Don Eduardo: el restaurante de carnes peruano que hace que no extrañes el corte importado

No quise pedir wagyu. Es un dato pequeño, pero, en una parrilla limeña donde esta carne suele ser la carta de triunfo casi obligatoria y lo que justifica el ticket alto, no pedirla después de probar el bife peruano dice mucho. La ternera criolla, con 21 días de maduración en el bife angosto y el ancho, no compite contra el estándar japonés; lo desplaza del centro de la conversación. Y no es una carne cualquiera: es la misma genética con la que La Estampida, el grupo detrás de este restaurante, se coronó campeón mundial en el World Meat Championship de Buenos Aires en 2025, frente a 110 establos de todo el mundo.

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Incluso tuvieron trabas para llevar las carnes al concurso, porque nunca nadie había exportado carne peruana a Argentina: hubo que crear el código de importación por primera vez. El premio no fue suerte ni casualidad. Es la consecuencia directa de una selección que empieza mucho antes del fuego: solo hembras jóvenes, criadas entre los 2.000 y 3.000 metros sobre el nivel del mar en Cajamarca, La Libertad y Áncash y traídas a la costa para un engorde de 120 días, con una fórmula de soya y maíz especialmente diseñada.

El bife angosto se coronó campeón mundial en 2025, en el World Meat Championship de Buenos Aires. (Foto: Cristina Hara - Sur Studio)

Los toros quedan fuera del corte ‘signature’ porque infiltran menos grasa, una decisión que en la mayoría de parrillas se resolvería con la etiqueta de una raza importada, y que aquí se hace con selección genética y dos tipos de maduración según el corte —‘dry-aged’ y ‘wet’— hasta por 21 días. Trazabilidad desde el nacimiento hasta el plato. El resultado es una carne tierna, jugosa, menos untuosa que el wagyu, más limpia, con matices de mantequilla tostada y un toque de umami que deja la maduración.

Don Eduardo forma parte del grupo liderado por La Estampida, su marca insignia fundada en 2014 en Trujillo por los hermanos Alfonso y Marcos Rebaza. (Foto: Cristina Hara - Sur Studio)

El resto de la carta, en cambio, funciona como acompañamiento de este hallazgo, no como competencia. Entre ellos destacan el flat iron, que viene con bbq nikkei y chaufa blanco; el ossobuco norteño, servido sobre risotto de culantro; y el ají de hongos, con crema de ají amarillo, setas, portobellos y champiñones a la brasa y aceite de culantro. Son platos bien resueltos, con más ambición que la parrilla promedio de Lima, pero ninguno pelea por el protagonismo. Es una diferencia sutil y reveladora: en muchas parrillas, los fondos existen para compensar un corte que no tiene mucho que ofrecer; en Don Eduardo existen porque el corte no necesita defensa y la cocina puede permitirse jugar en otro lado.

El postre: una tarta de queso con miel de chancaca e higos. (Foto: Cristina Hara - Sur Studio)

Los detalles en la mesa también cumplen el mismo rol: subrayar el argumento. El chimichurri con chincho y zapallo loche, en vez del clásico perejil-orégano de siempre; la sal volcánica gris y rosada rallada frente al comensal; y las papas fritas trujillanas.

Tartar de lomo de ternera signature con tuétano, que le da un extra de cremosidad y sabor. (Foto: Cristina Hara - Sur Studio)

Que un restaurante en Lima pueda poner una ternera criolla peruana frente al comensal y que este no extrañe el corte importado es algo que, pensábamos, era imposible. Durante años, “premium” en una parrilla local significó importado. Don Eduardo apuesta por lo contrario: aunque hay wagyu, no se le extraña, y el primer bocado de su bife premiado lo demuestra antes de que cualquier discurso tenga que hacerlo. //

José Luis Castro, chef y director culinario del grupo y campeón mundial de parrilla 2023. (Foto: Cristina Hara - Sur Studio)

Fuente: elcomercio.pe

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