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Tras conquistar a toda una generación con ‘Ven, baila quinceañera’, Alessandra Fuller vuelve a compartir pantalla con sus recordadas compañeras en ‘Mañana me caso’, la nueva comedia dirigida por Miguel Zuluaga que se estrena este 13 de agosto. “Cuando leímos el guion nos encantó porque nos encuentra en una etapa mucho más adulta. Eso nos permitió explorar personajes con mayor profundidad y libertad. Además, la película tiene varios guiños a nuestras propias vidas, lo que hizo que el proceso fuera muy divertido e incluso terapéutico”, nos dice la actriz.
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En la película, Ale interpreta a una novia que está a punto de casarse con el hombre de sus sueños, pero descubre, pocos días antes de la boda, que ese supuesto príncipe azul escondía un secreto mucho más complejo que una simple infidelidad. “A partir de ahí se desencadena una comedia de enredos absolutamente delirante. Nunca me había reído tanto en un rodaje”, comenta.
― La película habla del matrimonio y las relaciones. ¿Cómo ves ese tema en tu vida personal?
Nunca fui la niña que soñó con casarse o tener hijos. Para mí, el matrimonio solo tiene sentido si aparece una persona con quien realmente quiera construir ese proyecto. No es un objetivo en sí mismo. Si llega alguien con quien comparta ese sueño, lo abrazaré con todo mi corazón porque soy una persona que vive desde el amor, pero no siento la necesidad de casarme solo por cumplir una expectativa.

― ¿Sientes que hoy es más difícil construir una vida en pareja?
En general, creo que hoy las relaciones han cambiado mucho. Además, las mujeres somos más conscientes de nuestro valor y ya no toleramos situaciones que antes se aceptaban por presión social. Sin embargo, también pienso que vivimos tiempos con menos paciencia para resolver conflictos. Hay que aprender a diferenciar cuándo una relación merece diálogo y esfuerzo y cuándo realmente es momento de cerrar el ciclo. La comunicación sigue siendo la base de cualquier vínculo sano.
― Además del amor, la película también habla de la amistad. ¿Cómo fue reencontrarse con tus compañeras de “Ven, baila quinceañera”?
Fue maravilloso. Parecía que no hubiera pasado ni un solo día. La química seguía intacta. Apenas decían “acción”, todo fluía de manera muy natural porque nos conocemos muchísimo. Nos entendemos con solo mirarnos y eso se nota en pantalla. Estoy segura de que el público volverá a conectar con esa complicidad.
― ¿Cómo sientes que has evolucionado como actriz desde entonces?
Hoy me siento mucho más sólida. En aquella época estaba aprendiendo mientras trabajaba. Ahora tengo más herramientas técnicas y puedo construir personajes con mayor profundidad y vulnerabilidad. También cambió mi manera de entender la actuación. Antes pensaba que uno le entregaba algo de sí mismo al personaje. Hoy creo que también sucede al revés: cada personaje te transforma, te deja aprendizajes y modifica tu forma de ver la vida. Esa idea ha cambiado completamente mi relación con esta profesión.
― ¿Y qué crees que ha cambiado más en ti como mujer?
Como mujer también siento que vivo con mucha más conciencia. En esa etapa todo ocurría a una velocidad enorme y muchas veces iba en piloto automático. Hoy procuro estar presente, encontrar un propósito en cada experiencia y recorrer el camino con mayor calma.
― Has vivido muchos años bajo la mirada pública. ¿Cómo aprendiste a lidiar con la exposición mediática?
No sé si mi experiencia sea la recomendable, pero decidí limitar muchas cosas para proteger mi imagen. Éramos referentes de un público muy joven y sentía esa responsabilidad. Muchas veces prefería quedarme en casa antes que exponerme a situaciones que pudieran malinterpretarse.

― ¿Vale la pena todo lo que exige ser una figura pública?
No siento que haya perdido algo porque crecí dentro de este medio y es la única realidad que conozco. Lo que sí sé es que todo el cariño del público compensa cualquier sacrificio. Cuando alguien me dice que un personaje lo ayudó a sanar o a mirar su vida de otra manera, entiendo que todo vale la pena.
― También eres creadora de contenido. ¿Qué papel han tenido las redes sociales en tu carrera?
Han sido fundamentales. Gracias a ellas pude producir mi primera película, “Entre Nosotros”, sin financiamiento comercial. Mi socio y yo asumimos completamente ese reto y eso fue posible, en gran parte, gracias al trabajo que desarrollé en plataformas digitales.
― ¿En algún punto te abruma estar constantemente conectada?
Las redes tienen cosas maravillosas y también un lado muy duro. Hay mucho cariño, pero también mucho odio. Por eso es importante aprender a gestionar esa exposición, usar las herramientas que ofrecen las plataformas y, sobre todo, rodearte de personas que te recuerden quién eres realmente.
― ¿Qué sueñas para los próximos años?
Quiero seguir produciendo y, eventualmente, dirigir. Mi mayor sueño es ayudar a que el cine peruano crezca y tenga cada vez más presencia internacional. Quiero invertir mi tiempo en contar historias, generar empleo para equipos talentosos y abrir oportunidades para nuestro cine. Este año tuve la oportunidad de asistir al Festival de Cannes, algo que soñaba desde niña. Son experiencias que me recuerdan que los sueños sí pueden cumplirse, pero también que recién estoy comenzando el camino.
― ¿Y cómo es Alessandra Fuller cuando las cámaras se apagan?
Me encantan los deportes extremos. Estoy certificada para volar parapente y para hacer buceo; practico wakeboard, paddle, surf y también disfruto saltar en paracaídas. Me gusta sentirme viva y conectar con la naturaleza. También amo viajar y descubrir nuevos lugares, especialmente en el Perú. Pero, sobre todo, disfruto compartir esos momentos con las personas que quiero. Ahí es donde realmente conecto con mi esencia. //
Fuente: elcomercio.pe