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Este 4 de julio Estados Unidos celebra los 250 años de su independencia en medio de una gran expectativa y una serie de actividades en las que Donald Trump ha buscado dejar su impronta de formas que sus críticos y la oposición han cuestionado con dureza.
El más reciente de estos movimientos por parte del presidente estadounidense fue la presentación de las llamadas “Cuentas Trump”, que se lanzarán el mismo día nacional de EE. UU. como parte de las celebraciones. Según el gobierno, se trata de una iniciativa de ahorro para buscar la independencia financiera de los infantes del país.
Los familiares o empleadores pueden hacer depósitos anuales de hasta 5.000 dólares y este dinero se invierte en fondos de inversión por medio de operadores privados. Los menores no podrán acceder a estos fondos hasta que cumplan 18 años y el uso de estos estará restringido a gastos educativos, adquisición de viviendas o emprendimientos.
Las cuentas para niños nacidos durante la segunda presidencia de Trump —entre enero del 2025 y diciembre del 2028— tendrán un beneficio especial al contar con un bono gubernamental de 1.000 dólares que se depositará en la apertura.
Celebrando al estilo Trump
Los anuncios de Trump de cara al cuatro de julio incluyeron otras iniciativas en las que su presencia quedaba directamente ligada a la festividad. La semana pasada el mandatario norteamericano presentó el llamado “Pasaporte Patriota”, una edición limitada del documento migratorio que incluía un gran retrato suyo junto a su firma.
Esta edición celebratoria del pasaporte estadounidense estará disponible desde el 6 de julio y será la versión que emita por defecto la sede central de la Agencia de Pasaportes en Washington hasta que se agoten las 40.000 unidades que se planea poner en circulación.

Una iniciativa similar, planteada por los congresistas republicanos Joe Wilson y Andy Barr, busca la creación de billetes de 250 dólares con la cara de Trump con motivo del aniversario de la independencia de EE. UU. y también para conmemorar los 250 días del segundo mandato del presidente en funciones.
El Departamento del Tesoro ha señalado que tiene un borrador de diseño del billete, pero propuesta no ha sido aprobada por el Congreso del país norteamericano.
De forma complementaria, la Casa de la Moneda estadounidense aprobó la acuñación de una moneda de oro con motivo de las festividades con el mensaje grabado “¡Luchen, luchen, luchen!”, las palabras que gritó Trump luego del atentado contra su vida durante la última campaña presidencial.
Adicionalmente, la gestión del líder del Partido Republicano ha venido realizando una serie de eventos dedicados a la conmemoración patria de EE. UU.
El 14 de junio se llevó a cabo un evento de peleas de artes marciales mixtas en la Casa Blanca llamado UFC Freedom 2025, que contó con la presencia del presidente e implicó la construcción de una arena temporal en los jardines de la sede de gobierno.

Cerca de 5.000 personas asistieron a los cuatro combates de la velada y la actividad fue transmitida a otras 85.000 personas a través de pantallas gigantes en el parque The Ellipse. Se estima que el UFC Freedom 2025 tuvo una audiencia de 34 millones de espectadores a nivel global.
La Administración Trump también organizó servicios religiosos masivos para destacar el componente nacionalista cristiano de las festividades, junto a una “Gran Feria Estatal” en el National Mall de Washington D. C.
Los planes presidenciales también contemplaban una carrera automovilística urbana en la capital estadounidenses y los “Juegos Patriotas”, una competencia deportiva destinada a escolares y que suponía una versión lúdica de la obra de ficción “Los Juegos del Hambre”. Sin embargo, estos proyectos todavía no se han aprobado por dificultades logísticas.
Graves cuestionamientos
La gestión de las festividades de EE. UU. ha sido severamente cuestionada por la oposición al gobierno de Trump, que el jueves 2 presentó la solicitud para una investigación en la Cámara de Representantes del Congreso acusando al mandatario de apropiarse de un evento nacional para beneficiar a sus aliados y promover su propia ideología. Dicho documento está pendiente de aprobación.
Parte importante de los señalamientos apuntan a una gestión irregular y paralela a America250, entidad sin fines de lucro creada por el Parlamento en el 2016 mediante una ley para planificar durante una década los eventos del aniversario 250 del país.
America250 fue establecida por iniciativa bipartidista como una entidad independiente, pero con el inicio de su segundo mandato Trump exigió que su gobierno tuviera participación y capacidad de decisión directa.

El rechazo de la organización a estas demandas llevó a que el mandatario recurriera a la Fundación de Parques Nacionales (NPF) —otro ente creado por el Congreso— y fundara dentro de esta una subsidiaria llamada Freedom 250. Mediante una orden ejecutiva, el jefe de gobierno de EE. UU. transfirió al nuevo organismo la responsabilidad de gestionar los festejos, esta vez según su criterio.
Según el informe del Congreso, los fondos que estaban previstos para America250 fueron derivados a Freedom 250, que es acusada por el Partido Demócrata de promover una visión afín a los republicanos en la celebración y una administración deficiente de recursos.
La carrera de autos que Trump quiere llevar a cabo en Washington lleva por nombre “Freedom 250 Gand Prix” y es organizada por la entidad que le da nombre, siendo un proyecto sumamente cuestionado por su aparente inviabilidad logística, además de una potencial afectación de los monumentos históricos capitalinos y el acceso a estos.
Asimismo, se ha apuntado contra el esquema de financiación de pago que Freedom 250 ha implementado a causa de la presunta mercantilización de la fiesta nacional y un escenario en el que actores privados pueden “comprar” su participación en las actividades principales.
Dicho modelo permite que quienes paguen un millón de dólares mantengan un breve encuentro con el presidente y puedan hacerse una fotografía con él, mientras que quienes donen 2,5 millones podrían dar discursos en los eventos oficiales del aniversario patrio. Los paquetes de este sistema partían desde el medio millón de dólares y podían llegar hasta los diez millones.
El informe formal de la cámara baja del Congreso estadounidense también señala contratos millonarios sin licitación para las actividades.
El diario “The New York Times” indicó el jueves 2 que la empresa Event Strategies (ESI) es colaboradora estrecha de Trump y ha trabajado antes con él en actividades proselitistas y fue a la que se adjudicó la Gran Feria Estatal de Washington sin pasar por concurso público gracias a que Freedom 250 es directamente controlada por la Casa Blanca.

El reporte indica que un acuerdo privado permite a dicha compañía cobrar una tasa de 3,5% sobre todo el presupuesto ejecutado en las celebraciones, lo que se traduce en beneficios millonarios.
Los críticos también han señalado que bajo el paraguas de Freedom 250 se ha incluido de forma casi exclusiva a figuras afines al gobierno, en lugar de personalidades plurales. El miedo a la parcialización política llevó a que varios artistas cancelaran su participación en la Gran Feria Estatal, lo que provocó que la Casa Blanca cancelara el festival musical que había pensado para la exposición.
Associated Press destacaba en una reciente nota que, si bien el gobierno ha promovido una narrativa de patriotismo tradicional, hay sectores de la población que no se han terminado de sentir representados por dicha narrativa al tener demandas de representación que no son consideradas por el enfoque del evento.
El temor a la decantación ideológica llevó a que una oncena de estados declinara su participación en la Gran Feria Estatal Americana. Forbes consideró este evento como un fracaso político hasta ahora a causa de problemas logísticos e infraestructura, como cortes de energía, a los que se ha sumado una asistencia considerada baja si se la compara con otros eventos históricos que también se realizaron en el National Mall.
Otros proyectos de aniversario ligados a la imagen de Trump como el de los billetes de 250 dólares con su rostro también han encontrado rechazo. En este caso, la implementación requiere de un cambio en la legislación estadounidense, que prohíbe explícitamente que personas vivas y presidentes en funciones aparezcan en la moneda.

Este conjunto de medidas ha sido considerado por los opositores de Trump como “culto a la personalidad” y la instrumentalización de la simbología e instituciones del Estado para asociarlas directamente a la imagen del presidente. El informe crítico del congreso refiere que el aniversario de EE. UU. “ha sido secuestrado y pervertido, convirtiéndose en un foco de corrupción y enriquecimiento personal”.
¿Beneficio o disfrute?
Independientemente de que la narrativa impulsada por Trump en las celebraciones de aniversario pueda ser vista como una herramienta política, el hombre fuerte de Washington D. C. podría no obtener beneficios reales de todas estas iniciativas.
Desde la visión de Francisco Belaunde, internacionalista y docente de la Universidad de Lima, el afán de Donald Trump por querer ser asociado de forma directa al aniversario de su país es únicamente atribuible a su personalidad y no tanto a la búsqueda de capital político.
“Trump quiere poner su rostro en todo. No hay ningún cálculo o estrategia porque no le aporta nada políticamente, es simplemente el placer propio de ver su imagen en todos lados”, comenta Belaunde.
Una perspectiva similar tiene Jorge Antonio Chávez, analista internacional y docente de la Academia Diplomática del Perú, quien señala que el mandatario norteamericano siempre dejó claro que quería ser recordado como el líder de su país en el aniversario 250 de la independencia.
“Utilizar su imagen es importante en términos de su propia personalidad, que necesita ese reconocimiento. Una jugada como esta podría no salir bien de cara a un electorado que busca más el porte de un estadista, pero para Trump estas señales son importantes como sucedió con su afán de conseguir el Premio Nobel de la Paz”, menciona Chávez.
El docente de la Academia Diplomática añade que con esas ideas en mente, el presidente de Estados Unidos ha emprendido acciones sin precedentes como rebautizar el Monte Denali como “Monte McKinley”, en honor del expresidente del mismo nombre por quien siente una devoción particular al haber sido responsable de la expansión del gigante norteamericano en Hawái y Puerto Rico.
En lo que respecta a la calificación de “culto a la personalidad” que se otorga a las acciones de Trump sobre la simbología estatal, los dos especialistas consultados aclaran que no ven que este sea el caso porque el presidente de EE. UU. opera en un entorno democrático y está restringido a los parámetros de este.
“Probablemente hay alguna vocación del presidente Trump de una impronta muy personalista, pero en los países donde hay un culto a la personalidad hay una suerte de institucionalización de este. El excepcionalismo de estas figuras es defendido por el propio sistema, que lo vertebra y en Estados Unidos no se puede hablar de algo similar porque es una democracia que todavía tiene un espacio de contestación”, explica Chávez.
“En el caso de Donald Trump él tiene la legitimidad democrática y no tiene la necesidad política de un culto a la personalidad. Él actúa de esta manera esencialmente por su propio narcisismo”, indica por su parte Belaunde.
El especialista de la Universidad de Lima agrega que los contrapesos democráticos a los que está sujeto el jefe de Estado norteamericano se han visto en diversas medidas judiciales, siendo un ejemplo de ello la reversión del cambio de nombre del Centro Kennedy que había emprendido Trump, quien añadió su nombre al del emblemático recinto cultural de Washington.
Los dos analistas coinciden también en que cualquier tipo de represalia jurídica contra Donald Trump por la asociación de su imagen al Estado es improbable en el plazo inmediato y solo podría producirse tras las elecciones legislativas de noviembre con una victoria de los demócratas en ambas cámaras del Congreso.
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Fuente: elcomercio.pe