A decir verdad, la valla reputacional que enfrentará el Congreso entrante no está muy alta. Los congresistas que iniciaron su trabajo en el 2021 han dejado una pobre imagen del poder que representan. De acuerdo con la última encuesta de Datum Internacional para El Comercio, por ejemplo, 80% de la población desaprueba al actual Legislativo.
Algunos de los futuros diputados demuestran desde ya intenciones de cambiar la percepción de la ciudadanía sobre el Parlamento. En un informe publicado ayer en este Diario, diputados electos de distintas bancadas revelaron los proyectos legislativos en los que vienen trabajando. Como se recuerda, en el próximo Congreso bicameral la capacidad de plantear nuevas leyes recae exclusivamente en la Cámara de Diputados.
Se saluda, en primer lugar, que los congresistas electos estén poniendo en blanco y negro sus contribuciones futuras de manera oportuna. Presumiblemente, la mayoría debería haber tenido algunas propuestas legislativas mínimas desde al menos la campaña electoral. Es buen momento para aterrizarlas.
Pero no todas las ideas merecen igual aplauso. Por ejemplo, si bien falta aún cincelar los detalles, las iniciativas legislativas orientadas a desarrollar proyectos de vivienda formal son bienvenidas. Este es un asunto urgente que requiere mejor regulación y oportunidades para los jóvenes. Otras propuestas de ley son menos meritorias. Entre estas últimas se cuentan las que pretenden restablecer la iniciativa de referéndum para cambios constitucionales, las que engrosan aún más las remuneraciones a funcionarios sin un esquema meritocrático de contraparte, o las que rompen con la unidad de la caja fiscal. Aún no empieza el primer período operativo del Congreso bicameral, pero una primera impresión deja el sabor ineludible de una cámara que podría inclinarse –al menos inicialmente– por el lado más populista de la legislación.
Más allá del ímpetu que pueda llevar a los nóveles diputados a intentar cumplir con su electorado a partir de tal o cual proyecto de ley, conviene recordar que no necesariamente se requiere más regulación. Limpiar la maraña burocrática y legal podría generar mejores resultados que seguirla hinchando.
Los nuevos congresistas harían bien en mirarse de reojo en el reflejo de quienes se retiran del cargo en una semana si no quieren acabar igual. ¿Qué vicios debería evitar a toda costa? ¿Cómo pueden ser mejores representantes de sus votantes? Buenas ideas de proyectos de ley ayudan, pero no es lo único. Por lo pronto, decíamos, la valla está baja.
Fuente: elcomercio.pe