debemos ser claros, en estricto, aún no hemos encontrado solución real y estructural al problema fiscal, al de la descentralización, al de la competencia, al del mercado laboral, por citar solo algunos casos.

Aún no aprendemos que el problema de la calidad de Estado trasciende al tema exclusivo de la meritocracia. Nadie discute la importancia de esta, pero dejar de reconocer que el aparato público requiere cirugía mayor, resulta otro sin sentido. Debemos generar una reingeniería integral del Estado que replantee su organización trasnochada, su gobernanza avasallada por la corrupción, su dimensionamiento extremo y su oposición camuflada al rendimiento de cuentas a favor de la sociedad civil.

Aún no aprendemos que mientras nuestra institucionalidad sea débil y mediocre, corresponde al frente privado y a la sociedad civil crear mecanismos de rendimiento de cuentas a su favor a fin de disponer de elementos disuasivos que impidan el crecimiento de la corrupción, el desorden y el sobre empoderamiento de la clase política. Requerimos, por ejemplo, que se nos rinda directamente cuentas sobre los miles de millones de soles que se pierden en megaproyectos mal diseñados, en un fondo de estabilización fiscal que se evaporó sin mayor explicación y en un canon minero diezmado por la corrupción regional.

Aún no aprendemos que es imposible crear un mercado interno sólido y predecible en un contexto donde gran parte de nuestra población continúa siendo descuidada, engañada y abandonada. No aprendemos que el crecimiento del PBI es insuficiente para vencer a la pobreza y que requerimos hacerlo más sostenible y menos dependiente de las ondulaciones propias de nuestros ciclos económicos. No entendemos que la mejor manera de maximizar valor en nuestras empresas es compartiéndolo racionalmente. En contraste, nuestros gremios empresariales ni unidad tienen y requieren reinventarse también.

Aún no aprendemos que no es cierto que nos falte ejecutar reformas estructurales. Las hemos ejecutado casi todas, pero mal. Sus deficiencias se han dado porque, en algunos casos, han ocultado intereses particulares que han afectado su diseño y ejecutoria. Cuántas reformas hemos tenido en materia fiscal, regional, de derecho de propiedad y competencia de mercados, del mercado de valores. Cuántas reformas del sistema de salud, educación, justicia del sistema electoral y de partidos políticos, de la policía. El resultado ha sido la mediocridad que nos rodea. Estas han sido manipuladas por intereses ocultos.

Aún no aprendemos que debemos trascender a la mera política económica, que es necesario que debamos acercarnos más al ámbito de la economía política para encontrar su dimensionamiento propio y alcance que demanda nuestra sociedad. Cada cinco años nos preguntamos en manos de quién caerá el próximo gobierno sin identificar nuestras propias responsabilidades.

Debemos entender, finalmente, que el Perú es la más grande e importante empresa que tenemos. Pertenece a todos por igual. Sin institucionalidad, sin calidad de Estado, sin infraestructura mínima, sin verdaderas reformas estructurales, sin gobernanza apropiada, sin rendimiento de cuentas, no avanzaremos mucho. Aún no aprendemos.

Fuente: elcomercio.pe

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