Custodia de mascotas en el Perú: ¿Quién se queda con el perro o gato tras una separación?

Una separación o un divorcio nunca son procesos sencillos, pues además del dolor que implica el fin de una relación, suelen venir acompañados de una serie de conversaciones difíciles sobre la vivienda, los bienes compartidos o la reorganización de la vida familiar. Sin embargo, cuando hay una mascota de por medio, determinar quién se queda con ella puede convertirse en uno de los aspectos más complejos de la ruptura.

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Y es que la situación no es menor. Según Carina Mellit, psicóloga social y directora del Strategic Research Center de EAE Business School, el 73% de los peruanos considera a sus mascotas como parte de la familia.No obstante, cuando una relación termina, en el Perú no existe una regulación específica sobre la custodia compartida de animales de compañía que determine quién asumirá su cuidado o cómo se organizará su rutina en esta nueva etapa.

Ante este vacío legal, muchas exparejas deben negociar por su cuenta aspectos como la convivencia, los gastos o el contacto con la mascota. Pero ¿cómo llegar a un acuerdo que sea justo para ambas partes y, sobre todo, beneficioso para el animal?

Cuando una ruptura también implica perder a tu mascota

Las mascotas han dejado de tener un rol secundario y hoy ocupan un lugar emocional significativo dentro del sistema familiar. Por eso, cuando una relación termina, la disputa no gira únicamente en torno al animal, sino también al significado emocional que este representa.

“La mascota puede simbolizar los proyectos compartidos, la vida construida en pareja, los momentos felices e incluso la sensación de hogar. Por ello, su tenencia puede despertar emociones intensas como tristeza, miedo, pérdida o incertidumbre”, explicó la psicóloga Verónica Carrasco a Somos.

El problema es que este tipo de duelo muchas veces pasa desapercibido para quienes rodean a la expareja. Según Juan Pablo Castro, psicólogo de Mapfre, comentarios como “cálmate, era solo un animal”, minimizan una experiencia emocional completamente legítima, ya que perder a una mascota en una separación implica la pérdida de múltiples vínculos y significados asociados a la vida compartida.

Sin embargo, las personas no son las únicas que pueden verse afectadas por estos cambios. Las mascotas también desarrollan vínculos afectivos muy profundos con sus tutores, por lo que cuando uno de ellos deja de estar presente, su bienestar puede verse comprometido.

“Aunque no comprenden conceptos humanos como divorcio o separación, sí perciben la ausencia de una persona significativa, los cambios en la rutina y la modificación de su entorno social. Los perros, por ejemplo, pueden detectar cambios en la voz, el lenguaje corporal e incluso señales químicas asociadas al estrés. Cuando existe tensión constante en el hogar, discusiones frecuentes o un ambiente emocional inestable, los animales pueden desarrollar ansiedad, hipervigilancia, alteraciones del sueño, problemas digestivos o cambios en su comportamiento”, destacó la doctora María Lourdes Velarde, decana de la carrera de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Universidad Científica del Sur.

Y es que muchas veces las mascotas comienzan a manifestar signos de estrés incluso antes de que ocurra la separación, por lo que pueden llegar a experimentar respuestas comparables a un proceso de duelo.

¿De quién es la mascota cuando una pareja se separa?

Aunque para muchas personas sus mascotas forman parte de su familia, tras una separación el derecho peruano todavía no ofrece una respuesta que refleje ese vínculo afectivo. Y es que en nuestro país—según la abogada Sherly Aguilar, de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM) — existe una contradicción evidente: mientras la Ley N° 30407 promueve la protección y el bienestar animal, el Código Civil continúa considerándolos, en gran medida, como bienes.

Al no existir una “custodia” oficial para animales en el Perú, la vía más segura para proteger el futuro de la mascota es formalizar el acuerdo mediante un acta de conciliación.

Esta situación jurídica contrasta drásticamente con lo que ocurre en otros países. En España, por ejemplo, la Ley 17/2021 modificó el Código Civil para reconocer a los animales como seres vivos dotados de sensibilidad y no únicamente como bienes. Esto permite que, en casos de separación o divorcio, los jueces puedan decidir quién asumirá su cuidado, cómo se organizará la convivencia y cómo se distribuirán los gastos, tomando en cuenta el bienestar del animal y las circunstancias de la familia.

En el Perú, en cambio, estos casos suelen resolverse a partir de criterios estrictos de propiedad, es decir, quién adquirió a la mascota, quién figura en los documentos correspondientes o quién la tiene actualmente bajo su posesión.

De hecho, la figura legal varía según el momento en que la mascota fue incorporada al hogar. Juan Pablo Sánchez, docente de la Facultad de Derecho de la Universidad San Ignacio de Loyola precisó que, si la mascota fue adquirida o adoptada antes del matrimonio o de la unión de hecho, esta pertenece a quien la incorporó a su patrimonio. En cambio, si fue adquirida durante la vigencia de una sociedad de gananciales, podría formar parte del patrimonio común de la pareja.

Sin embargo, para Aguilar esos elementos no deberían ser los únicos relevantes. “Una mascota no es un objeto más del hogar, sino un ser vivo con el que se establece un vínculo. Por ello, también debería evaluarse quién se ocupó realmente de su bienestar cotidiano y quién puede ofrecerle un entorno estable”.

Afortunadamente, aunque la legislación peruana no reconoce una figura específica de custodia compartida o régimen de visitas para mascotas, ello no impide que las parejas lleguen a acuerdos privados sobre su cuidado tras la ruptura. Por mutuo acuerdo, los tutores pueden establecer con quién convivirá la mascota, cómo se asumirán los gastos de alimentación y atención veterinaria, quién tomará decisiones importantes sobre su salud e incluso si la otra persona podrá mantener contacto con él.

No obstante, cuando no existe consenso, el conflicto lamentablemente debe tramitarse en la vía civil como una controversia patrimonial. En estos casos, la discusión se centra en aspectos como la propiedad, la posesión o la copropiedad de la mascota. Asimismo, si la disputa forma parte de un proceso de divorcio o de la liquidación de una sociedad de gananciales, el destino de la mascota puede incorporarse dentro de las cláusulas generales que la pareja debe resolver para finalizar su vínculo legal

“Las pruebas adquieren entonces especial importancia. Contratos de adopción, boletas, registros de vacunación, comprobantes de pago de tratamientos o alimentación, así como fotografías, mensajes y testimonios, pueden ayudar a demostrar no solo quién adquirió la mascota, sino también quién ejerció su cuidado cotidiano. Al final, la historia de cuidado muchas veces revela más que la simple titularidad”, expresó la abogada.

¿La custodia compartida es realmente buena para tu mascota?

El fin de una relación de pareja no solo reconfigura la vida de los adultos, sino que también obliga a decidir el destino de los miembros de cuatro patas. En estos casos, la custodia compartida surge como una alternativa aparentemente justa, aunque la verdadera viabilidad de que un animal alterne constantemente entre dos casas está lejos de ser una regla absoluta.

Al respecto, la médica veterinaria María Lourdes Velarde mencionó que no todos los animales viven la alternancia de la misma manera, por lo que deben evaluarse factores como la edad, el temperamento, la capacidad de adaptación y las experiencias previas.

Asimismo, el éxito de esta dinámica puede depender tanto de la especie como de las necesidades específicas de cada uno. Por un lado, los perros suelen construir su seguridad emocional a través de los vínculos con las personas, lo que le permite a canes jóvenes, sociables y con un apego similar hacia ambos cuidadores adaptarse bien a dos hogares, siempre que se mantengan las rutinas.

Un acuerdo maduro exige fijar horarios estrictos, canales únicos de comunicación y separar el duelo de los adultos de las necesidades de la mascota.

Los gatos, en cambio, dependen mucho más de la estabilidad de su entorno, por lo que los traslados frecuentes les resultan muy difíciles. Dicho esto, la doctora Velarde subrayó que la custodia compartida suele ser poco recomendable para felinos, animales geriátricos, mascotas con antecedentes de ansiedad o abandono —quienes experimentan el “ir y venir” como una fuente severa de estrés—, o cuando existe un conflicto permanente entre los adultos involucrados.

Pero incluso cuando un animal tiene la capacidad de adaptarse, ¿las decisiones se están tomando realmente por su bienestar o en base a nuestras necesidades?

Para el psicólogo Álvaro Álvarez, de la UARM, este es uno de los puntos más delicados. “Tras una ruptura, emociones como la tristeza, la culpa, el enojo o el miedo a la soledad pueden influir en la forma en que interpretamos lo que es mejor para nuestra mascota. Por eso, es necesario mirar más allá de los sentimientos y evaluar aspectos concretos como la estabilidad, el tiempo disponible, la calidad de los cuidados y la capacidad de mantener rutinas saludables”.

Es precisamente cuando se pierde esa objetividad que el escenario se torna peligroso. En este sentido, la psicóloga Verónica Ponce-Castañeda advirtió que la gran señal de alerta aparece cuando el foco deja de estar en el bienestar del animal y pasa a centrarse exclusivamente en el conflicto entre los adultos.

Esto se evidencia en el día a día cuando se niega el acceso a la mascota para castigar a la expareja, se cambian los acuerdos constantemente para generar malestar, se le utiliza como excusa para mantener un contacto permanente o se toman decisiones que alteran su tranquilidad únicamente para obtener una ventaja emocional.

A pesar de estos riesgos, la custodia compartida no es necesariamente incompatible con una separación saludable. Según la psicóloga Karin Domínguez, gerente de Modo USIL de la Universidad San Ignacio de Loyola, mantener una comunicación por el cuidado de una mascota no impide alcanzar un cierre emocional tras la separación, siempre que existan límites claros y que el contacto esté orientado únicamente al bienestar de la mascota.

“El éxito de la custodia compartida depende de una distinción muy simple: funciona cuando es una vía madura para cuidar a la mascota, pero se vuelve destructiva si solo se usa como un pretexto para prolongar el conflicto y el sufrimiento”, aseguró Álvarez.

¿Cómo lograr un acuerdo que realmente funcione?

Superar la tormenta emocional de una ruptura para sentarse a diseñar el futuro de una mascota no es una tarea sencilla y para lograrlo, la conversación debe cambiar radicalmente de enfoque.

1. Evalúa las necesidades reales de tu mascota

Antes de discutir quién debería quedarse con el animal, es fundamental analizar aspectos concretos que definirán su calidad de vida. Con frecuencia, las exparejas negocian desde una lógica de igualdad entre personas, cuando la pregunta central debería ser: ¿qué necesita mi mascota en particular para vivir mejor?

Bajo la mirada de Ponce-Castañeda y Carrasco, una negociación madura debe dejar de lado el resentimiento, la culpa, el miedo a la soledad o el revanchismo, y basarse en una evaluación objetiva de las condiciones que cada persona puede ofrecer:

  • Tiempo disponible para paseos, atención y compañía.
  • Estabilidad emocional y familiar en el nuevo entorno.
  • Espacio físico adecuado según el tamaño y nivel de energía del animal.
  • Recursos económicos para cubrir alimentación, atención veterinaria y otras necesidades básicas.
  • Capacidad de respuesta frente a necesidades específicas relacionadas con la edad, el temperamento, el estado de salud o la tolerancia a los cambios.

Los animales necesitan predictibilidad. Por eso, para los gatos, las mascotas ancianas o con ansiedad, la alternancia constante y los cambios de rutina pueden ser una fuente severa de estrés.

2. Establece límites para evitar que el acuerdo fracase

Ese ejercicio de realismo es fundamental porque, como explicó Álvaro Álvarez, algunos acuerdos que parecen equilibrados sobre el papel terminan siendo difíciles de sostener en la práctica. Regímenes de alternancia demasiado frecuentes, visitas sin horarios definidos o esquemas que obligan a una comunicación constante entre exparejas suelen reactivar tensiones y generar ansiedad.

En estos casos, la justicia no se mide por una división matemática del tiempo, sino por la estabilidad que se logra para el animal y la reducción del conflicto entre las personas involucradas.

Para evitar que la coordinación en torno a la mascota se convierta en una vía para mantener el control o la vigilancia sobre la vida del otro, el psicólogo aconsejó establecer límites claros desde el inicio:

  • Canal único de comunicación: Destinado exclusivamente a temas relacionados con la mascota.
  • Cero improvisaciones: Acordar horarios y lugares de entrega fijos y respetados por ambas partes.
  • Información relevante y necesaria: Compartir únicamente datos relacionados con la salud, la alimentación, las emergencias o los cambios importantes de la mascota.
  • Respeto a la privacidad: Evitar fotografías, videos o preguntas personales que puedan utilizarse para generar culpa, nostalgia o conflictos.

3. Mantén rutinas estables

Desde la perspectiva del comportamiento animal, la médica veterinaria comentó que los animales se benefician enormemente de las rutinas, por lo que resulta fundamental mantener criterios consistentes en aspectos como la alimentación, los horarios, las normas de convivencia y la atención veterinaria.

Aunque pueden existir pequeñas diferencias entre ambos hogares, la falta de coherencia en el manejo cotidiano suele traducirse en estrés, confusión y problemas de conducta.

La especialista también advirtió sobre algunos errores frecuentes tras una separación que deben tratarse con mucho cuidado:

  • La sobrecompensación por culpa: Eliminar límites o modificar completamente las reglas de convivencia para aliviar el impacto de la separación suele aumentar la inseguridad del animal y favorecer la aparición de ansiedad por separación.
  • Los cambios bruscos de rutina: Alterar horarios, espacios o dinámicas de manera repentina dificulta la adaptación.
  • El manejo inadecuado de la ausencia: Si uno de los tutores deja de formar parte de la vida de la mascota, es normal observar conductas de búsqueda o tristeza durante las primeras semanas. La mayoría logra adaptarse cuando conserva rutinas estables, objetos familiares y vínculos afectivos seguros con quienes permanecen a su cuidado.

4. Por qué no basta un acuerdo de palabra

Incluso el acuerdo mejor pensado puede volverse frágil si no cuenta con respaldo legal. Por ello, la abogada Sherly Aguilar indicó que las decisiones relacionadas con una mascota no deberían quedar únicamente en compromisos verbales.

Un acuerdo sostenible debería establecer con precisión:

  • Quién asumirá el cuidado principal y cómo se organizarán las visitas o periodos de convivencia.
  • Los horarios, lugares y condiciones de entrega de la mascota.
  • La distribución de gastos, incluyendo alimentación, atención veterinaria, vacunas, medicamentos y emergencias.
  • Los mecanismos para resolver situaciones futuras, como mudanzas, viajes al extranjero, tratamientos médicos complejos o la imposibilidad de una de las partes para continuar asumiendo determinadas responsabilidades.

Según Aguilar, la vía más segura para formalizar estos compromisos en el Perú es el acta de conciliación o, cuando corresponda, su incorporación dentro del convenio de divorcio. Al tener mérito ejecutivo, el acta permite exigir judicialmente el cumplimiento de lo pactado si una de las partes incumple con los gastos acordados o restringe el acceso previamente establecido.

Al final, la mejor decisión no es necesariamente la que resulta más cómoda para los tutores, sino aquella que garantiza estabilidad, seguridad y bienestar para la mascota. Y es que después de una separación, el desafío no consiste solo en reorganizar una vida en común que terminó, sino en proteger a un ser que sigue dependiendo de quienes asumieron la responsabilidad de cuidarlo.

Fuente: elcomercio.pe

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