El Perú es uno de los países con mayor biodiversidad alimentaria del mundo. Sin embargo, muchos consumidores peruanos desconocen que esa diversidad compite en calidad y precio con productos importados que viajan miles de kilómetros.
Cada vez más personas buscan comer mejor: compran chía importada, proteína en polvo, semillas que cruzan el mundo para llegar a su cocina. Es una decisión válida en un mercado libre. El problema es cuando esa elección se da por falta de información, no por una evaluación real de valor.
Mientras tanto, en los mercados de abastos del Perú hay tarwi, cañihua, camote y decenas de frutas amazónicas con perfiles nutricionales que sostienen comparaciones internacionales. El Día de la Gastronomía Sostenible debería servir para corregir esa asimetría informativa.
El Perú enfrenta anemia infantil, sobrepeso, obesidad, diabetes y enfermedades cardiovasculares. Todos estos problemas comparten una raíz común: dietas poco diversas y dependientes de productos ultraprocesados. Cuando la alimentación se vuelve repetitiva y pobre en micronutrientes, el cuerpo recibe calorías, pero no los nutrientes que necesita.
Ahí es donde la biodiversidad peruana deja de ser un dato curioso y se convierte en una ventaja comparativa desaprovechada. El tarwi tiene uno de los perfiles proteicos, de los más completos entre las leguminosas. La cañihua aporta hierro y calcio clave para contextos de anemia. La quinua ofrece proteína de alta calidad y fibra. El camote de pulpa anaranjada es rico en vitamina A. Frutas amazónicas como aguaje, camu camu y copoazú concentran antioxidantes y vitamina C en niveles que pocos suplementos igualan.
La buena nutrición no depende solo de cuánto comemos, sino de cuánta diversidad nutricional incorporamos. Una dieta variada cubre más requerimientos de micronutrientes, reduce la dependencia de productos industrializados y protege contra deficiencias que terminan en fatiga crónica, baja inmunidad y enfermedades que tardamos años en detectar.
Recuperar los alimentos nativos no es un discurso romántico ni una postura contra las importaciones. Es una estrategia práctica de salud y desarrollo: usar recursos que ya existen, que son accesibles y que ganan cuando el consumidor tiene información clara para decidir. En un mercado libre, la mejor competencia para un producto importado es un producto local que se conoce y se valora por mérito propio.
Fuente: elcomercio.pe