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Una semana con la Jeep Commander Overland es suficiente para formarse una opinión clara. No es un vehículo que busque sorprender en el primer golpe de vista, pero sí uno que va ganando puntos, especialmente por su amplio habitáculo.
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En ciudad
El motor turbo de 1,3 litros y 173 hp no genera expectativas en papel, pero en la práctica se mueve con soltura en el tráfico limeño. El torque de 270 nm disponible desde las 1.850 rpm ayuda a que la respuesta en semáforos y maniobras urbanas sea bastante natural. La caja automática de seis velocidades trabaja de forma suave y sin sobresaltos, aunque en algunas situaciones de aceleración moderada se toma su tiempo para bajar un cambio.

La dirección eléctrica asistida es ligera, lo que agradece cualquiera que pase tiempo en el tráfico de Miraflores o San Isidro. El radio de giro es manejable para un SUV de 4.769 mm de longitud, aunque estacionar en espacios ajustados requiere usar con frecuencia la cámara de 360 grados, que resultó ser uno de los equipamientos más útiles de la semana.

En carretera
Fuera de Lima la Commander se desenvuelve con más comodidad. A velocidades de autopista el motor trabaja sin esfuerzo aparente, la suspensión absorbe bien los desniveles y el nivel de ruido en cabina es contenido. El sistema de control de crucero adaptativo con Stop & Go reduce la fatiga en trayectos largos y funciona de forma confiable.
Los 208 mm de distancia al suelo son suficientes para caminos afirmados en buen estado, pero hay que tener claro que esta Commander tiene tracción delantera. No está pensada para trochas exigentes ni terrenos complicados, algo que conviene aclarar dado el apellido que lleva.

Interior y confort
Aquí es donde la versión Overland justifica su posición en la línea. La tapicería en cuero y gamuza marrón tiene buena presencia y los asientos delanteros eléctricos con memoria resultan prácticos cuando el vehículo es compartido por más de un conductor. En viajes largos, el soporte lumbar se agradece.

La pantalla Uconnect de 10,1 pulgadas con CarPlay y Android Auto inalámbrico responde con fluidez y no requiere mayor curva de aprendizaje. El sistema de nueve parlantes con subwoofer de 450 watts cumple bien en viajes, aunque a volúmenes altos pierde algo de claridad en los agudos.

La tercera fila existe y es funcional para trayectos cortos, especialmente para personas de como máx. 1.70 m de altura. Para viajes largos puede resultar algo incómoda porque no tenemos espacio para estirar las piernas, aunque esto ocure con la mayoría de SUV de este tamaño. Con ella plegada, el maletero sube a 661 litros, que es donde realmente se vuelve útil para una familia.
Lo que más se usó
La puerta de maletero eléctrica con sensor de pie fue, sin duda, el equipamiento más recurrente de la semana. Cuando llegas al supermercado con las manos ocupadas, ese detalle deja de ser un lujo para convertirse en algo difícil de resignar. El cargador inalámbrico y los puertos USB tipo A y C en la primera fila también se usaron constantemente.

Lo que se puede mejorar
La palanca de cambios ocupa espacio en la consola central y su diseño no termina de integrarse al conjunto. El sistema de reconocimiento de límites de velocidad, aunque útil, genera algunas alertas innecesarias en vías donde la señalización no es consistente, algo habitual en Lima.
Conclusión
La Commander Overland es un SUV familiar que cumple en los escenarios para los que fue diseñada: ciudad, carretera y viajes de fin de semana. No tiene el carácter todoterreno que el nombre Jeep puede sugerir, pero ofrece un nivel de equipamiento sólido y un interior bien resuelto para quienes necesitan espacio para siete y no quieren renunciar al confort en el proceso.
Fuente: elcomercio.pe