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Muchos años después, frente a su espejo de mano, el coronel Aureliano Buendía recorta su bigote de hombre maduro e inapelable. Con ese aspecto, “decidía el destino del mundo”, dice el narrador de “Armisticio”, capítulo inicial de la segunda temporada de “Cien años de soledad”. La adaptación de Netflix emprendió una guerra en la primera temporada, una batalla que buscaba afinar la cámara para no dañar las páginas de la obra cumbre de Gabriel García Márquez. Entonces, el imaginario Macondo se sentía con fulgor y esperanza en sus primeros días, pero, ahora, con los años encima, la “decadencia”, coinciden sus directores Laura Mora y Carlos Moreno, abre paso al desenlace de la historia.
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En una entrevista virtual con este diario, Mora, productora y directora de la serie colombiana, habla del paso del tiempo en la serie. “A veces, hay miedo en ir hacia la ruina en una historia, pero nosotros no tememos hacerlo. Una de las grandes lecciones del libro de Gabriel García Márquez es abrazar la decadencia de Macondo con muchísima belleza. En términos de cine, era vital cargar la imagen de emociones y lecturas, a pesar de estar viendo el declive de una civilización”, dice la cineasta sobre un escenario con suciedad en las paredes y personajes sumisos frente a la autoridad.
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La segunda temporada trae un Macondo que se desmorona, atravesado por el capitalismo de la compañía “bananera” United Fruit Company y por un contexto político donde Aureliano Buendía (interpretado por Claudio Cataño) gobierna sin ambiciones; más bien, dándose al abandono frente a la muerte. A partir de la mitad de temporada, viene a colación una masacre basada en un evento social que sucedió en Colombia en 1928. La secuencia se rodó con 700 extras, multiplicados digitalmente hasta alcanzar los tres mil. Además, las escenas se reconstruyeron desde archivos de investigación de las universidades de Harvard y Tulane.
En este nuevo Macondo, “conectar al mundo” es solo una promesa de progreso, aunque abre la puerta a la desigualdad, una que se reconoce en los colores, las texturas, la diferencia brutal entre la pulcritud de las oficinas norteamericanas y el desgaste del pueblo. A medida que la historia avanza, el territorio de Márquez deja de estar aislado. El tren conecta al pueblo con el resto del país, aparecen nuevas ambiciones y llegan transformaciones que modifican para siempre la vida de los Buendía.
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“Jose Arcadio Buendía (referencia al primer personaje de la familia) tenía el sueño de conectar a Macondo con el mundo. Y en esta segunda etapa, el sueño se cumple. Esto implica que los personajes comienzan a vivir otros problemas”, dice el director Carlos Moreno.

La segunda parte de la serie sigue a los gemelos Buendía: Aureliano Segundo y José Arcadio Segundo, interpretados en su adultez por Julián Román y en su juventud por Jorge Quintero. Uno encarna el exceso, el carnaval, la búsqueda de convertir a Macondo en vitrina del mundo; el otro se convierte en trabajador y testigo de las bananeras, en esa figura que carga el peso de la memoria obrera y, a la vez, de la tragedia social.
“Ante todo, buscamos un talento actoral impresionante para encarar personajes complejos. En el caso de Julián Román, actor colombiano, había mayor complejidad al tener que construir dos personajes totalmente distintos, los gemelos, y sus implicaciones intelectuales, emocionales y físicas que solo podía hacer un actor de talla”, dice Mora.

Así, se inscribe la decisión de convocar a Jorge Quintero —“que nunca había actuado”, explican los directores— para interpretar a los gemelos en su juventud, o a Daniela Reyes como Remedios ‘La Bella’, o Carla Baratta como Fernanda del Carpio. Son el contraste con actores de prestigio, como Marleyda Soto, capaz de sostener la trayectoria de Úrsula desde la juventud hasta una vejez de 104 años. Esta última, la actriz colombiana, también usó prótesis en el rostro, a la vez de su presencia física que no se pierde bajo el maquillaje.

En la historia, los conservadores, temerosos de las amenazas del coronel Aureliano Buendía, planean un atentado que —por azar— trae al pueblo a Fernanda del Carpio, bogotana que se casa con Aureliano Segundo y le da a Úrsula sus primeros descendientes legítimos. Mientras tanto, José Arcadio Segundo cumple los sueños desmesurados del patriarca al comunicar a Macondo con el mundo vía tren y abriendo la puerta a la compañía bananera que precipitará la ruina del pueblo. Algo que, por desgracia, atraviesa la maldición de la familia: ‘las estirpes condenadas a cien años de soledad no tienen una segunda oportunidad sobre la tierra’.
“Cien años de soledad” en medio de críticas

“Al hacer una serie de ‘Cien años de soledad’ no se pierde algo de la literatura. Hacer una adaptación cinematográfica es abrir una reflexión sobre la obra, que no siempre es la más certera. Fue un gran esfuerzo de producción adaptar ‘Cien años de soledad’, que se consideraba inadaptable, y que solo se pudo hacer ahora”, complementa Moreno.
“La reflexión de la obra en cada quien es muy individual”, agrega Moreno. Algunos escritores muy vinculados a la tradición literaria sostienen que jamás verían una adaptación del libro de Márquez, porque consideran que este pertenece exclusivamente a la imaginación del lector. Otros critican la puesta en escena y su calidad visual. El escritor Sergio del Molino llegó a calificar este tipo de producciones como productos sin una voz autoral en su columna de El País de España: “industrial, previsible, retocado”.
“Si se puede invitar a una lectura o reflexión tras ver la serie, pues eso ya está bien para mí. Establecer una comparación de ‘Cien años de soledad’ entre el libro y la serie me parece un poco innecesario, porque la obra es una experiencia diferente. El cine o los cineastas no sabemos de literatura y nosotros hemos hecho nuestro trabajo pensando en una obra literaria, no al revés”, sentencia Carlos Moreno.
Actores y no actores

Un árbol genealógico de 36 miembros de la familia Buendía con nombres propios se asume en un abanico de personajes en la serie de Netflix. En ese mar de rostros, hay uno que interpela al público peruano en el primer capítulo de esta segunda temporada: Salvador del Solar.
“No lo dirigí, pero recuerdo que me pidieron mi opinión sobre quién podría interpretar al general José Raquel Moncada e inmediatamente pensé en Salvador del Solar, no solo porque me parece un gran actor, sino que su vida política iba a añadir una tesitura emocional al personaje. Rodar con él es una maravilla. Es un actor tan inteligente, tan dispuesto. Lo tuvimos poco en la serie, pero es memorable en ese primer capítulo. No tuvimos más actores peruanos lastimosamente”, añade Laura Mora.
Desde la primera entrega, el actor y exprimer peruano aparece como Moncada, un militar del partido consevador y enemigo político de los liberales liderados por el coronel Aureliano Buendía. En forma de metáfora, el general conecta Macondo con un pasado de marchas, renuncias y discursos políticos que también reflejan, a su vez, la historia política reciente.

Desde el inicio, la serie apostó por abrir el casting no solo a actores profesionales, sino también a “no actores”. “Nos encantó esa idea”, explica Laura Mora. Más que traer a una estrella colombiana como Karol G, la prioridad estaba en darle a Macondo un espíritu propio y sin distracciones. Sin embargo, la segunda temporada permite también la entrada de un rostro conocido en la televisión latinoamericana: Julián Román, que asume la complejidad de los gemelos Aureliano Segundo y José Arcadio Segundo, quienes protagonizan la serie.
Para la segunda entrega, se evaluaron alrededor de 13.000 perfiles para distintos papeles, trabajaron con más de 140 actores profesionales y naturales, y convocaron miles de extras por día, todos provenientes de las regiones de Colombia donde se rodó. Aun así, la serie enfrentó críticas, pero sus responsables sostienen que el proyecto dejó una huella en el catálogo de prestigio de Netflix. Veamos cómo le va con esta nueva entrega.
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Fuente: elcomercio.pe