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Cuando “El tiburón” comenzó a sonar en 1993, todavía faltaban dos años para que la canción conquistara mercados como México y España. En una época sin redes sociales ni plataformas digitales, el éxito viajaba lentamente, pero terminó por convertir a Proyecto Uno en uno de los fenómenos latinos más importantes de los años noventa. Treinta y tres años después, el grupo neoyorquino volverá a Perú para presentarse el próximo 28 de junio en el Estadio San Marcos, como parte de la primera edición de Rock en Lima 2026, festival que también reunirá a Los Auténticos Decadentes y Vilma Palma e Vampiros.
Nacida en Nueva York, pero alimentada por las raíces dominicanas de sus integrantes, la agrupación transformó el panorama tropical al incorporar house, hip hop y música dance al merengue tradicional. Aquella combinación dio forma a éxitos como “El tiburón”, “25 horas”, “Está pegao” y “Latinos”, canciones que terminaron convirtiéndose en himnos de una generación y que abrieron una ruta que años después recorrerían numerosos artistas urbanos.

La influencia de la ciudad y de la herencia caribeña fueron fundamentales en la identidad sonora del grupo. “La influencia de tener sangre latina definitivamente fue algo clave para la música que estábamos haciendo. Estábamos en Nueva York, pero esa sangre latina necesitaba representarse musicalmente. Se mezcló con la música house, la música dance y el hip hop”, explica Nelson Zapata, uno de los miembros históricos de Proyecto Uno. El resultado fue un sonido híbrido que se adelantó a una tendencia que hoy domina la música popular.
Zapata considera que el principal legado de Proyecto Uno fue precisamente esa libertad para experimentar. “Definitivamente nosotros fuimos de los pioneros en recurrir a esa libertad musical para hacer mezclas, fusiones. En ese tiempo no se estaba haciendo con tanta soltura y con tanta naturalidad”, afirma. Entre referentes como Juan Luis Guerra, Wilfrido Vargas y la música electrónica que dominaba las discotecas neoyorquinas, el grupo encontró un espacio propio que terminó por marcar la historia del merengue contemporáneo.
Un proyecto en confrontación
La historia de Proyecto Uno también está atravesada por una separación que todavía genera versiones contrapuestas. Hace unos días, antes de su concierto del 12 de junio en Perú, John Wilson, más conocido como Magic Juan o “El Negrito del Swing”, exvocalista de la agrupación y una de las voces más reconocibles de sus primeros éxitos, aseguró que su salida no fue una decisión propia. “Mi salida no fue decisión mía, fue más decisión de ellos. Yo intenté mantenernos juntos. Mi idea era que tomáramos un descanso, que cada uno sacara música en solitario y después regresar sin dañar la marca”, declaró.
La respuesta de Nelson Zapata no tardó en llegar. El músico reconoce que la separación fue una decisión tomada por el resto del grupo, pero rechaza la versión presentada por Magic Juan. “Sí fue decisión de nosotros, pero porque nadie se sentía cómodo con la forma en que él estaba actuando, como se estaba manejando y eso dio lugar a que sucediera todo”, sostiene.

El integrante de Proyecto Uno niega además que existiera un plan para una separación temporal. “No fue por envidia, como él dice. Él dice también que trató de que nos juntáramos y que cada uno lanzara álbumes, pero eso no es cierto. Creo que eso existe en un universo paralelo que él tiene consigo mismo”, comenta.
Pese a ello, evita cerrar la puerta a una reconciliación personal. “Hay que ser responsable en la vida y vivir con las consecuencias. Él está tratando ahora de destruir el grupo a como dé lugar y eso se nota en las entrevistas que da. Yo le deseo lo mejor y espero que algún día corrija su conducta”, señala. También recuerda que los mayores éxitos de Magic Juan fueron desarrollados dentro de Proyecto Uno, una historia compartida que, a pesar de las diferencias, sigue siendo parte fundamental del legado de ambos.
Mantenerse a flote
Lejos de vivir únicamente de la nostalgia, Proyecto Uno asegura atravesar uno de los momentos más sólidos de los últimos años. La agrupación ha recuperado una agenda intensa de presentaciones internacionales y considera que Rock en Lima 2026 llega en un momento especial. “Estamos haciendo tantas presentaciones como en los 90, muchos festivales importantes internacionales. Nos sentimos bastante sólidos y este festival llega en una etapa muy especial para nosotros”, dice Nelson Zapata.
Durante años, recuerda, hubo quienes pronosticaron que el proyecto desaparecería antes de terminar el siglo. Incluso él mismo llegó a dudar. Sin embargo, nunca perdió la confianza en las canciones que habían construido. “Mucha gente vaticinó el final de Proyecto Uno antes de los 2000. Pero siempre estuve convencido de que nuestra música era algo especial y donde hubo tanto cariño no se puede simplemente dejar en el olvido”, afirma.

La llegada de internet y las plataformas digitales también cambió las reglas del juego. Si en los años noventa un éxito podía tardar años en cruzar fronteras, hoy las canciones se propagan de manera inmediata. “Ahora tú sacas una canción y enseguida llega a todo el mundo. Es una ventaja enorme porque puedes comunicarte con muchas personas simultáneamente”, explica el músico, quien considera que las nuevas herramientas han permitido que una generación que no vivió el auge noventero descubra nuevamente el repertorio del grupo.
Ese renovado interés se refleja en los escenarios. Tres décadas después de haber nacido entre el merengue, el house y el hip hop que sonaban en las discotecas de Nueva York, Proyecto Uno sigue encontrando nuevas audiencias. “Siempre le tuve mucha fe a todo esto y el tiempo me dio la razón. Gracias a Dios y a todas las personas que mantienen nuestra música viva todavía en 2026”, dice Zapata. Y mientras “El tiburón” continúa provocando la misma reacción festiva de hace treinta años, la historia del grupo parece seguir escribiéndose al ritmo de una fórmula que aprendió a reinventarse sin renunciar a sus orígenes.
Fuente: elcomercio.pe