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Alrededor de las 4 de la tarde, cerca de 100 periodistas colmaron el centro de prensa del MetLife Stadium para escuchar a dos de las principales cartas de Brasil para conquistar el Mundial 2026: Vinicius Junior y Carlo Ancelotti.
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Ambos se mostraron convencidos de que la selección brasileña está preparada para pelear el título y transmiten optimismo de cara al torneo. Sin embargo, el semblante de Ancelotti cambió cuando fue consultado por Neymar. “Neymar está trabajando muy duro para recuperarse lo más rápido posible. La expectativa es que se recupere y se reincorpore al grupo la próxima semana”, señaló el técnico italiano.
Sin asegurar un regreso inmediato, Ancelotti evitó generar falsas expectativas entre quienes esperan volver a ver a Neymar con la camiseta verdeamarela.
Al término de ambas conferencias, realizadas por separado, una tormenta eléctrica azotó Nueva York y Nueva Jersey. La intensa lluvia obligó a periodistas, trabajadores y voluntarios a buscar refugio dentro del estadio, donde permanecieron entre una hora y hora y media aguardando que pasara el temporal. La calma llegó después en forma de un doble arcoíris que apareció sobre el cielo del MetLife.
A la misma hora, la tormenta no logró apagar el entusiasmo de los hinchas brasileños. Cerca de 2.000 aficionados tomaron Times Square en un banderazo previamente organizado y alentaron a su selección incluso bajo la lluvia. Aunque ese mismo día Estados Unidos se preparaba para debutar ante Paraguay, el lugar más icónico y representativo de Manhattan terminó teñido de verde y amarillo por varias horas.
Con el paso de las horas, la marea amarilla que había dominado buena parte de la jornada comenzó a perder terreno. Los hinchas brasileños, que durante la tarde habían convertido algunos rincones de Times Square en una extensión de Río de Janeiro, se encontraron con una respuesta inesperada. Miles de marroquíes fueron llegando poco a poco hasta apropiarse del corazón de Manhattan.
Banderas rojas con la estrella verde aparecieron en cada esquina. Los cánticos en árabe se mezclaron con el ruido habitual de las pantallas gigantes y el tráfico neoyorquino. La celebración fue creciendo hasta convertirse en una auténtica invasión pacífica. Los brasileños quedaron relegados a pequeños grupos que iban retirándose mientras los marroquíes se adueñaban de la postal más emblemática de la ciudad.
Cerca de la medianoche, Times Square ya tenía un solo color predominante. Familias enteras, jóvenes y turistas se sumaron a una fiesta que parecía no tener fin. En una ciudad acostumbrada a recibir culturas de todos los rincones del planeta, el Mundial volvió a demostrar su capacidad para transformar espacios.
Fuente: elcomercio.pe