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A solo unos días de la toma de mando el 7 de agosto, el presidente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella, reveló parte de su ambicioso plan de seguridad, el cuál prometió ayudará a “recuperar el orden, fortalecer la autoridad y devolver la tranquilidad a cada rincón del país.”
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“La seguridad será el pilar sobre el que construiremos la Patria Milagro”, afirmó ante la prensa. Las expectativas para esta propuestas son altas, ya que De la Espriella basó su campaña parcialmente en la inseguridad ciudadana, y ha prometido presentar los primeros resultados concretos en los primeros 60 días del inicio de su mandato.
La estrategia, presentada el martes 4 de agosto en una cumbre con alcaldes de las principales ciudades del país, apuesta por reforzar la capacidad operativa de la Policía y centralizar la conducción de la estrategia desde la sede de la presidencia en la Casa de Nariño.

Se trata de un giro de 180º frente a las tácticas del gobierno de su predecesor, Gustavo Petro, quien bajo la política de “Paz Total” priorizó la negociación política con los grupos insurgentes y grupos criminales, una estrategia cuyos críticos sostienen llevó a una ola de inseguridad que aprovechó el derechista De la Espriella para llegar a la presidencia.
Brigadas de seguridad urbana
La principal novedad del plan es la creación de los llamados bloques o brigadas de seguridad urbana, conformados exclusivamente por policías especializados en combatir los delitos de mayor impacto ciudadano como la extorsión, homicidio y hurto, así como la lucha contra organizaciones criminales.
La estrategia comenzará en una primera etapa en las principales ciudades del país como Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Cartagena, Cúcuta, Ibagué y Soacha, consideradas prioritarias por sus altos índices de violencia. Cada una contará con un número determinado de efectivos especializados según sus necesidades. Por ejemplo, Bogotá dispondrá de cerca de 400 policías y Cartagena de alrededor de 200.
Uno de los aspectos que el nuevo gobierno buscó aclarar es que estas brigadas estarán integradas únicamente por miembros activos de la Policía Nacional, a pesar de que la idea de militarizar a las fuerzas del orden fue planteada durante la campaña electoral.
Dirigida desde la Casa de Nariño
Otro de los pilares del plan consiste en centralizar la conducción de la política de seguridad. De la Espriella anunció que la estrategia será liderada directamente desde la Presidencia mediante una coordinación permanente entre los ministerios de Defensa, Interior y Justicia, la Policía Nacional y la Fiscalía.
La intención es evitar que la respuesta frente al crimen dependa exclusivamente de las autoridades regionales. En adelante, el Ejecutivo asumirá un papel mucho más activo en la planificación y seguimiento de las operaciones, mientras las alcaldías aportarán infraestructura, logística y apoyo institucional para la ejecución de las brigadas.
A pesar del énfasis en el poder central, no se utilizará un plan uniforme para todo el país, con el presidente electo reconociendo que la criminalidad presenta características diferentes según el territorio. Por ello, uno de los acuerdos alcanzados durante la cumbre fue diseñar estrategias diferenciadas para cada ciudad.
Cartagena, por ejemplo, enfrenta desafíos relacionados con su condición de puerto y destino turístico, mientras que Cali mantiene problemas asociados a organizaciones criminales del suroccidente del país, por lo que cada brigada tendrá una configuración y número de efectivos distintos.
Las propuestas fueron aprobadas unánimemente por los burgomaestres de las principales metrópolis del país sosteniendo que el principal reclamo ciudadano ya no solamente gira en torno a la infraestructura o los servicios públicos, sino a materias de seguridad.
“La ciudadanía nos está pidiendo vivir tranquilos, vivir sin miedo”, indicó el alcalde de Barranquilla, Alejandro Char.
¿Más narrativa que estrategia?
Pese al respaldo político, algunos especialistas consideran que el verdadero desafío será transformar los anuncios en resultados sostenibles y concretos. En diálogo con El Comercio, el politólogo colombiano Néstor Julián Restrepo, opinó que el plan de seguridad propuesto por De la Espriella apuesta más por dar la sensación de que se está haciendo algo por la inseguridad nacional que por tratar el problema de fondo al ignorar las transformaciones que ha experimentado el conflicto colombiano durante la última década.
Y es que, según el especialista, el nuevo gobierno está rescatando una narrativa que predominó durante los años más intensos de la guerra interna, cuando las Fuerzas Armadas enfrentaban a grandes estructuras guerrilleras, algo que ya no está vigente.
“Colombia ya no tiene un conflicto armado del talante que tenía en la década del 2000”, explicó el experto, quien sostiene que el principal desafío hoy ya no son las antiguas guerrillas, sino organizaciones criminales como el Clan del Golfo y otras economías ilegales transnacionales asociadas al narcotráfico, la minería ilegal, la extorsión y otras actividades criminales.
En su opinión, el crimen organizado seguirá operando mientras no se golpeen sus estructuras financieras mediante extinción de dominio, control de activos y persecución de los recursos económicos que sostienen esas organizaciones.
En ese aspecto, Restrepo cuestionó que la estrategia priorice la respuesta militar por encima del fortalecimiento institucional, señalando que si bien es importante que el Estado debe mantener presencia permanente en los territorios con la policía, también es indispensable que promueva la expansión de los empleo y servicios públicos.
El politólogo anticipó que durante los primeros meses de gobierno abundarán los anuncios sobre capturas de cabecillas, decomisos y operativos policiales. Sin embargo, opinó que esas acciones estarán dirigidas principalmente a construir una percepción de eficacia.
En ese aspecto, notó que uno de los anuncios más llamativos del nuevo gobierno ha sido la creación de un bloque de búsqueda de 2.000 efectivos, inspirado en la unidad que persiguió al narcotraficante Pablo Escobar, una propuesta que muestra el fuerte componente simbólico de todo el asunto.
“Desde la parte narrativa hay una gran elocuencia, pero desde la parte operativa yo no sé qué tanto”, notó. “Ecuador ha aplicado un discurso similar, muy cercano a Estados Unidos, pero el problema de la violencia continúa.”
Lo que podría no continuar es, sorprendentemente, la política de mano dura contra el crimen De la Espriella, a pesar de ser considerado como el pilar del gobierno. Y es que Restrepo notó que otros presidentes han intentado eliminar los conflictos internos por la fuerza sin muchos resultados.
“En Colombia es muy común pasar de buscar la paz por métodos violentos y terminar en procesos de paz”, señaló. “Ya ocurrió con Álvaro Uribe y es probable que vuelva a suceder con De la Espriella después de un primer periodo de confrontación”.
Fuente: elcomercio.pe