El gobierno de Keiko Fujimori asumirá su mandato contando con una Ley de Inteligencia Artificial, su reglamento y una Estrategia Nacional (ENIA 2026-2030) recién renovada. Es turno del verdadero desafío de la nueva administración (Ejecutivo y Congreso): ejecutar y no publicar más documentos. El Perú no necesita una política de IA; necesita una política de desarrollo económico basada en ella. La diferencia está en pasar del papel a la construcción de capacidades nacionales.
Países como España, India, Singapur o Emiratos entendieron que la inteligencia artificial no es solo un asunto tecnológico, sino una política de desarrollo económico nacional. Mientras el Perú mantiene su conducción en el ámbito de la Secretaría de Gobierno y Transformación Digital (SGTD/PCM), esos países la abordaron desde el más alto nivel de decisión pública, involucrando al Estado, al sector privado y a la academia.
La experiencia internacional muestra que quienes hoy lideran esta transformación construyeron capacidades concretas. El Perú debe hacer lo mismo, con escalas alcanzables.
Gobernanza con liderazgo político real. España elevó la IA a proyecto de Estado: un ministerio responsable, presupuesto vinculado a resultados y una agenda compartida entre sectores. No es un anexo del plan digital; es política económica.
Infraestructura y datos. España destinó más de 2,000 millones de euros entre 2021 y 2025, priorizando supercomputación y centros de datos. India lanzó en 2024 su Misión Nacional de IA con 1,250 millones de dólares para democratizar el acceso a capacidad de cómputo. El Perú, en cambio, eliminó la infraestructura como eje explícito entre la primera ENIA 2021-25 y la actual (2026-30): retrocedimos justo en la capa fundacional, sin la cual, todo lo demás es retórico.
Talento en serio. Emiratos Árabes Unidos capacitó a sus cuadros directivos públicos en gobernanza de IA desde 2018 y creó la primera universidad del mundo dedicada íntegramente a esta tecnología.
Ecosistema de innovación. Singapur no pretende competir en investigación fundacional; eligió ser el mejor en aplicar IA donde tiene ventaja —finanzas, logística, salud— y atrajo más de setenta centros de excelencia corporativos. El Estado como orquestador: incentivos para que el privado arriesgue y la academia conecte con problemas reales.
En sus primeras palabras como presidenta electa, Keiko Fujimori ha señalado que quiere un gobierno abierto, digital y cercano. Digital para simplificar trámites, reducir la burocracia y acercar el Estado a cada peruano”, explicó. El siguiente paso es traducir esa visión en una agenda con prioridades concretas, comenzando por sectores con datos, escala y mayor potencial de impacto económico, como la agroexportación, la minería, la pesca o las finanzas inclusivas.
Sin gobernanza de la IA ahora, (i) la desigualdad entre ricos y pobres se acrecienta; (ii) las pequeñas empresas quedan rezagadas frente a las grandes; (iii) el talento especializado se exporta sin crear valor local; (iv) el Perú pierde competitividad regional y global; y (v) la dependencia tecnológica se perpetúa. Pero si el nuevo gobierno actúa y aprende de la experiencia de otras naciones —articulando al Estado, el sector privado, la academia y la sociedad civil en torno a una autoridad nacional de IA, con presupuesto, liderazgo y capacidad de coordinación— esos mismos riesgos pueden convertirse en oportunidades: cerrar brechas de desigualdad, empoderar a la pequeña empresa mediante incrementos de productividad, retener y atraer talento local y extranjero, liderar el desarrollo de aplicaciones regionales y construir soberanía tecnológica. La ventana es ahora. En cinco años, será tarde.
Basta de pensar en la IA solo como una tecnología. Es la nueva frontera del desarrollo económico y el Perú debe cruzarla.
Fuente: elcomercio.pe