La psicología dice que las personas que repiten “no necesito a nadie” no son seguras, sino que tienen heridas de la infancia

A la gran mayoría nos ha pasado que en nuestro círculo cercano tenemos a alguien que siempre se niega a recibir ayuda o que suele repetir que solo puede con todo, por más que sienta que el mundo se le viene encima. Esta actitud es interpretada muchas veces como seguridad en uno mismo, pero no es así. La psicología se encargó de analizar a las personas que dicen “no necesito a nadie” y lo que hay detrás no se puede pasar por alto. Hoy te explico por qué es importante prestarle atención ya que en muchos casos se trata de heridas de la infancia que no sanaron y que en la actualidad salen a la luz. Si conoces a alguien que afronta esta situación o eres tú, quédate para descubrir lo que sugieren los expertos.

¿Qué significa que una persona siempre repita “no necesito a nadie”?

Hay personas que se muestran muy independientes, que parecen autosuficientes, seguras y que no requieren de otros para salir adelante o realizar pequeñas tareas; sin embargo, muchas veces, detrás de esa fortaleza hay una historia marcada por la decepción el rechazo.

La psicóloga Júlia Martí, autora del libro “Mujeres que se exigen demasiado”, explicó en su cuenta de Instagram que “en algún momento aprendieron que pedir afecta podía doler o que depender de alguien era sinónimo de perder el control. Así, la independencia se convierte en un refugio: una forma de protegerse del dolor de no ser correspondidas”.

Entonces, desde la psicología, repetir “no necesito a nadie” y rechazar la ayuda suele ser un mecanismo de defensa conocido como hiperindependencia o contradependencia. Lejos de ser un signo de fortaleza, nace del miedo a la vulnerabilidad, a depender de otros y a sufrir decepciones.

“Nace de una estrategia de adaptación (…) porque quien teme al rechazo suele anticiparse a él. Y, en ese intento de no volver a sentirse herido, acaba alejándose justo de aquello que más necesita: el vínculo”, agregó la especialista.

Aprender a no necesitar a nadie o rechazar la ayuda es solo una forma de proteger heridas muy antiguas. (Crédito: Imagen referencial creada por El Comercio MAG usando la IA de Gemini)

Qué heridas de la infancia se esconden detrás de un “no necesito a nadie”

Quienes se muestran muy independientes esconden dolor o sufrimiento. En el fondo se muestran fuertes porque tienen miedo al rechazo y prefieren boicotearse antes que pedir algo que necesitan. Se muestran seguras y fuertes, pero en realidad necesitan de los demás.

La psicóloga Leticia Martín Enjuto explicó en entrevista con la revista ‘Cuerpomente’ que ciertas heridas infantiles se transforman en mecanismos de defensa para sobrevivir porque de pequeños crecieron en un entorno emocionalmente inestable, crítico o distante. “Experiencias tempranas donde el afecto, la seguridad o la validación no estuvieron presentes de la manera que el niño necesitaba”, agregó.

El rechazo durante la infancia podría esconderse tras esta actitud. (Crédito: Imagen referencial creada por El Comercio MAG usando la IA de Gemini)

Para ella hay seis heridas de la infancia que podrían esconderse tras esta actitud:

  1. La herida de abandono: “Hablamos de personas que, en algún momento de su vida, sintieron que no podían contar con quienes debían protegerlas. Padres ausentes, separaciones conflictivas, vínculos impredecibles… Todo esto enseña al niño que depender emocionalmente de alguien puede ser peligroso”, explica. Con el tiempo, estos niños aprenden a reprimir sus necesidades afectivas para evitar nuevas decepciones.
  2. La herida de rechazo: es la que nos hace sentir que somos defectuosos o insuficientes. “Los niños que crecieron sintiéndose criticados, comparados o poco valorados suelen desarrollar una coraza emocional”.
  3. La herida de la humillación: desde niños que fueron ridiculizados por mostrarse vulnerables o hablar de sus emociones, hasta aquellos que recibían insultos, nos encontramos con adultos que se sienten incapaces de pedir ayuda a los demás. “Cuando un niño escucha constantemente frases como ‘no llores’, ‘eres demasiado sensible’ o ‘deja de exagerar’, aprende a esconder lo que siente. Ya de adulto, puede mostrarse frío, distante o excesivamente independiente porque asocia la vulnerabilidad con vergüenza”.
  4. La herida de la traición: “Algunas de estas personas crecieron en hogares donde las promesas nunca se cumplían o donde la confianza era constantemente rota (…) Esto genera adultos que sienten la necesidad de controlarlo todo y que evitan depender de otros por miedo a ser decepcionados. Aunque aparenten seguridad, en realidad viven con una dificultad enorme para confiar”.
  5. La herida de la invalidación emocional: aparece cuando crecemos escuchando que nuestros sentimientos no tienen importancia o que somos “demasiado dramáticos”. Los niños “aprenden a desconectarse de sus emociones y a resolver todo en soledad”. Cuando llegan a la edad adulta, “pedir ayuda les resulta incómodo, porque, en el fondo, creen que nadie comprenderá realmente lo que sienten”.
  6. La herida de falta de afecto: “Hay infancias donde nunca faltó comida, educación o techo, pero sí abrazos, escucha y conexión emocional (…) Muchos adultos provenientes de estos entornos se vuelven extremadamente funcionales y autosuficientes, pero emocionalmente desconectados. Han aprendido a sobrevivir, aunque no necesariamente a vincularse de manera sana”.

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Fuente: elcomercio.pe

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