Un grupo de investigadores encontró una sorprendente capacidad de supervivencia en las profundidades del lago Malawi, uno de los lagos más profundos de África. El estudio, publicado en la revista Science, revela que las larvas del insecto Chaoborus edulis pueden descender a más de 200 metros de profundidad, una zona donde prácticamente no hay oxígeno y la presión del agua es muy elevada.
Este descubrimiento desafía la idea de que los insectos no pueden soportar condiciones tan extremas debido a las limitaciones de su sistema respiratorio. Además, abre nuevas preguntas sobre la capacidad de estos animales para adaptarse a ambientes que antes se consideraban inaccesibles.
Un insecto que se refugia en las profundidades del lago
El lago Malawi tiene una profundidad media de 292 metros y alcanza un máximo de 706 metros. Allí viven las larvas de Chaoborus edulis, un insecto que forma parte de la cadena alimenticia al servir de alimento para los peces y alimentarse de zooplancton.

Para conocer su comportamiento, los científicos utilizaron sonar y siguieron los desplazamientos de las larvas dentro de la columna de agua. También compararon esta especie con otras del mismo género que habitan lagos menos profundos, como el lago Victoria, cuya profundidad media es de apenas 40 metros.
Las observaciones mostraron que durante el día, las larvas descienden hasta la capa más profunda y sin oxígeno del lago para evitar a los peces depredadores. Cuando cae la noche, vuelven a las aguas superficiales para alimentarse.
La adaptación que les permite resistir una enorme presión
El estudio reveló que estas larvas poseen un sistema traqueal modificado que les permite soportar la presión de las grandes profundidades. Sus sacos de aire, encargados de regular la flotabilidad en aguas menos profundas, se vuelven rígidos al descender y así evitan ser aplastados.
Los investigadores comprobaron esta adaptación en experimentos de laboratorio. Al someter a las larvas a presión hidrostática, observaron que los sacos de aire de los ejemplares más grandes resistían condiciones equivalentes a unos 500 metros de profundidad sin colapsar.
Los resultados sugieren que algunos insectos podrían tener la capacidad de adaptarse en el futuro a ambientes pelágicos marinos, un escenario que hasta ahora se consideraba muy poco probable.
Fuente: larepublica.pe