Las Fiestas Patrias son una oportunidad para reflexionar sobre aquello que define nuestra identidad como país. Solemos pensar en nuestra historia, nuestra diversidad cultural o nuestra gastronomía, pero pocas veces nos detenemos a reconocer uno de los patrimonios más extraordinarios que tenemos: el mar peruano. Un ecosistema privilegiado que, gracias a la corriente de Humboldt y a condiciones únicas en el mundo, convierte al Perú en una potencia pesquera y alimentaria cuya riqueza trasciende nuestras fronteras.
Hablar de pesca es hablar de peruanidad. Es reconocer a miles de hombres y mujeres que, desde caletas, puertos, plantas de procesamiento, centros logísticos y actividades vinculadas, hacen posible que el país transforme un recurso natural en bienestar, empleo, alimentos y desarrollo. Es también reconocer una actividad que forma parte de la historia económica y social del Perú y que continúa siendo uno de los grandes motores del crecimiento nacional.
Como toda actividad estrechamente ligada a la naturaleza, la pesca atraviesa ciclos. Existen temporadas de gran abundancia y otras marcadas por fenómenos climáticos que ponen a prueba la capacidad de adaptación del sector. Esa variabilidad es parte de su esencia. Sin embargo, lo verdaderamente destacable es la resiliencia con la que la actividad ha sabido responder a esos desafíos, siempre con la sostenibilidad como condición indispensable para garantizar que los recursos sigan disponibles para las futuras generaciones.
Cuando el mar ofrece las condiciones adecuadas, la pesca demuestra todo su potencial para impulsar el desarrollo del país. Así ocurrió en 2025. La actividad pesquera generó un impacto equivalente al 2,1% del Producto Bruto Interno del país y movilizó más de US$7.000 millones en toda la economía gracias a su efecto multiplicador. Además, alcanzó un récord de US$4.700 millones en exportaciones, consolidándose como una de las principales fuentes de divisas para el Perú y llevando productos peruanos de alta calidad a los mercados más exigentes del mundo. Detrás de esas cifras existe una cadena productiva que dinamiza el transporte, la manufactura, el comercio, los servicios y cientos de proveedores nacionales.
Este 2026 ha vuelto a poner a prueba la capacidad de adaptación del sector. Las condiciones oceanográficas han obligado a replantear operaciones, ajustar inversiones y reprogramar proyectos, demostrando que la resiliencia también se construye tomando decisiones oportunas frente a escenarios complejos. Sin duda, son contextos desafiantes que reflejan el compromiso de la pesca y evidencian el impacto que estos ciclos ambientales generan en más de 250.000 empleos, familias, proveedores y comunidades que dependen de esta actividad. Precisamente por ello, resulta importante valorar todo lo que la pesca aporta al país cuando las condiciones permiten su desarrollo habitual.
La riqueza del mar peruano también tiene una dimensión profundamente humana. Es parte de nuestra identidad, impulsa una gastronomía admirada en el mundo y conecta a millones de peruanos con una tradición que ha acompañado a nuestras comunidades costeras desde tiempos ancestrales. Nuestra extensa costa no solo representa una ventaja geográfica; constituye una fuente permanente de oportunidades para generar empleo, impulsar el desarrollo y fortalecer el vínculo de los peruanos con uno de los patrimonios naturales más valiosos del país. Aprovechar ese potencial con responsabilidad y una visión de largo plazo es una tarea que nos compromete a todos.
En estas Fiestas Patrias, vale la pena recordar que el orgullo nacional también se construye reconociendo aquellos sectores que, con esfuerzo, innovación y respeto por nuestros recursos naturales, contribuyen al desarrollo del país. La pesca es uno de ellos. Porque cuando el Perú mira al mar, reconoce mucho más que una fuente de recursos: reconoce una actividad que sostiene a miles de familias, fortalece nuestra seguridad alimentaria y merece seguir siendo cuidada, valorada y respaldada para las generaciones que vienen.
Fuente: elcomercio.pe