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La posibilidad de que Estados Unidos terminara protegiendo a altos negociadores de Irán frente a un supuesto plan de Israel para asesinarlos parecía impensable hace apenas unos meses. Sin embargo, un informe del diario The New York Times sostiene que funcionarios estadounidenses llegaron a temer que una operación israelí contra los principales interlocutores de Teherán hiciera naufragar las negociaciones para contener el conflicto en Medio Oriente y decidieron actuar para evitarlo.
De acuerdo con el reportaje, Estados Unidos temía que el ministro de Relaciones Exteriores, Abbas Araghchi; y el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, fueran asesinados por Israel. Ambos encabezaban las difíciles conversaciones de paz con los enviados del presidente Donald Trump.
La guerra en Irán empezó el 28 de febrero con un ataque israelí que acabó con la vida del líder supremo, el ayatola Alí Jamenei, y otros altos funcionarios gubernamentales y militares. De manera paralela, Estados Unidos llevó adelante bombardeos masivos contra objetivos en suelo iraní.
A inicios de abril, Tump anunció un alto el fuego indefinido y el inicio de conversaciones para un acuerdo de paz.

El informe del NYT sostiene que la preocupación de Washington fue tan grande que funcionarios estadounidenses pidieron a varios países de Medio Oriente que transmitieran discretamente a Irán el riesgo de que Israel intentara atacar a sus negociadores. Ello con el fin de que extremaran las medidas de seguridad.
La preocupación surgió desde marzo, dice la nota. El NYT señala que, cuando comenzaron los esfuerzos diplomáticos para negociar un alto el fuego, Estados Unidos pidió a Israel que dejara de atacar a dirigentes políticos iraníes, al considerar que eliminar a los interlocutores dificultaría cualquier salida negociada.

Pero en Estados Unidos existía el temor de que Israel actuara por su cuenta. Aunque Washington creía haber logrado que ambos negociadores fueran retirados de una lista de posibles objetivos, funcionarios estadounidenses siguieron preocupados de que Israel decidiera asesinarlos de todas formas, algo que habría echado por tierra las conversaciones de paz.
El diario estadounidense relata que, durante el viaje de Ghalibaf a Pakistán en abril, las autoridades iraníes recibieron información sobre una presunta amenaza israelí contra el avión que lo trasladaba de regreso. Supuestamente dos aviones de combate israelíes habían entrado en el espacio aéreo iraní desde su frontera occidental, cerca de Irak.
El aparato aterrizó de emergencia en Mashhad, el aeropuerto iraní más cercano a la frontera con Pakistán, y la delegación completó el trayecto de ocho horas hacia Teherán por carretera.
Tras la publicación del informe, el Gobierno Israelí rechazó las acusaciones y las calificó de “fake news” y de una “completa fabricación de la realidad”. Negó que hubiera existido un plan para asesinar a los negociadores iraníes.

Para el analista internacional Carlos Novoa, la revelación refleja el episodio de mayor tensión entre Washington y Tel Aviv desde que Trump regresó a la Casa Blanca en enero del año pasado.
Aunque descarta hablar de una crisis abierta, sostiene que la relación atraviesa un momento inusualmente complejo para dos gobiernos que, en teoría, deberían estar plenamente alineados.
«No digo que haya una crisis, pero sí una discrepancia importante“, afirma a El Comercio.
Novoa recuerda que, a diferencia de la tensa relación que mantuvieron Barack Obama y Benjamin Netanyahu por el acuerdo nuclear con Irán, la expectativa era que el segundo mandato de Trump consolidara una alianza aún más estrecha con Israel.
“Cuando Trump asumió en enero de 2025, todo el mundo pensaba que iba a estar completamente en línea con Netanyahu, como ocurrió durante su primer mandato. Históricamente, los gobiernos republicanos han mantenido una relación muy cercana con Israel”, explica.
Por su parte, el analista internacional Francesco Tucci, docente de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC), coincide en que la noticia es consistente con la evolución reciente de la relación entre Washington y Tel Aviv. Dice que más que una revelación aislada, refleja que ambos aliados han comenzado a priorizar objetivos diferentes en Medio Oriente.
«La información que se ha filtrado es plausible. Es algo que efectivamente puede haber ocurrido porque las dos agendas ya desde hace tiempo están separadas“, afirma Tucci a El Comercio.
Agrega que Israel actúa bajo una lógica de realpolitik, privilegiando sus propios intereses estratégicos, aun cuando estos no coincidan plenamente con los de Estados Unidos. Esa diferencia, sostiene, también deja etrever un menor nivel de confianza entre ambos gobiernos.
«Esto evidencia que no existe un gran nivel de confianza entre la administración norteamericana y el gobierno israelí. Como Estados Unidos sabe perfectamente de lo que es capaz el Mossad, es posible que haya decidido advertir a los funcionarios iraníes“, señala.

Novoa considera que la prioridad de la administración Trump no era defender a funcionarios iraníes, sino preservar una negociación que considera estratégica para los intereses estadounidenses.
«Estados Unidos necesita un acuerdo porque no puede prolongar esta guerra. Le significaría un desgaste político y económico muy grande“, señala.
Novoa indica que la Casa Blanca enfrenta una combinación de factores que aumentan la presión para alcanzar una salida diplomática: una guerra más larga de lo previsto, el impacto del conflicto sobre los precios internacionales del petróleo y la proximidad de las elecciones legislativas de medio término.
“Con el petróleo más caro aumenta el costo de vida en Estados Unidos y eso termina afectando directamente a Donald Trump. Lo que quiere evitar es que la guerra con Irán se convierta en un problema económico y electoral para su gobierno”, sostiene.
Tucci afirma que los funcionarios iraníes que participaban en las conversaciones no eran simples representantes diplomáticos, sino figuras con capacidad real de decisión dentro del régimen de Teherán, por lo que un eventual atentado habría comprometido seriamente cualquier salida negociada.
«No estamos hablando solo de un plenipotenciario; estamos hablando de altos cargos del régimen iraní. Su muerte muy probablemente habría significado el fin de las negociaciones“, explica.
Tucci considera comprensible que Washington intentara evitar cualquier acción que pusiera en riesgo el diálogo con Irán, especialmente cuando buscaba contener una mayor escalada regional.

Según Novoa, el supuesto desacuerdo entre ambos aliados responde a que Washington y Tel Aviv persiguen objetivos distintos respecto de Irán.
Mientras la administración Trump busca una negociación que reduzca el costo político y económico del conflicto, Israel considera que Teherán representa una amenaza existencial.
«Israel no quiere saber nada de Irán. Lo considera su principal enemigo, incluso por encima de Hamás o Hezbolá“, afirma.
Explica que las autoridades israelíes mantienen la convicción de que Irán continúa buscando desarrollar un arma nuclear y desconfían de cualquier proceso de negociación.
“Para Israel, los acuerdos con Irán solo sirven para que Teherán gane tiempo mientras continúa avanzando en su programa nuclear. Esa diferencia ya se vio durante el gobierno de Obama y vuelve a aparecer ahora”, indica Novoa.

Más allá de la veracidad del episodio, Tucci considera que el caso pone de manifiesto las limitaciones de Washington para condicionar las decisiones del gobierno de Netanyahu, incluso cuando ambos comparten intereses estratégicos frente a Irán.
«Es probable que Estados Unidos haya querido privilegiar la vía diplomática, pero este episodio también demuestra que no tiene la capacidad de influir de manera determinante sobre el gobierno israelí“, sostiene.
Tucci indica que esta situación constituye un síntoma de un cambio más amplio en el equilibrio internacional.
«Sea verdadera o falsa esta historia, la señal es la misma: Estados Unidos ya no puede influir de forma contundente en la política exterior de Israel. Eso refleja las limitaciones de una potencia que atraviesa una etapa de pérdida relativa de influencia“, enfatiza.

Novoa piensa que, de haberse concretado un atentado contra los negociadores iraníes, las repercusiones diplomáticas y militares habrían sido inmediatas.
«Las consecuencias habrían sido tremendas. Lo primero es que las negociaciones se habrían cancelado y la guerra habría continuado“, advierte.
Agrega que el episodio habría provocado el colapso de los contactos diplomáticos entre Washington y Teherán y un aumento de las tensiones militares en la región.
“El hecho de que Estados Unidos haya advertido discretamente a Irán demuestra hasta qué punto buscaba evitar ese escenario”, sostiene.
Como antecedente, Novoa recuerda el ataque de Hamás del 7 de octubre del 2023, que frustró el proceso de normalización diplomática entre Israel y Arabia Saudita bajo los Acuerdos de Abraham.
“Es un caso parecido. Aquella ofensiva cambió completamente el escenario regional cuando estaba por concretarse un acuerdo histórico. Si los negociadores iraníes hubieran sido asesinados, el efecto habría sido similar: las conversaciones se habrían venido abajo y el conflicto habría escalado aún más”, concluye.
Fuente: elcomercio.pe