- Mariel Ocampo regresa a la televisión como antagonista en “Valentina Valiente”
- Mariel Ocampo, actriz peruana, brilla en México con estreno de “El precio de amarte”
A Mariel Ocampo siempre la ha movido el amor. De niña, fue el amor al deporte: la gimnasia le dio disciplina, le enseñó a caer, levantarse y volver a intentar. Más adelante, el amor por sí misma la llevó a tomar distancia de aquello que le hacía daño y a independizarse muy joven para encontrar la paz que necesitaba. Por amor también dejó el Perú en uno de los mejores momentos de su carrera y se fue a México con su esposo, el director Álvaro Velarde Gardner, para formar el hogar que tanto había deseado. Y ahora, por amor a sus raíces, vuelve a mirar a Lima como un lugar donde quiere quedarse varios años y asumir nuevos retos artísticos.
“Me fui movida por el amor. Me fui en mi mejor momento. Estaba en ‘Así es la vida’, me iba superbien, había hecho ‘Mil oficios’, ‘Tormenta de pasiones’, ‘Éxtasis’, ‘Doble juego’. Pero para mí era más importante mi pareja en ese momento. Quería tener un hogar, una familia, y eso lo construimos en México”, cuenta.
A Ocampo le gusta cambiar, probar qué pasa al otro lado, no quedarse inmóvil. Esa forma de mirar la vida viene también del deporte. Fue gimnasta desde niña y llegó a ser campeona nacional en barra de equilibrio. Allí aprendió algo que todavía la acompaña: que una caída no define el final.
“Siempre digo que el deportista tiene otro pensamiento. Sabes que si te caes, te vas a levantar. El deporte me salvó: me enseñó a enfrentar situaciones adversas, a saber que puedes abrir tus alas y ampliar tu horizonte”, dice.
Ese horizonte la llevó primero al modelaje, casi por casualidad, cuando era adolescente. Luego ganó el concurso New Models, viajó a Miami y, al volver a Lima, se cruzó con la actuación. Después vendría “Mil oficios”, donde interpretó a Milagros, y una popularidad que llegó con fuerza.
“Llegó al punto de no poder salir de mi casa, de que me persiguieran los paparazzi. Pero todo bien. Yo siento que el artista se debe al público. Me encanta que la gente me pare, que me diga que me sigue, que me pida una foto. Me gusta sentirme querida. Amo el Perú, me hice aquí”, afirma.
En el 2009 se instaló definitivamente en México. Al principio no fue fácil insertarse en un mercado distinto al peruano.
“Imagínate, de sentirme una diva acá, tuve que retroceder para avanzar”, recuerda. Con el tiempo, ese nuevo comienzo le abrió camino en México, donde trabajó en producciones como ‘Hasta que el dinero nos separe’, ‘Los simuladores’, ‘Central de abastos’, ‘La rosa de Guadalupe’, ‘María Félix: La Doña’ y ‘Monteverde’. Además, el próximo 14 de junio se estrenará por ViX, ‘Una sencilla familia complicada’, serie en la que interpreta a una psicoanalista.
Pero su camino en México no estuvo hecho solo de sets y personajes. También vivió una pausa larga: dejó la actuación durante ocho años para dedicarse a su hija, Aldara. Lo hizo por amor, pero con el tiempo entendió que también necesitaba retomar su vida profesional y emocional.
“Esa pausa me produjo depresión. Lo digo abiertamente porque, más allá de la actuación, para mí es importante que me conozcan como ser humano. Yo no entendía bien qué me pasaba, hasta que alguien me dijo que estaba bien que me dedicara a mi hija 24 / 7, pero como yo había trabajado toda mi vida, necesitaba hacer algo para mí. Entonces hablé con mi esposo para volver a lo mío’. Él me apoyó. Desde entonces funcionamos como un equipo”, detalla.
LEE MÁS: Mariel Ocampo, actriz peruana, brilla en México con estreno de “El precio de amarte”
Ahora ese equilibrio la ha traído de vuelta al Perú. Llegó inicialmente para hacer teatro independiente, pero el proyecto no se concretó. En medio de ese tránsito apareció el casting para “Valentina valiente”. Ya estaba por regresar a México cuando, en el aeropuerto, la llamaron para decirle que había quedado para el callback. Volvió, audicionó y el papel fue suyo.
En la telenovela de Latina interpreta a Frida Colmenares Rossi, una villana que ella describe como una mujer divertida, inteligente, egoísta, conchuda, fresca, ególatra, narcisista y, sobre todo, humana.
“Para mí no hay personaje chico. Frida es una villana divertida, pero también es un ser humano. Y creo que la vida se trata de eso, de humanizarnos. De no ser tan malos ni tan buenos”, explica.
El público parece haber conectado con esa mezcla. Algunos la odian, otros la aman. Frida incomoda, divierte y atrae, y eso para Ocampo es parte del juego.
“Una señora me escribió para decirme que amaba el cinismo de Frida y que quería ser como ella. Una niña de 14 años también se me acercó en un partido de fútbol para pedirme una foto y decirme que le encantaba mi personaje. Me encanta”, señala.
Su base, por ahora, será Barranco. Quiere que Aldara crezca cerca de sus raíces, que conozca a su familia, que coma ceviche, que mire el cielo peruano. No sabe qué ocurrirá en uno, dos o tres años, pero sí sabe que quiere quedarse.

“Yo creo que nada es a la fuerza. Cuando las cosas fluyen y se dan, es porque hay algo más. Yo quería que mi hija estuviera con su familia, con sus raíces”, cuenta.
LEE MÁS: Mariel Ocampo regresa a la televisión como antagonista en “Valentina Valiente”
No vuelve desde la derrota ni desde la nostalgia. Ocampo se fue del Perú cuando le iba bien y también deja México en un buen momento. Su regreso, más que un punto final, parece otro movimiento natural en una vida que siempre ha sabido cambiar de ruta.
“Me gusta reinventarme. Me doy cuenta de que la vida es un juego. Y hay que jugarlo”, aclara.
Reinvención vital
Su historia de vida es una serie de apuestas. Su padre fue nadador olímpico y subcampeón sudamericano en estilo mariposa. Es sobrina del director Alberto ‘Chicho’ Durant y de la recordada dama de la cocina peruana Teresa Ocampo. También es prima hermana de Stephanie, Fiorella, Bárbara y Marcs Cayo. A los 17 años se fue de casa porque necesitaba cambiar de camino, alejarse de vínculos que no le hacían bien.
“Vengo de una familia disfuncional y pues en ese momento mi casa no estaba muy bien y decidí irme. Si un camino no funciona, no tiene corazón, tienes que irte a otro. No te puedes quedar en el lugar que te enferma. Es difícil, pero yo soy fiel creyente que uno tiene que alejarse de todo lo que te enferma, te hace daño y es tóxico”, dice.
Esa decisión temprana también le enseñó a mirar sus heridas sin quedarse atrapada en ellas. Algunas ya cicatrizaron; otras siguen en proceso. Pero hay algo que hoy tiene claro: cada día intenta elegir la paz.
“Uno se puede reinventar. Yo me levanto queriendo ser feliz siempre. No me gustan los problemas. México me dio mucha resiliencia y me enseñó a escoger qué batallas quiero pelear y cuáles no me interesan”, afirma.
Hoy, Mariel Ocampo vuelve a actuar en el Perú con una mirada distinta: más madura, más serena y consciente de lo que quiere proteger. Ha sabido irse, volver, empezar de nuevo y entender que el amor no siempre significa quedarse en el mismo lugar.
Fuente: elcomercio.pe