Después de casi 30 años: la NASA descubrió que este asteroide es en realidad un cometa y podría ayudar a proteger la Tierra de futuros impactos

Durante casi tres décadas, el objeto cercano a la Tierra conocido como 1998 SH2 fue considerado un asteroide común; sin embargo, un nuevo estudio reveló que en realidad se trata de un cometa activo, un descubrimiento que no solo corrige un error de clasificación, sino que también aporta información valiosa para fortalecer las estrategias de defensa planetaria.

Desde que fue descubierto en 1998, el objeto seguía una órbita de aproximadamente 4,5 años alrededor del Sol y no presentaba señales visibles de actividad cometaria, como la característica cola brillante o la nube de gas que suelen formarse cuando el hielo superficial se calienta por la radiación solar. Por esa razón, los astrónomos lo clasificaron durante años como un asteroide.

La agencia explica que todo cambió en agosto de 2025, cuando el objeto pasó a unos 2 millones de millas (3 millones de kilómetros) de la Tierra. Durante ese acercamiento, investigadores que utilizaban el sistema de radar planetario de la Deep Space Network de la NASA detectaron que su posición no coincidía con la prevista por los modelos orbitales. Esa diferencia llevó a los científicos a investigar con mayor detalle qué estaba ocurriendo.

La NASA detectó anomalías en su órbita y posteriores observaciones confirmaron la presencia de una tenue cola cometaria. (Foto: NASA / JPL-Caltech)

Las pistas que revelaron su verdadera identidad

Al analizar décadas de mediciones precisas de la posición del objeto respecto a las estrellas de fondo, los investigadores concluyeron que la gravedad por sí sola no explicaba su movimiento. En cambio, identificaron pequeñas fuerzas no gravitacionales compatibles con chorros de gas que escapaban de su superficie cuando el hielo oculto se calentaba por la luz solar.

“Después de medir las perturbaciones no gravitacionales que afectaban el movimiento de 1998 SH2 y constatar que no eran compatibles con que el objeto fuera un asteroide, sospechamos que podría tratarse de un cometa activo”, explicó Davide Farnocchia, autor principal del estudio e ingeniero de navegación del Centro de Estudios de Objetos Cercanos a la Tierra de la NASA.

Para comprobar esa hipótesis, el equipo realizó nuevas observaciones utilizando el Very Large Telescope, del Observatorio Europeo Austral en Chile, y el Canada-France-Hawaii Telescope, ubicado en Mauna Kea.

Ambos instrumentos detectaron una tenue pero inconfundible cola cometaria, confirmando que el objeto era realmente un cometa.

Tras el hallazgo, el cuerpo recibió una nueva designación oficial: P/1998 SH2, que lo identifica como un cometa. Este cambio tiene una gran importancia científica porque los cometas pueden modificar ligeramente su trayectoria cuando expulsan gas, lo que dificulta predecir con precisión sus órbitas futuras.

Un descubrimiento clave para la defensa planetaria

Los investigadores destacan que identificar estas pequeñas alteraciones en la trayectoria permite calcular con mayor exactitud el recorrido de los objetos cercanos a la Tierra y evaluar mejor cualquier riesgo potencial de impacto.

“Este trabajo demuestra la importancia de realizar un seguimiento continuo de los objetos cercanos a la Tierra. Debido a la liberación de gases, el movimiento de los cometas se ve alterado de forma más significativa que el de los asteroides. Detectar estas perturbaciones puede convertirse en una herramienta importante para la defensa planetaria, ya que ayudará a identificar qué objetos podrían ser cometas en lugar de asteroides, cómo evolucionan sus órbitas y cómo eso influye en los riesgos de impacto contra la Tierra”, agregó Farnocchia.

Podrían existir más cometas ocultos

El estudio también plantea que 1998 SH2 podría no ser un caso aislado. Los investigadores creen que, a medida que mejoren las técnicas de medición astronómica, será posible identificar otros objetos cercanos a la Tierra que durante años fueron clasificados como asteroides, cuando en realidad serían cometas con una actividad demasiado débil para ser detectada a simple vista.

Los resultados de la investigación fueron publicados el 10 de julio en la revista científica Nature Astronomy y abren una nueva línea de estudio para comprender mejor la población de objetos cercanos a la Tierra y perfeccionar los sistemas destinados a proteger el planeta frente a posibles impactos.

Fuente: elcomercio.pe

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